Miguel Fernández
Periodista

Cepeda, obligado a acercarse a nuevas opciones para ser investido presidente

El resultado de la primera ronda de los comicios presidenciales deja en una posición de debilidad al candidato del Pacto Histórico. Aunque la remontada es complicada, no es imposible en Colombia: existen opciones que, combinadas, permiten a la izquierda albergar esperanzas.

(Miguel FERNÁNDEZ IBÁÑEZ)

La primera ronda de las elecciones presidenciales ha clarificado el mapa electoral y posicionado al ultraderechista Abelardo de la Espriella como favorito para convertirse en presidente de Colombia el 21 de junio.

Los 10.361.499 votos (43,7%) cosechados, unidos a los que obtendría del uribismo, son un obstáculo difícilmente superable para la izquierda encabezada por el senador Iván Cepeda, que quedó en segundo lugar con 9.688.361 votos (40,9%). Una diferencia de casi tres puntos y 700.000 papeletas que el Pacto Histórico (PH) tratará de remontar en estas tres semanas. Aunque la ecuación es realmente difícil, no es imposible: las opciones pasan por una combinación de factores que ayude a atraer entre dos y tres millones de votantes más.

La primera y más cuantiosa opción es conseguir que se resten los más de 800.000 votos supuestamente registrados con irregularidades y que han llevado al presidente, Gustavo Petro, a asegurar que no reconocerá el resultado electoral de la empresa privada que gestiona el software del conteo.

«Hay dos censos en este momento, el oficial y el del software de los hermanos Bautista, que tiene 800.000 personas más», publicó en X. «Por lo tanto, los resultados vinculantes que el presidente atenderá y aceptará son los de las comisiones escrutadoras dirigidas por los jueces de la República», sentenció. Si bien Cepeda admitió el lunes que no han hallado grandes irregularidades, si el PH logra que se resten algunos de esos votos, que presumiblemente fueron para la ultraderecha, la disputa entre De la Espriella y Cepeda estaría casi en empate técnico.

Como antecedente, las reclamaciones de los partidos funcionan en Colombia: en 2018 tuvieron efectos las impugnaciones del conservador MIRA y, en 2022, el PH consiguió recuperar curules del Senado y cientos de miles de votos. Aunque el proceso es tedioso, y obliga a estar atento a cada mesa electoral, los antecedentes demuestran las imprecisiones del sistema de conteo. Además, y he ahí la gran queja de Petro, la gestión del software pertenece a una empresa privada que no permite el acceso al código ni la auditoría del algoritmo. Esta opacidad ha llevado a Petro a insistir en que el software tiene que pertenecer al Estado. Es decir, todo el proceso tiene que ser público y transparente.

La segunda opción para la remontada pasa por acercarse al centrista Sergio Fajardo, que con un millón de votos (4,2%) demostró que mantenerse firme en unas ideas también da buenos resultados. Es un político que aparece cada cuatro años, lo que le resta argumentos para competir realmente por la Presidencia, pero apuesta por una línea ideológica coherente y constante en la que no se deja llevar por las tendencias políticas.

Ha reiterado varias veces que no tiene nada en común con De la Espriella, aunque habrá que ver cuántos de sus votantes mantendrían el respaldo incondicional en caso de que el centrista anuncie una coalición con Cepeda. Como dato, cuenta con una amalgama de seguidores tan curiosa como contradictoria y crítica: izquierdistas conservadores, cristianos del MIRA o liberales.

La tercera opción de la izquierda pasa por atraer a los votantes de Juan Daniel Oviedo, un economista homosexual que fue elegido candidato a vicepresidente en la lista de la uribista Paloma Valencia. El resultado de esta dupla fue un desastre, con un 6,9% y 1,6 millones de votos, y demostró fallida la táctica centrista del expresidente Álvaro Uribe. Oviedo obtuvo más de un millón de votos en las elecciones sectoriales del centroderecha y, por eso, fue captado por Valencia. Se esperaba que cosechara votos en las ciudades, pero no pudo conseguirlos, mientras que en las zonas rurales conservadoras le penalizó su condición sexual.

Tras conocerse el resultado, compareció ante los medios de comunicación y dejó entrever un cambio de rumbo político al asegurar que no apoyará a un machista homófobo como De la Espriella. Valencia hizo lo contrario, posicionándose en contra de Cepeda. Por lo tanto, la brecha en el Centro Democrático es ya una realidad. Ahora, y teniendo en cuenta que se estima que buena parte de los votos uribistas irían a De la Espriella, lo importante para Cepeda es conocer qué cantidad de papeletas aportó Oviedo al uribismo, que obtuvo 1.600.000 votos.

Y la última opción del PH pasa por convencer a los abstencionistas y esperar a que se retracten algunos de los votantes de De la Espriella. Las dos opciones son posibles, ya que la disputa a dos vueltas permite a ciertas personas jugar con su voto. En cuanto a las abstenciones, la cita del domingo arrojó una participación histórica del 57,8%, tres puntos más que en la misma ronda en 2022. Es probable que De la Espriella haya convencido a todos los ultras, por lo que su caladero es ahora menor, mientras que Cepeda aún puede atraer a nuevos votantes que vean peligrar los avances sociales de los que se benefician.

Además de intentar estas opciones, el candidato del PH ha pasado a la confrontación directa con De la Espriella. Tras conocerse los resultados, Cepeda apuntó al pasado del ultra con el paramilitarismo, y enfatizó que ha cimentado su carrera en el engaño a las personas a las que ha representado y que ha maltratado animales por pura diversión. Es decir, le retrató como si fuera un hombre sin escrúpulos. Una línea de ataque impropia de una persona reflexiva y alejada del populismo, pero la necesidad apremia y la táctica del argumento profundo puede caer a un segundo plano ahora que hay que bajarse al barro político.

Para reflejar los temores del «tigre» ultraderechista, Cepeda le ha retado, además, a un debate, a lo que De la Espriella ha respondido que lo haría solo en la revista “Semana”, dirigida por la también ultraderechista Vicky Dávila.

Más allá de estas opciones que podrían acercar la victoria de la izquierda, la primera vuelta presidencial ha confirmado dos tendencias: la consistencia del PH y la crisis de influencia del uribismo. El PH ha subido de 8,5 a 9,6 millones de votos, siendo la principal fuerza en las regiones costeras y en Bogotá, donde, pese a la victoria, el resultado fue malo. Y en lo que concierne a la crisis del uribista Centro Democrático, si bien es cierto que ha quedado muy tocado, aún no está hundido: al ser la segunda fuerza en el Congreso, tendrá un papel esencial como bisagra obligada para cualquier medida estructural que quiera implementar De la Espriella, cuya formación solo tiene cuatro congresistas.

Asimismo, no se puede descartar que a lo largo de la legislatura se eleven tensiones entre De la Espriella y Uribe, ya que compiten por el mismo votante y el expresidente interpretará el resultado como una amenaza existencial para su influencia, por lo que no se puede descartar que active el modo bélico propio de la supervivencia política.

De esta forma, la recta final de los comicios se aproxima y la sociedad tendrá que decidir entre dos abogados con visiones antagónicas del mundo: Cepeda, de argumento profundo, apuesta por apoyar a las personas desfavorecidas y mantener relaciones bilaterales respetuosas con terceros países, mientras que De la Espriella, de eslogan fácil, promueve el carácter individualista del ser humano y la alianza incondicional con EEUU, país que pretende controlar la región con peones sumisos como el ecuatoriano Daniel Noboa y, puede que pronto, también con el «tigre» colombiano.