«Aunque el miedo está arraigando, la nuestra es una cultura de acogida»
Nerekopi, establecimiento regentado en Durango por Nerea Briones, es uno de los que se han adherido a la red Beroki, promovida por la Fundación Ellacuria para proporcionar a las personas migrantes servicios a los que resulta difícil acceder. Nerea Aginako explica los pormenores de esta iniciativa.

La Fundación Ellacuria ha puesto en marcha la red Beroki al objeto de facilitar la incorporación social de las personas migradas, a las que, con la colaboración de empresas y profesionales, se les ayudará a acceder a determinados servicios -podología, fisioterapia, mudanzas, arreglos, empastes...- que de otra forma pueden resultarles difícilmente accesibles. Nerea Aginako, integrante de la fundación, explica a NAIZ los detalles de esta iniciativa junto a Nerea Briones, dueña de Nerekopi, uno de los establecimientos de Durango que se ha adherido a ella partiendo de su propia experiencia de compromiso solidario.
¿Con qué objetivo habéis puesto en marcha la red Berokí? ¿Dónde nace la idea?
Nerea Aginako: La idea surge a partir de la práctica de acompañamiento comunitario que desarrollamos en Fundación Ellacuria. Llevamos años trabajando, en Durango dentro de Jesuiten Etxea, que es una comunidad de hospitalidad donde conviven personas migradas y refugiadas en una relación estrecha con la población local. En el marco de esa práctica hemos ido conociendo a diferentes empresas y profesionales que han querido colaborar, ya sea de una forma gratuita o facilitando el acceso a determinados servicios, y a partir de ahí hemos visto que generar una estructura que reconozca a aquellos y aquellas que se quieren vincular con la acogida y la hospitalidad es importante. Y más ahora. Se trata de visibilizar, reconocernos y generar una estructura común.
Nerea, ¿por qué habéis decidido participar en esta iniciativa?
Nerea Briones: Nos propusieron participar y ante una propuesta así, te preguntas, ¿nosotros en qué podríamos colaborar? Por un lado vimos que podíamos ayudar con las fotos para DNI, para carnés, para pasaportes... Muchas veces estas personas necesitan hacer papeleo y al final, poco a poco, va sumando. Entonces, en nuestro caso facilitamos las fotocopias, los papeles y todo eso. Y luego, como fotógrafos, tenemos un espacio de ocio, unos rallies fotográficos a los que viene gente y que está abierta a cualquiera que quiera participar. Es como una jornada festiva. La gente también necesita salir del entorno en el que está, despejarse y tener un rato en el que se divierta y contacte con otras personas. Somos gente muy diversa, gente joven, mayor, todas nos conocemos, y creíamos que también era una opción que les podría ayudar a salir un poco de la rutina, a conocer gente nueva y a hacer redes, que también es algo importante.
¿Este llamamiento está dirigido a todo tipo de empresas y personas? ¿Está acotado?
N.A.: Queremos llegar lejos, pero vamos paso a paso. Queremos que la fórmula sea súper flexible, es algo nuevo, y necesitamos ir poco a poco para ir generando un imaginario en torno a esa posibilidad. Ahora mismo estamos impulsando esta propuesta en Durango, con intención de abrirlo a Bizkaia, y ahí también poder sumar a la propuesta a las compañeras de Alboan y de Loiola Etxea.
¿La red ha empezado ya a trabajar o estáis todavía recabando apoyos, contactando con las entidades?
N.A.: Llevamos tiempo colaborando con diferentes personas en esta práctica, pero ahora que estamos instaurando lo que es la red y tratando de que la gente la vaya conociendo, estamos empezando a hacer contactos con personas, con empresas y profesionales interesadas. Es el caso de Nerekopi y su propuesta. Hay necesidades que son comunes al ser humano y luego hay pasiones que a veces quedan relegadas en quinta posición dependiendo de cómo están cubiertas las necesidades básicas. El acceso a la fotografía, por ejemplo. En esta caso, estamos dando la posibilidad a personas que quizás no tienen ese acceso porque acaban de llegar, a que puedan seguir con su pasión de la fotografía o puedan empezar a practicarla. Y también, como decía Nerea, poder disfrutar en comunidad de una actividad que nos caracteriza, que es reunirnos y pasar la tarde en torno a una mesa, disfrutando.
¿Qué tipo de recepción habéis tenido hasta el momento?
N.A.: Estas no son cosas que aglutinen a multitudes, pero sí que hay muchas personas interesadas y que encima reconocen el valor de la propuesta. Tenemos contacto con fisios, con maestros, para clases particulares.... En Durango algunos comercios llevan trabajando desde hace tiempo con Ellacuria, y a partir de esta convocatoria estamos recibiendo también propuestas desde otros municipios de Bizkaia donde hay gente interesada. Vamos poco a poco.
Nerea, ¿teníais experiencia en este tipo de iniciativas de ayuda, de acompañamiento?
N.B.: La tienda me ha posibilitado conocer mucha gente que no esperaba, y algunas de esas personas se han hecho amigas, he establecido unos lazos con mucha gente inmigrante con la que yo no pensaba jamás que iba a tener relación. Conocía lo de Jesuitas, pero esto ha venido después, yo ya estaba ayudando a gente que me ha pedido ayuda, inmigrantes y gente de aquí también, tengo otra red propia. Es un poco mi forma de ser. Si me hubiera pedido ayuda mi hermana también se la habría dado, pero lo lógico es que cuando vienen de fuera y no tienen contactos, intenten contactar con alguien. Y agradecen haberte conocido. Se establece una relación.
