Periodista, especializado en información cultural / Kazetaria, kulturan espezializatua
Entrevue
Víctor García Léon
Cineasta

«En ese autoengaño en el que todos estamos hay mucha comedia»

Víctor García León estrena ‘Altas capacidades’, un film coescrito con Borja Cobeaga. El cineasta vuelve a incidir en ese patetismo de quienes son incapaces de aceptar sus limitaciones fingiendo ser lo que no son. En este caso, una pareja que usa a su hijo como excusa para proyectarse socialmente. 

Víctor García León.
Víctor García León. (BTEAM)

Protagonizada por Marian Ávarez, Israel Elejalde y Juan Diego Botto, ‘Altas capacidades’ tiene un punto de tragedia grotesca y muchos subtextos que reflejan la mezquindad inherente al ser humano en su deseo de subir peldaños en el escalafón social, aunque sea a costa de irse despojando de la propia dignidad. La película arranca con una pareja que, al ser citada por el director del colegio público donde estudia su hijo para llamarles la atención sobre ciertos comportamientos del niño, determina que el problema son los pocos alicientes que le ofrece el centro al pequeño, por lo que deciden cambiarle a un colegio exclusivo y elitista para alumnos de altas capacidades. Un gesto que evidencia cierta tendencia al autoengaño.

Todas sus películas están ancladas en la realidad más inmediata. Da la sensación de que usted, como cineasta, encuentra la inspiración en su propia cotidianidad.

Bueno, eso es una enseñanza que recibí de Rafael Azcona hace años. Cuando yo estaba empezando en esto, me acuerdo de que le llevé dos o tres cosas que había escrito y él me dijo: «Mira, en cada bar de este país hay cinco o seis directores que quieren hacer películas de cosas que se les ocurren y ahí no tienes nada que hacer. Pero, sin embargo, son muy pocos los que hacen películas sobre la vida. Ahí tienes un hueco». Desde entonces, lo que he intentado con mis películas es retratar lo que veo, más que aquello que se me ocurre. Por eso creo que es importante coger el autobús y el metro, salir a la calle y conocer a gente, porque cualquier ficción no deja de ser un intento por explicarnos a nosotros mismos. Todo mi cine parte de ahí, de lo que tengo a mi alrededor.

¿‘Altas capacidades’ también parte de ahí?

Parte de una noticia que apareció publicada hace unos años sobre el asesinato, a las puertas de un colegio pijo, de un padre que estaba esperando a su hijo. Y bueno aquello atrajo la atención de la productora, Marisa Fernández Armenteros, quien vio enseguida las potencialidades sociales de la historia. A partir de ahí, Borja Cobeaga y yo lo que tuvimos claro es que teníamos que contar la historia desde el punto de vista de una pareja de clase media, porque yo no puedo hacer un film costumbrista sobre una élite social cuyas costumbres me son ajenas. 

¿Se lo plantearon como una historia de desclasamiento?

Algo de eso hay, pero la película tiene muchas capas. De hecho, fue casi una exigencia de los productores mientras escribíamos el guion. Querían capas y capas y al final la película va como de ochocientas cosas (risas). Pero sí, el tema de las clases sociales está ahí, sobre todo en lo que se refiere a la necesidad de aparentar lo que no somos. A mí hay una cosa que me jode muchísimo y es que hay gente, como yo, que si se le estropea el coche y tiene que arreglarlo, llega a fin de mes con dificultades, y pese a esa precariedad se considera clase media; y luego están también los que van sobrados de pasta, a los que les da pudor ostentar, y que también se consideran clase media. Al final todos fingimos que nuestras vidas son otra cosa de lo que son y, en ese autoengaño, en el que todos estamos, hay mucha comedia. En este caso, además, también está el autoengaño de unos padres que se esconden detrás de su hijo para huir de sus propias responsabilidades, haciendo del niño depositario de todas sus frustraciones.

«Lo que hacemos es coger a unos niños que no tienen culpa de nada y atiborrarles de nuestras inseguridades»

¿Cómo explica esa tendencia a usar a los hijos como parapeto para justificar todas nuestras mezquindades? 

