Laurent Perpigna
Periodista / Kazetaria

El sur del Líbano, entre el exilio y la resistencia

Mientras la región al sur del río Litani se va vaciando poco a poco, el Ejército israelí ha entrado en una dinámica de invasión. Estas operaciones terrestres, por ahora limitadas, se enfrentan sobre el terreno a Hizbulah que, desafiando todos los pronósticos, está logrando mantener sus posiciones.

 El paseo marítimo de Tiro, donde algunos habitantes han decidido permanecer pese a la amenaza.
El paseo marítimo de Tiro, donde algunos habitantes han decidido permanecer pese a la amenaza. (Laurent PERPIGNA IBAN)

Poco a poco, semana tras semana, las calles de Tiro, radiante ciudad costera, se han ido vaciando. Primero llegó la orden de evacuación del sur de Líbano, emitida a principios de marzo; en las semanas posteriores, los intensos bombardeos israelíes sobre la ciudad y sus alrededores.

Y, por si no fuera suficiente, en los últimos días el Ejército israelí ha emprendido una campaña de destrucción de los puentes sobre un río, el Litani –a unos kilómetros al norte de la ciudad– que en el imaginario colectivo delimita el sur de Líbano del resto del país. Una estrategia ya aplicada durante la guerra de 2006.

Los habitantes que permanecieron, pese a ver cómo su vida se volvía imposible, se enfrentaban así a una elección desgarradora: marcharse de nuevo y, en un contexto de voluntad israelí declarada de ocupar el sur, despedirse –quizá para siempre– de su hogar; o quedarse y verse literalmente aislados del mundo.

Según un responsable del Alto Comisionado de la ONU, unas 150.000 personas han tomado esta decisión al sur del río, entre ellas varios miles en Tiro. En el paseo marítimo de la ciudad, algunos deambulan con aparente despreocupación en medio de una tensa atmósfera, entre disparos de artillería cercanos, bombardeos esporádicos y el zumbido incesante de los drones en el cielo.

Mahmoun, pescador de 30 años, lo reconoce: los habitantes que han decidido quedarse son muchos más que durante la última fase de la ofensiva israelí en otoño de 2024. «La fase de 2024 dejó gran huella en la población. Muchos ya habían sido desplazados de sus pueblos. La gente ya no quiere marcharse sin rumbo: no tienen a dónde ir y se niegan a vagar por las ciudades del norte. Además, somos hijos de esta ciudad, ¿por qué deberíamos irnos a otro lugar?», se pregunta.

Rana, de 40 años, pasea con una amiga y sus hijos. Aviones de combate sobrevuelan el cielo, apenas visibles pero perfectamente audibles. «Ya ni siquiera tenemos que explicar a los niños lo que ocurre: el sonido, las explosiones, los drones… Lamentablemente, están acostumbrados y entienden tan bien como nosotros lo que pasa», subraya.

Ellas también han decidido quedarse: «En 2024 nos fuimos a Saida, donde permanecimos durante meses. Hoy, ante esta nueva agresión israelí, lo sabemos: ya no hay ningún lugar seguro. Todo el mundo es objetivo, en todas partes, así que nos quedamos aquí. En situaciones como esta, no hay nada mejor que quedarse en casa», destacan.

Ambas mujeres no ocultan su ira ante la amenaza del Gobierno israelí de penetrar profundamente en el sur de Líbano y permanecer allí. «El mundo no hará nada. Solo la Resistencia nos protegerá, lo sabemos. Ojalá resistan», dicen en referencia a los combatientes de Hizbulah, atrincherados cerca de la frontera y enfrentados al Ejército israelí.

Said Abou Rawash, palestino del cercano campo de al-Bass, deja que su ira estalle: «Puede que los israelíes lleguen hasta aquí, no lo sabemos. Que vengan, ¡los recibiremos!». Antes de retomar su camino, añade: «Si Israel decide invadir, no será un paso menor: quieren ocupar el territorio y, quizá, anexionarlo, como ocurrió con el Golán sirio. Aunque seamos palestinos, esta tierra libanesa que nos acogió es también nuestra y tendremos que derramar sangre si es necesario para defenderla».

Hizbulah mantiene el frente

Los soldados israelíes se encuentran, de hecho, a solo unos pocos kilómetros de Tiro. Una decena como mucho, tras la toma de la ciudad fronteriza de Naqoura, después de encarnizados combates con Hizbulah.

