Amaia  U. Lasagabaster
Kazetaria, kirol informazioan espezializatua / Periodista, especializada en información deportiva

Jonas Vingegaard busca la triple corona en un Giro descafeinado

El líder de Visma, ganador de dos Tours y una Vuelta, disputa por primera vez la carrera italiana con el objetivo de unirse a los siete corredores que han ganado las tres grandes vueltas. El ciclismo vasco solo tendrá dos corredores: repite Igor Arrieta y lo disputa por primera vez Markel Beloki.

El rosa que espera vestir rodea a Jonas Vingegaard durante la presentación de equipos del Giro.
El rosa que espera vestir rodea a Jonas Vingegaard durante la presentación de equipos del Giro. (Hristo RUSEV | AFP)

La 109ª edición del Giro echa a rodar este mediodía y por 16ª ocasión el pelotón no dará sus primeras pedaladas en Italia. Esta vez ha sido Bulgaria la que ha sacado la chequera para promocionar su territorio, donde se disputarán las tres primeras etapas. Después, la carrera volará a Calabria y durante tres semanas recorrerá la península itálica de sur a norte para volver atrás y acabar en Roma el 31 de mayo.

Serán, en total, 21 etapas, 3.459 kilómetros y más de 49.000 metros de desnivel acumulado. Tanto número de golpe impone, pero lo cierto es que a este Giro le han pasado la lima. A lo largo y a lo alto.

Apenas hay cuatro etapas que pasen de los 200 kilómetros, frente a las cinco que no llegan a los 150 y otras tres que los superan a duras penas.

En un libro de ruta en el que se echan en falta muchas de las cimas colosales que han escrito la historia del Giro, la antepenúltima etapa encadena dos grandes cumbres dolomíticas: Passo Giau (2.233 metros) y Passo Falzarego (2.105)

Habrá seis llegadas en alto, pero tres serán en jornadas monopuerto y otra, la penúltima etapa, solo incluye dos puertos de 1ª en los cincuenta últimos kilómetros. De los Stelvio, Gavia, Mortirolo, Marmolada y el resto de la larguísima lista de cimas colosales que han escrito la historia de la carrera, solo Giau y Falzarego –los dos únicos puertos por encima de los 2.000 metros que se ascenderán– aparecen esta vez en el libro de ruta, encadenados en la etapa reina, de solo 151 kilómetros. Será un sube y baja continuo y matador pero, con esa distancia, se prevé fácilmente controlable para un líder con un equipo en condiciones a su servicio.

De hecho, provoca más incertidumbre la otra gran cumbre incluida en el recorrido, entre otras cosas porque también será la primera. El próximo viernes, el Giro se enfrentará a su etapa más larga (244 kilómetros), que además concluirá en su primera meta en alto. En el Blockhaus, nada menos. 13,6 kilómetros al 8,4%, en los que Eddy Merckx consiguió su primer triunfo de etapa en el Giro, hace 59 años, aunque aquel año se le escapó la general, que se adjudicó en otras cinco ocasiones. No es una excepción. De los siete ciclistas que han ganado allí, solo Jai Hindley acabó llevándose el Trofeo Senza Fine a casa.

Dos días más tarde, otra etapa monopuerto con llegada a Corno alle Scale. Doce kilómetros de subida final, con un buen tramo por encima del 10% de pendiente y algún pico del 15%. En una edición sin grandes etapas encadenadas, habrá que esperar otros seis días para regresar a la montaña, con una jornada en el precioso Valle de Aosta. Solo 133 kilómetros, que arrancan directamente con el ascenso a Saint Barthelemy, de 1ª, y que en los cincuenta últimos kilómetros incluyen el encadenado Lin Noir-Verrogne y la llegada final a Pila; una ascensión de 16,5 kilómetros con una pendiente media del 7,1% y algún tramo al 11%.

Dos días después, acabará también en alto la 16ª etapa. Cortísima (113 kilómetros), íntegramente en carreteras suizas y casi monopuerto porque desde la segunda subida a Leontica, de 2ª, habrá cuarenta kilómetros hasta acometer el ataque final a los 11,7 kilómetros de Cari.

