Iñaki  Soto
GARAko Zuzendaria / Director de GARA

Entre lo incomprensible y lo irresponsable

El consejero Gimeno.
El consejero Gimeno. (Aitor Karasatorre | Foku)

A veces, las cosas se entienden mejor imaginando un contraejemplo. En ese sentido, si Ana Ollo, la consejera de Memoria y Convivencia, Acción Exterior y Euskera del Gobierno de Nafarroa, y militante de Geroa Bai, hubiese decidido que en alguno de sus ámbitos iba a marginar a UGT y UAGN en Sakana, sin consultarlo con sus socios en el Gobierno, Carlos Gimeno hubiera entendido que Ollo estaba actuando con deslealtad y que buscaba provocar una crisis en el acuerdo por el que gobiernan. 

Eso es lo que ha provocado Carlos Gimeno con su propuesta unilateral para cerrar aulas de las ikastolas y las escuelas católicas, en vez de adaptar los ratios a la demografía y a un proyecto pedagógico, como le demanda la comunidad educativa. La comunidad educativa, y la mayoría política y social del herrialde. No es fácil poner de acuerdo en algo a EH Bildu, Geroa Bai, UPN y PP. Agarrarse al reglamento para forzar tener la palabra en el pleno y dedicar su intervención a menospreciar a sus adversarios retrata al personaje y la incapacidad de los suyos para aplacar su ímpetu sectario. 

En la historia reciente de la política navarra tenemos un carrusel de situaciones en las que quien estaba de mano ha terminado hundiéndose por mala cabeza

 

Gimeno es de la escuela política de Keir Starmer. Teniendo una holgada mayoría, un mandato democrático claro y pudiendo hacer políticas públicas en base a su programa y al servicio de la ciudadanía, han decidido dejarse guiar por sus obsesiones y se han pegado un tiro en el pie. En el suyo, y en el de la lehendakari María Chivite, que se empeñó en ponerlo, sabiendo cómo era y cómo lo veía el resto. 

En general, a la pregunta de nuestros compañeros de redacción de otros herrialdes de si los dirigentes navarros son capaces de hacer las cosas tan mal como para poner en riesgo el Gobierno de coalición, los navarros decimos que sí. A la de si lo van a hacer, respondemos que no sabemos. A la de qué pensamos, respondemos que no creemos que lo vayan a hacer. Pero en la historia reciente de la política navarra tenemos un carrusel de situaciones en las que quien estaba de mano ha terminado hundiéndose por la mala cabeza de alguno de sus socios o por maltratar a sus aliados. Le ha ocurrido al PSN, a UPN, a Geroa Bai y a EH Bildu. 

Las comunidades que sufrieron cuarenta años de represión, prohibición y persecución, y otros tantos de discriminación, entienden que el respeto es lo mínimo y demandan responsabilidad. Y prudencia y un poco de mano zurda

 

Sin ir más lejos, en la legislatura del cambio, cuando faltaba más o menos lo que falta ahora para las elecciones, todo indicaba que Uxue Barkos iba a poder seguir gobernando cuatro años más. La implosión de lo que fue el impulso político de Podemos, sus despiadadas cuitas internas, desbarataron la balanza. Así logra María Chivite ser lehendakari, algo que solo ella creía que podía pasar. En aquella época, Joseba Asiron tuvo que expulsar a los representantes de Aranzadi del Gobierno municipal por su falta de lealtad y criterio, algo que las urnas certificaron más tarde. Pero la frágil aritmética que propició aquel cambio se quebró y trajo otro ciclo político, con sus virtudes y sus defectos. 

En Nafarroa, tanto como las ideologías de los partidos operan las comunidades de referencia de las fuerzas políticas. Atacar a las ikastolas es atacar a una de esas comunidades, que en ningún caso son monolíticas, pero sí orgullosas y militantes. Esas comunidades, todas, con sus historias de agravios y luchas, exigen respeto. En concreto, las comunidades que sufrieron cuarenta años de represión, prohibición y persecución, y otros tantos de discriminación, entienden que el respeto es lo mínimo y demandan responsabilidad. Y prudencia y un poco de mano zurda. Hay cosas que no hay que ser navarro para entenderlas.