
La primera semana de campaña en Andalucía ha concluido y comienza la recta final de camino a las elecciones autonómicas del 17 de mayo, conocidas en el tablero político del Estado español como la madre de todas las batallas en lo que hace al poder territorial: casi siete millones de votantes repartidos en ocho provincias que sumadas equivalen casi a todo Portugal.
Tanto el primer tramo de la campaña como las semanas de precampaña que precedieron han retratado un clima político sosegado que es funcional al candidato a la reelección, Juan Manuel Moreno Bonilla, del PP. «Lo que no quiere ‘el Juanma’ es que haya debate y que se discuta la gestión», comentaba días pasados a NAIZ uno de los miembros del equipo del PSOE andaluz. Creen que por ello ha elegido la fecha de comicios que coincide, en el mes previo, con muchas ferias emblemáticas de ese territorio (entre ellas la más grande, la de Sevilla).
La candidata del PSOE, María Jesús Montero, confronta con Bonilla en la materia más sensible de su legado hasta ahora, que es la sanidad pública. Exdirectora del hospital más grande de Andalucía (Virgen del Rocío), exconsejera autonómica y hasta hace poco vicepresidenta del Gobierno español, Montero busca instalar la necesidad de defender la sanidad ante las privatizaciones del PP y especialmente, por la crisis de los cribados de cáncer de mama, el caso más vergonzoso que ha transitado el PP desde que gobierna la Junta en 2018.
Con una defensa tranquila de su gestión y haciendo gala de su tono conciliador y su permanente sonrisa, Bonilla anhela repetir la hazaña de 2022, cuando consiguió una holgada mayoría absoluta, poniéndole una etiqueta de certificado a ese cambio de época sociológico que muchos encuestadores desde principio de la década venían advirtiendo en la ciudadanía andaluza.
La campaña distendida es funcional a un PP que no quiere virajes demoscópicos de última hora, a excepción de uno: el retroceso de Vox. La prioridad máxima en la sede de la calle San Fernando, sede central del PP andaluz, es evitar que la extrema derecha crezca y le devore votos. Su candidato, Manuel Gavira, ha endurecido su discurso en los últimos días, con frases como «queremos una Andalucía llena de españoles, no caben aquí toda Africa ni toda América».
En el flanco de la izquierda confederal están en pugna por la cuarta posición dos coaliciones: Adelante y Por Andalucía. La primera es una formación muy nutrida del histórico Anticapitalistas, de orientación trotskista, cuyo liderazgo ejerció durante mucho tiempo Teresa Rodríguez y que tiene parecidos con la CUP catalana. De discurso nacionalista andaluz, nunca proponen candidatos a las elecciones estatales y tienen a favor que llevan como cabeza de lista al joven José García Sánchez, un profesor y psicólogo muy carismático que ha ayudado a mejorar a su partido en las encuestas.
En el caso de Por Andalucía, el candidato es el coordinador general de Izquierda Unida a nivel estatal, Antonio Maíllo, que ha logrado a última hora un acuerdo de alianza electoral con Podemos y Movimiento Sumar, empujados todos, cabe señalar, por los muy magros resultados electorales en Aragón y Castilla y León. Conocido entre el electorado, Maíllo lleva en su contra que no representa la novedad y la comunicación de estilo más moderno de García, quien al parecer podría lograr el sorpasso.
Así las cosas, la media de las últimas encuestas ubican al PP al borde de la mayoría absoluta (que son 55 escaños), con alrededor del 44% de las preferencias, lo que significa en el reparto proporcional de entre 54 y 56 asientos en el Parlamento regional. Le sigue muy de lejos el PSOE, con el 24%, y que obtendría unos 29 escaños (en las anteriores alcanzó los 30).
En tanto, la extrema derecha protagoniza quizás la novedad más importante en lo que hace al mapa sociológico del Estado español, si se tienen en cuenta los últimos comicios autonómicos: sería la primera vez que bajaría con respecto a la última elección, en la que tuvo 13,4% y 14 escaños. Pues la media de sondeos de preferencias le otorgan entre 12 y 13 puntos y 13 escaños. Sea por el efecto de la guerra en Irán y la embestida trumpista en materia de aranceles, o por haber llegado ya a su techo, los de Vox podrían tener su primera mala noticia desde en muchos años de constante tendencia alcista.
El espectro de la izquierda transformadora se mueve en la horquilla del empate técnico, con Adelante concentrando el 5,5% de las preferencias y Por Andalucía en 8%, aunque el crecimiento de García viene siendo paulatino y constante. Sumados, actualmente en el Parlamento regional cuentan con siete escaños y las encuestas para el 17M los llevarían a nueve.
Debate y Zapatero
Este 11 de mayo será el segundo y último debate en directo y televisado por RTVE de los cinco candidatos, mientras que el lunes pasado ha sido el primero, en el que los tres dirigentes del flanco progresista se cuidaron de no atacarse entre sí y han cuestionado en tromba a un Bonilla a la defensiva y apelando a la estabilidad que otorga una mayoría absoluta frente a los acuerdos polémicos del PP con Vox en otros ejecutivos.
Bonilla ha hecho los deberes para el electorado más centrista enviándoles un guiño al criticar lo de la «prioridad nacional» que el PP de Alberto Núñez Feijóo ha aceptado incluir en el pacto de Extremadura y Aragón. Lo ha tachado de mero «eslogan», ha prometido que «nunca incumplirá la ley». Santiago Abascal ha recogido el guante y ha pedido a los andaluces, tras esas afirmaciones, que «tomen nota y vean que la única opción real» para contener la «invasión migratoria» es Vox.
En el debate también hubo críticas del PP a la llamada «financiación singular» para Catalunya, algo defendido por Montero, y ello hizo que el president de la Generalitat, Salvador Illa, se entrometa en la campaña y rete a Bonilla a que presente un proyecto propio de financiación autonómica.
En tanto, el expresidente del Gobierno español José Luis Rodríguez Zapatero ha comenzado sus intervenciones en la campaña andaluza. Convertido en una suerte de amuleto de los socialistas cuando necesitan movilizar y comunicar con emoción, el dirigente ha asegurado que ya se vive un ánimo «de remontada» entre los votantes progresistas. Esta semana ya ha participado en dos mitines y se espera que sume varios más hasta el viernes, cuando se cierre la campaña, en compañía de Pedro Sánchez.
Por ahora, las derechas mantienen su intento de nacionalizar la campaña y convertirla en una nueva oportunidad para expresar el rechazo contra el Gobierno de Sánchez, mientras que las izquierdas se centran en movilizar. Desde el PSOE creen que su principal enemigo es la abstención y los alrededor de 300.000 andaluces progresistas que se quedaron en casa en 2022. Les queda una semana para activarles.

La provocación de Quiles con un acto fallido genera cargas y heridos en Iruñea

Ni un centenar de personas consigue congregar la manifestación ultra del MCP

Pozueta no repetirá como diputada de EH Bildu: «Llega el momento de ceder el testigo en Madrid»

Llaman a levantar un nuevo muro antifascista en Iruñea ante el acto de Vito Quiles