La etapa reina será la antepenúltima, con 151 kilómetros entre Feltre y Alleghe y 5.000 metros de desnivel positivo apiñados en un centenar de kilómetros. Arrancarán con el Passo Duran (1ª), encadenarán dos segundas y en la traca final se sucederán el Passo Giau (Cima Coppi con sus 2.233 metros), el Paso Falzarego y, tras un descenso de veinte kilómetros, la subida final, corta pero dura, desde Alleghe a Piani di Pezzè. La montaña se despide un día después, con el doble ascenso a Piancavallo, donde acabará la etapa, en los cincuenta últimos kilómetros.

A esas seis jornadas hay que añadirles las habituales etapas rompepiernas, algún final comprometido, los sprints –incluyendo un circuito en Milán y el final en Roma– y una contrarreloj. Completamente llana, se disputará en la 10ª etapa y, con sus 42 kilómetros, será la más larga en una gran vuelta en la última década. 

Todos contra uno 

Será el día de Filippo Ganna, uno de los nombres que aparece en todas las quinielas junto al de su compatriota Jonathan Milan para las llegadas al sprint. Aunque, indudablemente, el que más se repite es el de Jonas Vingegaard. El danés disputará su primer Giro con el objetivo claro de ganarlo y entrar en el restringido club de corredores, apenas siete, que han ganado las tres grandes vueltas por etapas. Con dos Tours, una Vuelta y sin haber bajado del segundo peldaño del podio en seis de las siete grandes vueltas que ha disputado –todas menos la de su debut, cuando fue 105º en la Vuelta–, el líder de Visma quiere añadir su nombre a la lista.

Lo tiene todo a su favor. Una preparación medida, en la que ha ganado las dos carreras que ha disputado (París-Niza y Volta, con etapas incluidas). Un equipo a su lado en el que ya solo con Kuss, Kelderman y Campenaerts se puede ir al fin del mundo con garantías. Un recorrido perfecto para un corredor que contrarrelojea bien y sube mejor y con las medidas exactas para que el danés y su equipo puedan golpear y controlar sin que agoten la gasolina, con el Tour arrancando un mes después de que el Giro llegue a Roma. Y una lista de adversarios en el que, siempre en teoría, ninguno parece capaz de hacerle sombra.

Y eso que hay dos ganadores en la línea de salida, Egan Bernal y Jai Hindley. Pero el colombiano no ha vuelto a ser el mismo desde su grave accidente y, pese a su buen estado de forma, es probable que comparta galones con Thymen Arensman en un Ineos que se moverá entre la caza de etapas y un buen puesto en la general para sus dos hombres fuertes. Hindley también tiene la competencia en casa. Y nunca mejor dicho lo de «en casa», porque la gran esperanza de Red Bull Bora lo es también de la afición local. Giulio Pellizari, 22 años, escalador, sexto el año pasado y reciente ganador del Tour de los Alpes por delante de Bernal, Arensman o Storer, tendrá a toda Italia alentándole.

Vingegaard quiere unirse a los corredores que han ganado las tres grandes vueltas por etapas. Son apenas siete: Jacques Anquetil, Felice Gimondi, Eddy Merckx, Bernard Hinault, Alberto Contador, Vincenzo Nibali y Chris Froome

A falta del último ganador, el inesperadamente retirado Simon Yates, su hermano Adam tratará de darle el relevo, al frente de un UAE que se ha quedado sin Almeida y Del Toro. Le toca liderarlo a un corredor con una amplia experiencia en grandes vueltas –será su 17ª participación– y que fue podio en el Tour hace tres años. Estará escoltado por buenos corredores, entre los que se incluye Igor Arrieta, que repite en el Giro tras la buena actuación en su debut el año pasado.

Será el único corredor vasco en la carrera junto a Markel Beloki, que se estrena en Italia de la mano de EF. Sin Richard Carapaz, su equipo peleará por victorias parciales.

Del resto, habría que hablar más de aspirantes al podio que al triunfo final, aunque en una carrera de tres semanas todo es posible. Sobre todo en Italia, donde han acabado de rosa ciclistas que no salían en ninguna quiniela previa. En esas intentarán andar corredores que ya han rondado el podio en otras grandes carreras, como Felix Gall, Ben O’Connor, Derek Gee, Damiano Caruso, Michael Storer o incluso Enric Mas, que a sus 31 años disputará por primera vez el Giro, liderando un Movistar en el que estará bien arropado.