«La ciudad-marca que busca visitantes e inversores nos está birlando tener una comunidad»
El periodista e investigador Pedro Bravo explica la crisis generalizada del concepto de ciudad, gobernada en muchos casos «como empresas que venden un producto con atractivos» en detrimento de quienes viven en ellas. Pide «rebeldía y valentía» y ve Madrid como paradigma de lo que no hay que hacer.

«Esto de vivir en la sierra es un refugio», dice con una sonrisa Pedro Bravo, periodista, escritor e investigador de temas urbanos y culturales y turismo masivo que ha vivido siempre en Madrid pero ahora disfruta del aire más puro y el entorno menos ruidoso de su cordillera al noroeste.
En ‘Antes todo esto era ciudad’ (Penguin, 2026), hace una radiografía de la crisis del concepto comunitario de ciudad y de cómo la gente que la habita es amenazada «por dinámicas de competición» de capital hechas en buena parte por «poderes transnacionales que son, por tanto, más poderosos y con gran capacidad de presionar a los poderes municipales».
En entrevista con NAIZ, aboga por tener «esperanza» a partir de un cambio de políticas radical sobre las ciudades aunque advierte que el éxito de opciones políticas autoritarias «va a acelerar» el tocar fondo.
Este libro sustenta la idea de muchos, que es que las grandes ciudades ya no permiten el desarrollo y felicidad de la clase media y baja. ¿Lo cree así también?
Sí, incluso creo que no solo las ciudades grandes. Creo que hay muchas de distintos tamaños metidas en dinámicas de competición y búsqueda de atracción de visitantes e inversores, y por tanto se están convirtiendo en lugares hostiles para desarrollar una vida que no sé si lleva a la felicidad pero debería llevar al desarrollo, a vivir mejor, a tener tiempo para hacer cosas, a poder salir a cenar de vez en cuando. Siempre han sido ciudades difíciles para las clases bajas y migrantes pero ahora eso se está extendiendo a las clases medias y creo que también a las clases medias altas. El impacto de los precios de la vivienda están llegando a ese segmento.
Critica muchas lógicas capitalistas de hoy y señala que «la historia de las ciudades es también un relato del poder».¿La crisis de las ciudades no es síntoma de este esquema neoliberal, individualista, que rompe lazos sociales?
Sin duda. El individualismo no es un evento que empieza de la nada, es un proceso, un proceso que se ha acelerado con la exaltación del ‘yo’ que estamos viviendo. Viene del capitalismo y desde antes incluso, es una evolución social. Lo que ocurre en las ciudades qes ue siempre en ellas ha habido un poder, hace mucho era religioso, de reyes, feudal, por supuesto económico desde la revolución industrial, pero lo que ocurre ahora es que son poderes transnacionales y por tanto mucho mas poderosos. Adquieren mucha mas capacidad de decisión porque están mas concentrados, y son capaces de presionar con mucha mas efectividad a los poderes políticos estatales y municipales.
«Los poderes políticos son incapaces de contrarrestar la fuerza de influencia de los poderes económicos y estos están impactando durísimamente en los que habitamos las ciudades»
Esto dispara dos procesos; la fascinación por las cosas que llegan de afuera y tambien un sometimiento, porque los poderes políticos son incapaces de contrarrestar la fuerza de influencia de los poderes económicos. Esos poderes internacionales cada vez mas concentrados están impactando durísimante en los que habitamos las ciudades.
La ciudad es un lugar donde nos encontramos, antes vivíamos en aldeas, aunque la evolución es compleja y no lineal. La ciudad permite el encuentro entre distintos, de procedencias muy lejanas. Eso es parte de la virtud porque de ese choque surgen muchas cosas. Pero también hay choques entre los distintos poderes. Ahora estan tan concentrados y a la vez descentralizados que nuestra relación con el poder es más complicada, son más líquidos, lo vemos mucho en las plataformas tecnológicas como AirBnb, que dedica montón de dinero al lobby y se escapa de manera muy líquida cuando le quieren poner límites en una ciudad y librarse de las sanciones. Y esto hace que el activismo de la vivienda lo tenga mas difícil.
Comenta que el desarrollo de la ciudad-marca condiciona nuestras experiencias en lo urbano. ¿A qué se refiere?