El Partido de Dios se enfrenta a los avances israelíes en varios frentes: el sector costero de Naqoura, y, a pocos kilómetros hacia el este, el frente de Aita al-Shab. La 91ª división israelí combate en una franja de diez kilómetros que va de Meis el-Jabal a Markaba, la 36ª en Taybeh… Pero es aún más al este, en la ciudad de Khiam, donde se juega el grueso de la batalla: esta localidad, verdadero enclave estratégico, ha caído parcialmente en manos israelíes tras días de combates.

Aunque el enfrentamiento es desigual, dadas las colosales capacidades aéreas desplegadas por el Estado israelí y aunque los soldados israelíes logran hacerse con algunos pueblos más rápidamente que en 2024, la resistencia sobre el terreno de Hizbulah ha sorprendido a numerosos observadores.

Además de intensos combates cuerpo a cuerpo en varias localidades, los combatientes del Partido de Dios reivindican disparos de cohetes de manera cotidiana. Como novedad, el 27 de marzo se disparó un misil tierra-aire desde la capital libanesa en dirección a un avión de combate israelí, sin alcanzarlo.

Todo ello en un contexto en el que sus infraestructuras han sido duramente golpeadas durante el proceso de retirada del sur de Líbano, llevado a cabo bajo la supervisión del Ejército libanés y de un mecanismo internacional de vigilancia.

«Tienen la red de túneles, tienen armas, cuentan con cuadros de segundo, tercer y cuarto nivel extremadamente estructurados. Han desarrollado su capacidad de resiliencia durante 40 años, por no hablar de la experiencia. Conocen el terreno, controlan la zona y, pese a todo, disponen de medios. Ahora se trata de demostrar que pueden mantener esa capacidad de hostigamiento», explica el investigador en Ciencias Políticas Karim el-Mufti.

Hizbulah, extremadamente debilitado tras la guerra de 2024 y cuyas líneas de suministro con Irán se vieron interrumpidas con la caída de Bashar al-Assad, ha renovado, evidentemente, parte de su arsenal.

«Mucho se fabrica directamente aquí, en Líbano, pero todavía hay rutas abiertas a través de Siria», explica una fuente bien informada. A todas luces, el Partido de Dios ha aprovechado el alto el fuego para regenerarse e iniciar una transformación.

Lejos de su versión protoestatal que lo convirtió en un actor clave del poder desde principios de los años 2000, parece haber retomado sus fundamentos originales, recurriendo a sus viejas tácticas de guerrilla. Y parece capaz de plantar cara a los israelíes, que por ahora avanzan con cautela.

Sin duda, un punto de inflexión para este grupo paramilitar que, durante mucho tiempo, fue el más poderoso de Oriente Próximo: a mediados de la década de 2010, el Partido de Dios libraba una guerra en varios frentes, tanto en Siria en apoyo a Bashar al-Assad, como en Líbano, contra el ISIS en el norte, y contra Israel en el sur.

«Desde la muerte de Nasrallah, la estrategia está completamente dictada por Irán. Estamos ante una cierta ruptura estratégica interna, en la que las órdenes ya no se dan desde Dahieh [suburbio sur de Beirut], sino desde Teherán y sus representantes sobre el terreno. Es realmente una fase de ruptura, con dos componentes: uno militar, que responde a Irán, y otro político, que está siendo cada vez más subordinado a Irán, pese a resistencias internas», estima Karim el-Mufti.

«Naim Qassem intenta hacer de enlace entre ambas partes, pero es alguien completamente falto de carisma que se ve obligado a hacer frente, simultáneamente, a grandes necesidades y fuertes presiones. Se alinea completamente con los designios iraníes», confirma la fuente precitada.

Una batalla para frenar una invasión que se libra a espaldas del Estado, sin mandato nacional y sin que el Ejército libanés desempeñe papel alguno. Una situación que resulta incomprensible para muchos libaneses.

«Como en 2024, Líbano no está en guerra, por lo que el Ejército no está movilizado. Y está claro que, en las condiciones actuales, no puede embarcarse en un arriesgado proceso de desarme de Hizbulah en un momento en el que el país corre el riesgo de entrar en una nueva fase de ocupación», responde un antiguo general del Ejército libanés.

Concluye: «Nunca sabremos si Israel habría lanzado igualmente una ofensiva en Líbano, incluso sin la apertura del frente por parte de Hizbulah. Pero Hizbulah, que estaba acorralado políticamente, vuelve a situarse en su papel predilecto: el de único defensor del territorio nacional. No hay Hizbulah sin ocupación. Incluso en caso de derrota, está sobre todo asegurando su supervivencia en Líbano».