Bueno, yo soy de una generación cuyos padres heredaron el país entero, todos tenían más o menos un trabajo y una cierta estabilidad económica. Pero ese escenario cambió y nos encontramos con que la cuota de protagonismo que nos prometíamos ya no es tal. Entonces, los hijos son la oportunidad para demostrar que somos tan listos, tan guapos y tan talentosos como lo eran nuestros padres e incluso más. Por eso tenemos a los hijos apuntados a judo, a flauta travesera, a cerámica y a cualquier clase de cosa que hable bien no de ellos, sino de nosotros. Lo que hacemos es coger a unos niños que no tienen culpa de nada y atiborrarles de nuestras inseguridades. Les tenemos todo el día haciendo extraescolares, no les damos margen para aburrirse y, si no se aburren, ¿cómo queremos que sean creativos? La creatividad nace del aburrimiento.

Esa necesidad de observar los comportamientos más ruines del ser humano desde un prisma humorístico está muy presente en su cine pero también en el de Borja Cobeaga, con el que ha coescrito el guion de ‘Altas capacidades’. ¿Cómo ha sido la colaboración?

A Borja le conocía de haber coincidido ambos dirigiendo algún episodio de la segunda temporada de ‘Vota Juan’, pero no habíamos trabajado juntos como tal. Cuando surgió la oportunidad, nos pareció muy divertida la posibilidad de tomar como referencia la historia real de un asesinato y, a partir de ahí, ir hacia otro tipo de historia más costumbrista, más divertida en su patetismo... Trabajar con Borja es muy enriquecedor porque, básicamente, el trabajo consiste en quedar a comer un menú del día y, en la sobremesa, contarnos nuestras cosas.  De ahí surgen ideas, enfoques... y así, poco a poco, se va perfilando una historia.

Una historia poblada de personajes grises, irresponsables, mezquinos...

Supongo que eso tiene que ver con ciertas tradiciones culturales como la de la ‘Commedia all’italiana’ de los años 60 y 70, que es un tipo de cine que siempre me ha inspirado. Ese tipo de comedia asume el carácter ridículo del hombre común y el humor surge de mostrar sus debilidades, pero tampoco hay una actitud de condena porque al final somos lo que somos, y somos imperfectos. Durante años, el cine de Hollywood ha intentado que el espectador aprenda a quererse confrontándole con una versión mejorada de la realidad y de sí mismo, pero eso es hacerse trampas al solitario y lo único que genera en el espectador es frustración cuando comprueba que no alcanza a ser como ese modelo de héroe que se le propone desde el otro lado de la pantalla. Ese no estar a la altura de nuestras propias fantasías nos lleva de cabeza al psicólogo.

«Los que hacemos cine somos infalibles en lo superficial, no somos muy buenos en lo profundo y eso provoca que busquemos el modo de conectar con el espectador a través de las emociones»

En el caso de la pareja protagonista de ‘Altas capacidades’, ya no es que sean mezquinos, sino que la única respuesta que encuentran para afrontar sus problemas es la huida...

Al final se trata de buscar un punto de conexión con el espectador porque el cine es un arte emocional. Los que hacemos cine somos infalibles en lo superficial, no somos muy buenos en lo profundo y eso provoca que busquemos el modo de conectar con el espectador a través de las emociones. Yo creo que la huida como respuesta lo que hace es definir a dos personajes que son incapaces de afrontar sus responsabilidades y puede que eso genere incomodidad en el espectador, pero también le genera una proximidad emocional. Aunque nos duela, podemos llegar a reconocernos en ellos.

¿Cómo afronta el trabajo con los actores? Porque el reparto de esta película está lleno de gente de trayectoria muy dispar y a muchos les hace trabajar en contra de sus registros más habituales.

Yo con los actores trabajo desde el descontrol. Les mareo hasta que no saben muy bien lo que están haciendo, porque no me gusta que me construyan sus personajes de manera muy consciente. Esa forma de trabajar es la que me permite poder hacer repartos poco consabidos o poner a trabajar a algunos actores en otros registros que no son en los que ellos están más acostumbrados a moverse. En el descontrol se igualan las técnicas. Hay veces en las que te imaginas perfectamente a un actor para un determinado personaje, pero eso es mala señal porque, si te lo imaginas perfectamente, es porque ya ha hecho algo parecido. Y a mí eso no me interesa, como tampoco me interesa recurrir al típico actor que está de moda diez minutos porque al final con eso te estás perdiendo la posibilidad de trabajar con profesionales de toda la vida, con un sentido del oficio que les hace estar siempre a favor de obra y abiertos a lo que se te ocurra pedirles.