Kazetaria / Periodista

Irán y Palestina ponen en evidencia los límites de la FIFA

El Congreso celebrado en Canadá dejó varios sucesos: no se les permitió la entrada al país a los delegados de la federación iraní y en el acto se vivieron momentos de tensión con Infantino insistiendo al presidente de la federación palestina, que se negó a estrechar la mano del delegado israelí.

Gianni Infantino (FIFA) intenta sin éxito que los presidentes de las federaciones de Palestina e Israel se den la mano.
Gianni Infantino (FIFA) intenta sin éxito que los presidentes de las federaciones de Palestina e Israel se den la mano. (Don MACKINNON | AFP)

Cuando se acerca un Mundial y la presión internacional aumenta, al presidente de la FIFA le gusta ponerse trascendental. Lo hizo poco antes de empezar el Mundial de Qatar, cuando dijo aquello de «hoy me siento árabe. Hoy me siento africano. Hoy me siento gay», y lo volvió a hacer durante el reciente Congreso de la FIFA, celebrado la semana pasada en Vancouver. «Debemos sonreír, debemos ser felices. Ya hay suficientes problemas en el mundo. Ya hay suficiente gente que intenta dividirnos por todo el mundo», dijo el presidente de la FIFA.

La víspera de la celebración del congreso, la FIFA aprobó «una enmienda decisiva al Reglamento de Gobernanza de la FIFA, que permitirá a las jugadoras afganas, incluidas las integrantes del Afghan Women United (equipo fundado y apoyado por la FIFA), representar a su país en partidos internacionales oficiales enmarcados en las competiciones de la FIFA». Un importante apoyo del máximo órgano del fútbol mundial al fútbol femenino, que permitirá a las futbolistas afganas representar a su país incluso aunque su gobierno se lo impida.

Era un buena manera de adelantar la apertura de un Congreso que, por celebrarse en Canadá, podía abrir una ventana para solucionar algunas de las incertidumbres que las decisiones de Donald Trump han generado alrededor del próximo Mundial. El buen ambiente en el Congreso se empezó a estropear cuando se supo que no se les había permitido la entrada en Canadá a los delegados de la federación iraní. El mismo problema que tuvieron el pasado diciembre cuando quisieron acudir al sorteo del Mundial en Estados Unidos. «Si bien no podemos comentar casos individuales debido a las leyes de privacidad, la postura ha sido clara y contundente: los funcionarios de la Guardia Revolucionaria Islámica son inadmisibles en Canadá», explicó el gobierno canadiense en un comunicado.

La Guardia Revolucionaria Islámica fue creada en 1979 para asegurar la continuidad del régimen y prevenir golpes de Estado. Depende directamente del Ayatolá y actualmente se calcula que cuenta con 190.000 miembros, incluidos numerosos miembros del Gobierno e instituciones estatales como la federación de fútbol. El principal problema para la FIFA es que, durante el primer mandato de Trump, la Guardia Revolucionaria Islámica fue declarada organización terrorista por parte de Estados Unidos, Canadá siguió su ejemplo en 2024 y en enero lo hizo la Unión Europea.

«Por supuesto, Irán participará en la Copa Mundial de la FIFA 2026 y, por supuesto, Irán jugará en los Estados Unidos de América», aseguraba Infantino durante el pasado Congreso. Pero está por ver si si se permitirá la entrada solo a los jugadores o también a los delegados de la federación de fútbol.

El abrazo fallido

Tras el incidente con la delegación iraní, la FIFA afrontaba el Congreso con otro problema diplomático en el orden del día. El pasado mes de marzo fue rechazada la solicitud de la federación palestina de sancionar a Israel por la participación de clubes asentados en territorio ocupado de Cisjordania en competiciones de la Asociación de Fútbol de Israel (IFA). Tras este rechazo, la federación palestina presentó una apelación en el Tribunal de Arbitraje Deportivo (TAS).

Los delegados de ambas federaciones solicitaron tomar la palabra en el Congreso de la FIFA. Después, Infantino pidió que ambos subieran al estrado y se dieran la mano. Siguieron momentos de tensión, con Infantino insistiendo al presidente de la federación palestina, Jibril Rajoub, mientras este se negaba a estrechar la mano del delegado israelí. Finalmente, Infantino tomó la palabra y se dirigió a los asistentes: «Permítanme agradecer a los representantes de Israel y Palestina, quienes tienen los mismos derechos, los mismos deberes y las mismas obligaciones como miembros de la FIFA. Trabajemos juntos para dar esperanza a los niños».

El Congreso de la FIFA finalizó con este torpe gesto por parte de Infantino, que terminó poniendo en evidencia el fracaso de su política de imparcialidad ante el genocidio del pueblo palestino.

La víspera, la presidenta de la federación noruega, Lise Klaveness, había anunciado su apoyo a la denuncia presentada el pasado diciembre por FairSquare ante el Comité de Ética de la FIFA. En ella, la organización en defensa de los derechos humanos reflejaba cuatro momentos en los que Infantino había expresado su apoyo público a las acciones y políticas de Donald Trump, incluyendo la concesión del Premio FIFA de la paz al presidente de Estados Unidos. FairSquare denuncia que Infantino podría haber violado el artículo 15 de la institución, que obliga al presidente a mantener una postura políticamente neutral en sus relaciones con los gobiernos. El presidente de la FIFA no se mostró muy preocupado por esta denuncia y declaró al medio noruego Idrettspolitikk que respondería «cuando le venga bien».

Durante el Congreso, Infantino aprovechó para anunciar que se presentaría a la reelección en 2027, al tiempo que anunciaba un incremento del 15% en los premios económicos para las selecciones participantes en el Mundial. Cuenta con el apoyo mayoritario de las federaciones asiáticas, africanas y sudamericanas, por lo que es probable que termine siendo reelegido presidente. En caso de lograrlo, podría prolongar hasta 16 los años al frente de la FIFA. Uno menos de los que estuvo Joseph Blatter, a quien sustituyó, en 2016, tras el escándalo del FIFAgate bajo la promesa de «restaurar la imagen y el respeto por la FIFA».