Periodista, especializado en información cultural / Kazetaria, kulturan espezializatua
Entrevue
Simón Mesa
Cineasta

«‘Un poeta’ refleja lo que podría ser la peor versión de mí mismo dentro de 20 años»

Nacido en Medellín en 1986, su segundo largometraje, ‘Un poeta’, que acaba de llegar a las salas, le hizo hacerse con el premio Horizontes Latinos del último Zinemaldia. Es una aguda y cómica reflexión sobre la mercantilización del arte y sus servidumbres y sobre las propias jerarquías sociales.

El cineasta Simón Mesa.
El cineasta Simón Mesa. (ATALANTE CINEMA)

El protagonista de ‘Un poeta’ es Óscar Restrepo, un literato que tuvo un fugaz éxito a principios de los años 90 y que ha hecho de la bohemia su bandera. Su fracaso es evidente y le sitúa en una posición de marginalidad que él se resiste a abandonar. Un día, sin embargo, al ser contratado como profesor de secundaria, conoce a Yurlady, una adolescente sensible que escribe poesía y que le hace confrontarse con sus ilusiones de juventud. Animándola a entrar en los exclusivos ambientes literarios de Medellín, Óscar, sin pretenderlo, la mete de lleno en una hoguera de vanidades de la que ni él mismo será capaz de escapar.

No sé de donde surgió la idea de esta película, pero al menos desde fuera, uno tiene la sensación de que se trata de un ejercicio de introspección, casi de catarsis. ¿Es así?

‘Un poeta’ surge de la frustración que se apoderó de mí tras concluir mi primera película en 2020, en plena pandemia. Fueron muchos años de trabajo invertidos en poner en pie aquel proyecto que, por las circunstancias que todos conocemos, terminó condenado a la invisibilidad. Aquello fue un momento crítico que me llevó a cuestionarme si toda esa pasión por el cine realmente merecía la pena o, si por el contrario, sería mejor abandonar mis sueños de juventud y retornar a la docencia, que había sido mi profesión hasta ese momento. Esa frustración me llevó a la idea de retratarme a mí mismo en el fracaso, porque el protagonista de ‘Un poeta’ refleja lo que podría ser la peor versión de mí mismo dentro de veinte años en el caso de no llegar a vivir de aquello que me apasiona. Pero según iba haciendo el retrato de ese ser bohemio y fracasado, entendí que la poesía me ofrecía un escenario más interesante que el cine. En Medellín hay muchos ejemplos de creadores que vivieron su juventud en los 80 y 90, en una época dominada por la violencia, los problemas sociales, los excesos y las adicciones. La sensación de haber sucumbido es mucho más evidente entre los artistas de esa generación, así que, aunque el film tenga mucho de autorretrato, también es una suerte de homenaje a aquellos artistas que nos precedieron. Fue ahí donde encontré a mi personaje.

«En la medida en que uno se va impregnando de ese universo del arte, de sus mecanismos y de sus servidumbres, la vanidad y el error van ganando la partida al humanismo»

Es interesante cómo está construida la historia, casi como si se tratase de un viaje de lo particular a lo general. De entrada tenemos a un protagonista con el que cuesta empatizar dada su autocomplacencia y su patetismo. Sin embargo, según avanza la narración, asumimos que lo que resulta patético es el mundo del que ese personaje forma parte, un mundo corrupto. Frente a ese mundo el protagonista mantiene como un aura de pureza.

Cuesta empatizar porque en esta sociedad los poetas no generan ninguna empatía, de hecho, se trató de un largometraje difícil de financiar. Pero cinéndome a lo que planteas, creo que, efectivamente, la película es un viaje hacia la luz. Su propio origen terapéutico y el hecho de partir de un análisis profundo de mí mismo, me llevó a ese viaje que comentas, buscando encontrar una paz personal y una tranquilidad en el oficio. Pero de entrada sí, puede que el protagonista de la película se nos antoje un ser patético, quizá porque yo me suelo juzgar muy duramente y el personaje es una proyección de mí mismo. Yo quería que el protagonista tuviera ese aura de niño grande que al final lo que refleja también es el dilema de ser hombre en esta sociedad y lo que ello representa. Entonces, la manera de rebelarse del personaje es mediante la ingenuidad. Aunque también tengo que decir que esas características del personaje se deben a la personalidad de Ubeimar Ríos, el actor protagonista, que me acabó arrebatando el personaje. Tal y como yo lo había escrito, Óscar era alguien más oscuro, pero Ubeimar le dio luz, lo dotó de humanidad. Porque Óscar es un ser cargado de errores pero, en el fondo se trata de una buena persona, de alguien frágil, castigado, pero noble, al fin y al cabo, quizá de ahí ese aura de pureza que comentas.