A esa afición por visitantes e inversores, que podríamos incorporarla a clientes y accionistas. Muchas ciudades se están gobernando como empresas que venden un producto, que es la ciudad o determinados atractivos, para que lo consuman o compren visitantes e inversores.
Cuando empiezas a operar la ciudad desde una perspectiva empresarial, estás perdiendo de vista lo que es una ciudad, que es una comunidad. Yo en el libro doy definiciones de ciudad, varias, pero hay una que es clave para que exista, que es la comunidad, es decir, una reunión de gente. Si conviertes a la ciudad en producto te estás olvidando deg obernar y administrar la comunidad, entre cuyas necesidades puede haber que venga gente de afuera a hacer cosas, pero no es su actividad principal. Su principal función tiene que ser poder vivir una vida plena en ella, poder tener allí a tu familia. La ciudad-marca nos está birlando la posibilidad de tener una comunidad y por eso nos sentimos cada vez más solos y estamos viendo cómo la ciudad se ha vuelto un artefacto extraño.
Pensando en una lista, ¿los enemigos del buen vivir en la ciudad serían el turismo masivo, especuladores de vivienda y los malos políticos?
No sé si es una lista lineal... La administración de la ciudad como si fuera una empresa, en una competición económica contra otras ciudades por atraer clientes y accionistas, descoloca mucho a la posición de una ciudad como lugar de comunidad. Dentro de ese factor hay varios sujetos responsables, como los poderes económicos que quieren extraer valor económico de las ciudades sin dejar mucho a cambio. Ahí hay un problema y sujeto responsable pero hay otros, como los administradores locales y también estatales, que no solo permiten sino también a veces facilitan a estas actividades que no solo no aportan valor sino que lo extraen. Luego hay temas de evolución social y cultural, eso que hablábamos del individualismo. Pero el gran factor de los males, el acelerador, es lo de convertir la ciudad en producto.
«El afán último de cualquier especie, la supervivencia, es en nuestras sociedades modernas y desarrolladas un estorbo. Las ciudades están hechas para la prisa y el estrés, para el entretenimiento y la diversión», dice en el libro. Es un buen retrato actual. ¿El envejecimiento poblacional empeora esto?
Efectivamente las familias ahora se han convertido en algo muy diverso y no todos sienten la necesidad de tener hijos y que su familia sea tenerlos. Las encuestas lo dicen, hay un gran descenso de nacimientos y donde más ocurre es en las ciudades, y eso tiene que ver con la enorme dificultad económica que conlleva ahora tener hijos en una ciudad. Tu tiempo y espacio se encogen mucho.
«El roce es una chispa que hace cambiar las sociedades. El aislamiento individualista es contrario a la idea de ciudad como comunidad entre distintos y como opción de vivir una vida plena»
Y el envejecimiento… no sé, los gobiernos lo consideran malo para sus cálculos económicos y productividad. Es verdad también que una ciudad envejecida necesita estrategias de gestión complejas y requiere políticas publicas que también están siendo cada vez más puestoa en tela de juicio por esos poderes económicos, como son los servicios públicos. Los migrantes pueden ser la solución pero la velocidad en que está envejeciendo la población requeriría un nivel de migración difícil de gestionar y las posiciones nacional-populistas de algunos tampoco ayudan porque hablan contra la migración pero no ponen límites a las condiciones que sí dificultan tener una familia.
Usted cita a un autor que habla de «el siglo antisocial» por el individualismo. ¿La revolución tecnológica nos está arruinando?
Sí, lo está acelerando todo. El individualismo no nace hace 20 años con las redes sociales y viene desde hace mucho. Las políticas de Reagan y Thatcher explicitaban que no existían cosas como la comunidad y sociedad sino el individuo y su familia. Las plataformas digitales han acelerado los procesos de individualismo de muchas maneras y Derek Thompson dice que esas plataformas nos quieren cada vez más tiempo enganchados a sus contenidos, y por tanto solos, porque aunque estés con otros, estás solo con la pantalla en vez de estar en un partido de futbol o una iglesia o donde quieras.