Como he dicho antes, tengo vínculos con gente con la que no pensaba ni por asomo que podría tenerlos. Ahora salimos, nos vemos... «Oye, que me voy a no sé dónde, ¿te apetece venirte?» O que me voy a hacer un viaje... Es casi más lo que recibo que lo que puedo aportar. Yo aporto lo que puedo. La gente luego es muy amable y para mí es una experiencia muy gratificante. Entonces cuando desde la fundación me dijeron, «oye, ¿te importa colaborar con esto?» Pues ya lo estaba haciendo de alguna manera, sería seguir un poco abriendo esa red a más gente. Por mí perfecto, encantada.
«A veces simplemente hay que escuchar. A ellos se les abre un mundo»
Al hilo de lo que comenta Nerea, más allá del servicio concreto que pueda ofrecer cada cual, ¿le dan importancia a forjar relaciones, a ese vínculo que pueda generarse?
N.A.: Exactamente. En los procesos que realizamos, que son procesos comunitarios, nosotras siempre hablamos de llegar a un lugar donde se te está esperando. Eso es lo que cambia tu proceso migratorio en muchos casos. Todas las personas tenemos capacidad para salir adelante, pero aquello que cambia nuestra forma de estar en ese salir adelante tiene que ver con la red de apoyo con la que contamos. Cuando hemos dejado nuestra red y nuestros vínculos detrás, que no desaparecen pero que están en otro lugar, llegar a un lugar donde poder contar con una persona, con un buen trato, ese mirarte, ese reconocerte, cambia muchísimo la experiencia en ese nuevo lugar.
Además de colaborar desde lo que cada persona pueda hacer en su día a día, en el contexto de su trabajo, de lo que nosotros estamos hablando es de generar comunidad, generar relaciones vecinales de calidad. Muchas veces necesitamos crear este tipo de puentes para poder encontrarnos entre la población local y la población migrada y refugiada. Porque aunque convivamos todos en el mismo lugar, a veces no se dan esas relaciones.
N.B.: A veces simplemente hay que escuchar. A ellos se les abre un mundo. Que alguien desconocido te escuche, para ellos ya es mucho y se les nota.
Parece que esta iniciativa va a contracorriente, que hoy en día no está de moda ser solidario, empático, todo lo contrario, parece que está en boga ser malo...
N.B.: Sí. Y yo la verdad es que cuando lo veo no entiendo que la gente pueda ser así, que sea de esta manera. Porque lo que enriquece es justo lo otro. Dar a la gente, o simplemente escuchar, es lo que enriquece.
N.A. Absolutamente. Aunque también hace mucho más ruido esa otra parte, pero en realidad en esta sociedad muchas personas estamos en otra clave, en una clave de convivencia, acogida, paz. Precisamente, también queremos que esta red sea como una pieza más para dar altavoz a ese posicionamiento, que al final es un posicionamiento político.
«La tienda me ha posibilitado conocer gente que no esperaba, y muchas de esas personas se han hecho amigas. Tengo vínculos que no pensaba ni por asomo que podría tener. Es casi más lo que recibo que lo que puedo aportar»
¿Creéis que hay mucha gente que no es consciente de que cualquier gesto, cualquier apoyo, aunque parezca pequeño puede tener un gran impacto positivo sobre muchas personas?
N.B.: Yo creo que hay gente que lo sabe y hay gente que no. Hay de todo. Y luego, las redes sociales están haciendo mucho daño. Aquí en el País Vasco hay mucha gente que es muy acogedora, pero es verdad que como en las redes, en los telediarios, todo son noticias malas, pues la gente se aferra un poco a eso y se olvida de que realmente somos más amables de lo que aparece ahí. Yo creo que hay algo de eso, se está haciendo bastante daño en ese sentido. Pero luego veo que aquí hay mucha gente muy acogedora, y si le diéramos la oportunidad y desenchufáramos todas las redes y todo el barullo externo, seríamos infinitamente más acogedores.
N.A.: Yo también pienso que somos una cultura de acogida y que lo hemos hecho de una manera muy natural. Y creo asimismo que el generar ese tipo de espacios de colaboración nos puede ayudar a recordar que nosotros hacemos estas cosas, que parece que se nos está olvidando por este ruido y por esa cosa del miedo.
N.B.: Sí, un miedo que está arraigando mucho, cuando realmente no somos así. Yo creo que somos gente de acogida, somos amables, personas que escuchamos. Y hemos sido migrantes, porque cuando la guerra, cuando los bombardeos, la gente que vivía aquí tuvo que salir. Y nos acogieron. ¿A quién no le gusta que vayas a un sitio que no conoces y que cuando llegues a ese lugar te acojan? «¿Qué tal? ¿Necesitas algo? ¿Puedo ayudarte?». Es que eso es un mundo. La tienda me ha dado una amplitud de vínculos que para mí ha sido, está siendo, una maravilla. Y yo siento que doy poco, pero bueno, parece que no lo es. Pero estoy recibiendo a cambio muchísimo.
Casi más que un negocio es una experiencia vital.
N.B.: Para mí sí. Está siendo una experiencia vital y además muy muy positiva.
¿Habéis establecido plazos para ver cómo va el proyecto? ¿Tenéis marcada una agenda?
N.A.: Sí, tenemos la intención de poder hacer una pequeña evaluación del trabajo realizado en Durango a finales de abril, y que eso nos permita sistematizar la propuesta, y ya en junio quizás comenzaría en otros territorios. Nuestra idea es esa, es nuestro deseo.

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