Fotograma de ‘Un poeta’. (ATALANTE CINEMA)

¿Cree que esa pureza, esa limpieza en la mirada, es lo único que nos puede salvar como sociedad? Se lo pregunto también a cuenta del personaje de Yurlady y de los valores que este atesora.

Sí, sin duda. A la hora de buscar esa luz Yurlady se antoja una influencia esencial para Óscar, en la medida en que le devuelve la confianza en los valores que inspiran el arte. Porque el artista, de entrada, es un ser noble, humanista, alguien obsesionado por crear belleza y compartirla. Lo que ocurre es que, en la medida en que uno se va impregnando de ese universo del arte, de sus mecanismos y de sus servidumbres, la vanidad y el error van ganando la partida a ese humanismo. Hoy no resulta tan determinante ser una buena persona como saber venderse como una buena persona. Arrogarse las banderas de todo tipo de reivindicaciones y luchas es más importante que luchar. Entonces me interesaba reflexionar sobre qué tipo de valores vende el arte. Frente a ese mercantilismo, los valores reales que emana alguien como Yurlady son los que devuelven a Óscar a su condición primigenia de artista.

Volviendo al tema del enfrentamiento entre individuo y sociedad, su película casi puede verse como una sátira contra las jerarquías sociales y, más concretamente, contra esa élite intelectual que tan a menudo se arroga la voz y la representación de aquellos que habitan en los márgenes del sistema.

Es algo que siempre he sentido como algo muy personal en mi oficio como cineasta, me refiero al hecho de cuestionarme a mí mismo. Porque ese sentido de la sátira surge justamente de ese cuestionamiento. Por ejemplo, en todas mis películas he contado con actores no profesionales y a veces pienso si eso no implica coger a alguien, aprovecharme de él, transformar su vida durante unos meses y después devolverlo a su realidad. Las reflexiones y la autocrítica que me inspira todo eso yo creo que están en la película a la hora de cuestionar esas jerarquías sociales que comentas. La comedia me permite reírme de todos esos dilemas sociales, riéndome en primer lugar de mí mismo. Se trata de proyectar una mirada incisiva sobre la realidad que sea cómica y trágica al mismo tiempo, una mirada incómoda sobre el propio trabajo de cineasta.

«Hoy no resulta tan determinante ser una buena persona como saber venderse como tal. Arrogarse las banderas de todo tipo de reivindicaciones y luchas es más importante que luchar» 

Hay un momento en la película en la que a Óscar le conminan a que aborde en su poesía aquellos temas que los europeos esperan de un poeta colombiano. Eso me retrotrajo al concepto de ‘pornomiseria’ que popularizó Luis Ospina. ¿Cree que el cine latinoamericano sigue siendo prisionero de ese modo de representar?

Transitar por esos caminos es legítimo siempre que responda a un interés genuino. Lo que ocurre es que, muchas veces, militar en un cierto tipo de cine que refleje las miserias de la sociedad de la que formas parte se vuelve casi una exigencia a la hora de que, como cineasta latinoamericano, te den financiación para tu película. Y eso ya resulta más problemático. Me apetecía también reflexionar e ironizar sobre eso. Porque al final las formas de financiación determinan el contenido de las historias y a veces te pone en una situación donde tú como cineasta ves mermada tu libertad. Mi forma de rebelarme contra eso es justamente hablar de ello y hacerlo desde la comedia. Porque lo cierto es que Luis Ospina acuñó el concepto de ‘pornomiseria’ hace ya 50 años y todavía hoy los cineastas latinoamericanos nos enfrentamos a esos dilemas.