La Asamblea Nacional del Poder Popular (ANPP) de Cuba ha aprobado este jueves un paquete de reformas económicas y sociales que liberalizan en parte la economía de la isla y buscan contrarrestar la crisis que sacude a la misma, en un contexto marcado por la presión máxima de Estados Unidos, especialmente por el bloqueo petrolero.
Con el objetivo de «dinamizar» el desarrollo del país y en correspondencia con el Programa Económico y Social para el año 2026, anunciado una semana atrás por el presidente cubano, Miguel Díaz-Canel, estas se apoyan en 23 ejes con 176 transformaciones que integran cambios en el tejido empresarial, con el acento puesto en la modernización de las estructuras productivas y la diversificación de las formas de gestión, entre otras, según ha indicado el primer ministro de la isla, Manuel Marrero, en sesión plenaria extraordinaria.
En la misma ha hablado el propio mandatario cubano, quien en una intervención de cerca de media hora ha aseverado que Cuba «vive las horas más difíciles de este siglo» y que «la realidad impone cambios urgentes necesarios». De hecho, en alusión al bloqueo impuesto por Estados Unidos contra la isla, el mandatario ha mirado de frente a Washington para decirle que «si de verdad quieren ayudar», dejen al país «comerciar, comprar su medicinas, importar su combustible, recibir inversiones, créditos y financiamientos, y relacionarse normalmente con sus emigrados y con el mundo».
No obstante, el líder isleño ha defendido que estas reformas no se están haciendo «por las presiones de los yanquis» sino «de manera soberana» porque, ha anotado, el país ha llegado a un «momento de madurez y reflexión, propio del debate que en todos estos años se ha desarrollado, que nos está diciendo que tenemos que seguir defendiendo el socialismo, pero construyéndolo con algunas transformaciones». Ha hablado de pasar «de resistir a transformar» con el objetivo de «seguir siendo libres» y «vivir mejor». Y ha evocado tanto a Fidel Castro como a Raúl Castro, que apoya estas reformas a sus 95 años.
Alimentación, energía e inversión extranjera
Por otra parte, el jefe de La Habana ha remarcado que la alimentación del país será tratada como un «asunto de seguridad nacional», para lo cual se buscará «acabar con las tierras ociosas». «Cada pedazo de tierra que hoy está cubierto de marabú cuando debería estar produciendo alimentos, tendrá que tener una respuesta clara: o se pone a producir o se entrega a quien esté dispuesto a hacerlo», ha explicado.
Otro de los asuntos claves a que ha hecho referencia del presidente cubano ha sido al de «recuperar la capacidad energética» y reducir la dependencia externa, al tiempo que se aceleran las soluciones descentralizadas, y la incorporación de la energía solar y otras fuentes renovables de energía a la economía nacional.
Para ello, ha precisado, se facilitará la «entrada directa» de empresas extranjeras que suministren paneles, baterías, inversores, soluciones asociadas, «reduciendo intermediarios que encarecen los costos para la población y para el país».
«Ya se eliminaron aranceles a la importación de tecnologías solares, sistemas de almacenamiento y equipos destinados al ahorro energético. Ahora avanzaremos también en la eliminación de impuestos sobre su venta y sobre los servicios vinculados a su instalación y mantenimiento», ha insistido.
«Al que quiera construir con Cuba sin pretender imponerle nada a Cuba, le decimos esta noche con el corazón en la mano, ‘aquí tienes tu casa y aquí tienes la puerta abierta’», ha dicho Díaz-Canel
Con relación al combustible, la Administración cubana ha autorizado la comercialización de combustible por formas de gestión estatal bajo regulación y control del Estado y con márgenes de utilidad «razonables y transparentes».
A renglón seguido, el mandatario ha reivindicado la importancia de contar con bancos «más ágiles, más digitales, más cercanos a la gente y más útiles a quienes producen, exportan, importan, invierten o emprenden, abriendo espacio bajo regulación estricta a instituciones financieras».
En esa línea, Díaz-Canel ha puesto el foco en la inversión extranjera directa en el sector privado cubano, sosteniendo que «todo ciudadano cubano, residente en Cuba o en el exterior que esté interesado en invertir, donar, aportar tecnología, abrir un mercado o levantar un proyecto en el país, contará con un marco claro, estable y respetuoso, al igual que los inversionistas extranjeros».
«Al que quiera construir con Cuba sin pretender imponerle nada a Cuba, le decimos esta noche con el corazón en la mano, ‘aquí tienes tu casa y aquí tienes la puerta abierta’», ha manifestado.

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