Amaia Ereñaga
Erredaktorea, kulturan espezializatua

Jasper Johns, más allá de banderas, dianas, números y letras

‘Jasper Johns: Night Driver’, la retrospectiva que el Museo Guggenheim de Bilbo dedica al reconocido artista norteamericano, arranca con sus obras más famosas de juventud, como la bandera ‘customizada’ que pintó en los 50, para mostrar a los artistas que viven dentro de este atípico creador.

La bandera convertida en un objeto, sin identidad política. ¿O sí?
La bandera convertida en un objeto, sin identidad política. ¿O sí? (Gorka RUBIO | FOKU)

En la fotografía que abre el catálogo de la retrospectiva que le dedica el Museo Guggenheim de Bilbo, Jasper Johns (Georgia, EEUU, 1930) posa serio ante uno de sus cuadros, fiel a los calificativos de hermético e intelectual con los que se suele definir su obra artística. Enrique Juncosa, comisario de esta exposición, explica que, en las pocas entrevistas que ha concedido en una trayectoria que se extiende a casi siete décadas, el artista siempre ha respondido con monosílabos: un «sí», un «no» o, a lo sumo, un «puede ser» o un «si usted lo dice...».

Pasas la página del catálogo y ahí está, en el siguiente click de la serie fotográfica, Jasper Johns con un vaso en la mano y, literalmente, partiéndose de risa. Así es también como visualizamos el recorrido por esta retrospectiva, en la que se nos abren ventanas que nos permiten visualizar la evolución creativa de uno de los artistas más celebrados de nuestra época.

Hay que fijarse bien. Siempre hay alguna sorpresa. (Gorka RUBIO / FOKU)

Del 29 de mayo al 19 de octubre, en esta amplia retrospectiva comisariada por Enrique Juncosa, la obra de Johns ocupa seis salas del museo. Son 140 obras, incluyendo pinturas, esculturas, dibujos, grabados, un libro y una escenografía. Se muestran de forma cronológica, porque Johns vuelve a sus temas una y otra vez, casi de forma obsesiva: de un cuadro pueden salir una veintena de dibujos. 

Muchos artistas dentro de uno solo

«La mayoría solo conocemos sus primeros trabajos, los de las banderas, dianas, números y signos que son tan famosos», nos explica Marta Blàvia, curator del museo, antes de que entremos en las salas que acogen esta retrospectiva. «Y a mí me gusta esta retrospectiva, porque aquí encontramos a muchos artistas dentro de un solo artista. Realizó grandes giros estilísticos a lo largo de su trayectoria y su obra no tenía nada que ver en los años 50 o en los 90; cambia totalmente, hasta hacernos plantearnos si es la misma persona». 

Sí que sorprende: una escenografía para danza contemporánea, en plástico y rabiosamente moderna; objetos cotidianos convertidos en esculturas –un cepillo de dientes, dos tostadas de pan...–; de ‘sus’ tres colores –rojo, blanco y azul, con los que jugaba– salta a tonos oscuros absolutos, luego a amarillos o a un morado vibrante; o tantas referencias escondidas en sus cuadros, con elementos autobiográficos o juegos estilísticos. 

Una escenografía rabiosamente moderna. (Gorka RUBIO / FOKU)

Por cierto, Marta Blàvia, catalana y euskaldun, será una de las ‘guías’ de una de las visitas (10 de junio) a la exposición, titulada ‘Visión curatorial’, y Luz Maguregui Urziza (1 de julio) explicará los conceptos clave. Las actividades programadas tienen, en esta ocasión, un interés extra para los visitantes, dado que la ‘cosmología’ artística –por decirlo de alguna manera– de Jasper Johns abarca no solo a las artes plásticas, sino a muchas otras disciplinas como la literatura, la danza o la música. 

No en vano, su grupo de amigos, desde los años cincuenta, lo componían entre otros Robert Rauschenberg, el compositor John Cage o el coreógrafo Merce Cunningham. Juntos renovaron profundamente la escena artística de su país. «Todos tenían ideas semejantes, les interesaba a todos el budismo zen y también esta idea de despojamiento y de falta de ego, totalmente contrario al expresionismo abstracto que imperaba hasta entonces y que era una épica de la masculinidad», ha explicado el comisario.

Rompiendo, jugando, protestando

«En un contexto en que la figuración era una aberración y una abominación, algo horrible, él se ríe de todo esto, al decir: ‘¿No quieres figuración?, pues verás lo que hago’ y, entonces, pinta estos objetos que son completamente banales y a los que no les da ningún sentido simbólico, como, por ejemplo, las banderas», añade.

Pinta varias banderas, algunas totalmente en negro: «La suya es una obra sobre la percepción y la representación, no sobre la identidad americana. Es un juego óptico que no tiene significado político, pero es interesante añadir que, cuando la asociación más importante contraria a la Guerra del Vietnam le pidió un póster, él lo hizo con una bandera que tiene los colores equivocados. Claramente indica que piensa que su país estaba equivocado. Y a mí me consta que no es republicano».

La suya, aunque precursora del pop art y otros movimientos más ‘juguetones’, es una mirada muy culta. Le interesan Cézanne, Picasso... Está, por ejemplo, su interés por el Nobel Samuel Beckett; en la exposición se puede ver el libro que hicieron juntos: el texto iba por un lado, las ilustraciones, por otro. Era cuestión de romperlo todo.

Para ahondar en el mundo del protagonista, la pianista belga Thérèse Malengreau ofrecerá dos conciertos el 24 de septiembre, en la jornada dedicada a su conexión musical; y la coreógrafa Jeannine Steele y el bailarín Liam Francis enseñarán el 3 de octubre su universo creativo relacionado con la danza. 

Seis salas

La retrospectiva nos sitúa en un periodo esencial para el desarrollo del arte y recorre las siete décadas de trayectoria de uno de los artistas fundamentales de la segunda mitad del siglo XX, cuya producción es a la vez profundamente plástica y esencialmente intelectual. En sus creaciones conviven lo cotidiano y lo sublime, la vida y la muerte, la crítica y el humor, lo anatómico y lo cósmico, el juego y la reflexión, y todo ello busca despertar una mirada activa. Alejada de retóricas expresionistas, la obra de Johns se caracteriza por una aproximación irónica y contenida, no exenta de carga emocional, y se considera, asimismo, precursora del minimalismo y del arte conceptual.

«La obra de Jasper Johns siempre es muy complicada», ha reconocido Enrique Juncosa. «Y hay muchas cosas que se ven y otras que no se ven; hay cosas que enseña y cosas que oculta». Bajo el título de ‘Night Driver’, que toma su título del dibujo más conocido del artista, Juncosa ha articulado una exposición cronológica, extendida por nada menos que seis salas de la segunda planta del museo. Es cuestión de dejarse llevar.