
Si se hiciera una encuesta entre los aficionados al ciclismo sobre cómo se resolverá la Milán-San Remo, una abrumadora mayoría respondería que el equipo UAE lanzará un ataque desde abajo de la Cipressa, que culminará Pogacar para intentar marcharse en solitario hasta la meta de Via Roma. Sí, todo el mundo cuenta con ese ataque y aún así, es la carrera más esperada del año.
La fecha lleva marcada en rojo en el calendario desde que Van der Poel se impuso a Ganna y Pogacar en el sprint del año pasado y el dominio mostrado por el esloveno desde entonces no ha hecho más que aumentar la expectación. La Primavera se ha convertido, junto a la París-Roubaix, en el último refugio frente a ese dominio, en una obsesión que se le resiste a quien amenaza con convertirse en el mejor ciclista de la historia. Porque la del sábado será la sexta vez que esté en la salida de esta prueba y no, no hay otra carrera en la que haya participado tantas veces sin llegar a conocer la victoria.
Por intentarlo que no quede
Cuando se cumplen 50 años de su séptimo triunfo en la Milán-San Remo y preguntado por la 'Gazzetta dello Sport', Eddy Merckx recomendaba a Pogacar atacar en el Poggio. «Puede dejar a todos en la Cipressa. Es capaz de realizar escapadas largas. Pero, en San Remo, las posibilidades de que te alcancen aumentan», comentaba el mito belga y Pogacar sabe bien de qué habla. En 2022 ya lo intentó en el Poggio, igual que lo han intentado tantos ciclistas a lo largo de la historia. Lanzó el ataque su compañero Diego Ulissi, pero no fue suficiente para que Pogacar dejara atrás a sus rivales. Un año más tarde lo volvió a intentar en la misma ascensión, esta vez lanzado por Wellens, pero tampoco pudo abrir distancias y, con un contraataque, Van der Poel logró marcharse y llegar en solitario a Via Roma. En 2024 lo volvió a intentar y consiguió ganar unos metros de ventaja, pero a su rueda volvía a estar Mathieu y ambos ciclistas fueron alcanzados en el descenso.
Después de tres intentos, muchos habrían asumido que la Milán-San Remo no se adapta a sus características y seguramente Pogacar envidiará la capacidad de Van der Poel para abrir hueco en una subida tan corta como el Poggio. Porque no, Tadej no tiene tanta potencia como el neerlandés. Por eso buscó en el recorrido de la Primavera el punto en el que pudiera sacarle el mayor rendimiento a sus condiciones e hizo saltar por los aires todos los planteamientos preconcebidos en esta carrera. El resultado fue la edición más espectacular de la Milán-San Remo que se recuerda, con Wellens acelerando el ritmo nada más iniciar el ascenso a la Cipressa, relevado por Narváez y preparando, entre los dos, el terreno para el ataque de Pogacar a 24 kilómetros de meta. A partir de ahí, fueron 30 minutos de puro espectáculo, con Pogacar insistiendo una y otra vez, y Van der Poel y Ganna sufriendo a su rueda, conscientes de que ceder dos metros ante el esloveno suponía dar la carrera por perdida.
Por eso genera tanta expectación la edición de este año. Todo el mundo espera un nuevo ataque del esloveno y quiere ver si será capaz, finalmente, de dejar atrás a Van der Poel. Y sí, la Milán-San Remo es una de las carreras más abiertas y podría ser Ganna, Van Aert o Del Toro quien terminara ganando, pero se hace difícil pensar que no sean Pogacar y Van der Poel quienes determinen el desarrollo de este Monumento. Y aunque en el deporte lo imprevisible suele generar emociones más fuertes, el propio Pogacar se encargó de rebajar la incertidumbre respecto a su estrategia cuando publicó los datos de su entrenamiento del pasado 5 de marzo en la Cipressa. El hecho de que cubriera los 5,58 kilómetros de ascensión seis segundos más rápido que en la carrera del año pasado ha abierto muchos debates y ha servido también como aviso para Van der Poel. En el equipo Alpecin saben bien que, el año pasado, Isaac del Toro falló en la estrategia prevista por el UAE y se preparan para una edición que se presume todavía más exigente para su líder.
¿Buscará nuevas estrategias?
Así es como se escriben las mejores historias del deporte. Convirtiendo una carrera con un recorrido de casi 300 kilómetros, que acostumbraba a hacer las sobremesas demasiado largas, en la clásica más esperada del año. Con todas las miradas puestas en la Cipressa. Esperando ver a los ciclistas del UAE situarse en cabeza del pelotón para acelerar el ritmo de carrera. Sabiendo que se prepara el momento definitivo y que, cuando se retire el último de sus compañeros, vendrá el ataque de Pogacar.
Y sí, podría optar por una estrategia diferente, pero la verdad es que el esloveno no suele dar muchas sorpresas. Sabe que es el más fuerte y prefiere ser él mismo quien escriba el guion de la carrera de la manera que mejor se adapte a sus características, dejando que sean los demás quienes se vean obligados a dar su mejor versión allí donde menos les favorece la carretera.
La emoción, el atractivo que va a hacer que muchos aficionados se peguen al televisor, está en ver el desenlace de un guion previsible hasta el momento en que el UAE despliegue su ataque. En saber si se sumará un capítulo más a la obsesión del ciclista esloveno con esta carrera o si Van der Poel tendrá que claudicar en uno de los Monumentos en los que sigue resistiendo la presión de Pogacar. Luego Mathieu tendrá la oportunidad de resarcirse en los muros de Flandes y Tadej hará un nuevo intento por llegar en solitario al velódromo de Roubaix, pero antes de eso tienen que resolver la cita de San Remo, el primer Monumento de una primavera que vuelve a presentarse llena de atractivos para los aficionados al ciclismo.

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