Ese aislamiento de encerrarnos en las pantallas y burbujas de contenido impiden que desarrollemos una costumbre de encontrarnos con gente que no es como nosotros, el roce, que es una chispa que hace cambiar las sociedades. El aislamiento individualista es contrario a la idea de ciudad como comunidad entre distintos y juega en contra del desarrollo de las ciudades como lugar para vivir una vida plena.
«Creo que la renuncia es más humana que el decrecimiento. Renunciar es resistirse a ese crecimiento ilimitado y luchar por la vida plena de la que hablábamos. Antes de decrecer hay que parar»
Pensando en lo propositivo, ¿cree que una solución posible es el decrecimiento, como proponen muchos?
No estoy en contra del decrecimiento, es algo a tener en cuenta, pero yo en el libro hablo de renuncia. Renuncia, por ejemplo ,de los administradores a la carrera por la competición por inversores y visitantes, para ocuparse del buen vivir, renunciar a las infraestructuras que van en contra de la naturaleza, convirtiendo a la naturaleza en una actitud política, o pensar en algo más pequeño a estar viajando todo el rato. Creo que la renuncia es más humana que ese decrecimiento. Renunciar es resistirse a ese crecimiento ilimitado y luchar por la vida plena de la que hablábamos. Antes de decrecer hay que parar.
Cuando habla de renuncia, pienso en dejar de comprar por internet para cuidar las tiendas de barrio, como algo fácil de hacer.
Claro, los movimientos constantes de reparto afectan de muchas maneras. No solo por la contaminación sino que ese negocio de logística impacta en la calle, porque cuando hay menos tiendas en las calles hay menos vida, menos ciudad, menos atención. Ademas, estas empresas enormes internacionales hacen un dumping para conquistar mercado y las tiendas de barrio lo tienen muy difícil para competir.
Después de hacer este libro, le pregunto ¿se puede ser optimista sobre el futuro de las ciudades?
El optimismo no me gusta, me parece un imperativo. Yo hablo de otra cosa que creo es mas cercana al realismo, que es tener cierta esperanza. Las ciudades nunca han sido perfectas, pero siendo consciente de eso se pueden construir alternativas mejores de lo que ha habido y de lo que hay. La aceleración de muchos procesos de los que hemos hablado y el éxito de determinadas propuestas autoritarias va a acelerar también que lleguemos al fondo, y tocar fondo da posibilidades. Una es que te hundas y otra que cojas impulso para salir.
En un año eso estará en disputa en las generales.
A los votantes y a los que se presentan a ser votados yo les hablo en el libro de rebelarse para cambiar la ciudad. Aunque estemos en este momento de sensación de ‘no se puede hacer nada’, sí se puede hacer, lo estamos viendo con los sindicatos de inquilinos, que consiguen rebelarse ante grandes poderes políticos y económicos y consiguen victorias. La actitud rebelde es necesaria, vamos a decir ‘ya no’, no hacer oposición solo desde redes sociales, hay que hablar con la gente, escuchar sus problemas y luego ser valientes, decir que no vamos a permitir que ciertas cosas sigan pasando. Son fundamentales la rebelión y la valentía.
¿Un ejemplo concreto de ciudad en crisis es Madrid?
Es un caso paradigmático de todos los procesos que hablamos en esta conversación, ocurridos y fomentados en poquísimo tiempo. Madrid sigue presumiendo de ser una ciudad acogedora pero es una inercia de identidad que ya no responde con la realidad. Madrid es una ciudad diseñada y dirigida para gente con mucho dinero, para inversores y visitantes que tienen que tener cada vez mas dinero porque los precios están por las nubes. Madrid está viviendo un proceso de querer tener éxito en esa competición de la ciudad-marca, y lo está consiguiendo al mismo tiempo que está siendo un fracaso en el sentido vital de la palabra. El desplazamiento de sectores de población fuera de Madrid es tremendo. Ahora es una ciudad reconocida internacionalmente pero a nivel lnterno es cada mas difícil vivir en ella.

Ertzaintzaren «bortizkeria eta jazarpen poliziala» salatu dute Donostiako Karmengo jaietan

Igor Uriarte preso ohi gasteiztarra zendu da

Policía Foral y Guardia Civil investigan los hechos de Berriozar, sin consenso en el Parlamento

Cuatro detenidos, militares con simbología nazi agredidos y diversos altercados en la final

