«Irán ha transformado el relato del martirio en uno sobre la soberanía y la identidad persa»
Susana Mangana Porteiro es profesora, investigadora y especialista en el mundo árabe-musulmán. Nacida en Gasteiz, ha pasado parte de su vida en el extranjero; trabajó en la embajada española en El Cairo y dirigió la Cátedra Permanente de Islam y Mundo Árabe en la Universidad Católica de Uruguay.

La experta Susana Mangana reflexiona sobre la guerra entre Irán y EEUU, una «guerra por opción», dice, que comenzó por la «decisión unilateral» de Israel y Estados Unidos de atacar a Irán «injustificadamente», con el pretexto «que llevan décadas esgrimiendo» de que el país persa estaba cerca de obtener armas nucleares.
Cuenta que Donald Trump se dejó embaucar por un Benjamin Netanyahu que quería «capitalizar el hartazgo» de la población iraní tras años de protestas contra el régimen. Las últimas, de gran intensidad y con un saldo de miles de muertos, se produjeron en enero de este año. A Estados Unidos e Israel el «experimento», según Mangana, les «ha salido mal».
«Esta máxima presión externa, ejercida unilateralmente con una primacía militar como la de Estados Unidos, provoca un cierre de filas en torno a la bandera, que es lo que ha ocurrido», sentencia la investigadora. A mediados de junio, Irán y EEUU se sentaron a negociar una paz que, semanas después, acabaron por romper.
¿Por qué fallaron las negociaciones entre Estados Unidos e Irán?
Eran unas negociaciones y un memorando de entendimiento muy frágiles desde el inicio, porque hay un clima de desconfianza entre Estados Unidos e Irán que viene de lejos. Irán tiene la certeza de que Estados Unidos no honra los compromisos internacionales, especialmente si está gobernado por un presidente como Donald Trump, que ya en su primer mandato salió del Acuerdo Climático de París y rompió el Acuerdo Nuclear para el que había trabajado más de dos años la administración de Obama.
¿A quién desgasta más esta guerra?
No hay victoria para ninguno de los tres países involucrados, tampoco una derrota total. A Donald Trump le conviene cerrar este capítulo de la manera menos indigna posible, porque se le acercan las elecciones de medio mandato y parece que esto le va a repercutir para mal.
Israel también tiene un proceso electoral en ciernes pero es que, además, la sociedad israelí entiende que su Gobierno está librando una batalla que les pone en la picota. La imagen internacional de Israel está cambiando de víctima a victimario, especialmente en el sur global, por todas las masacres cometidas en Gaza y en Cisjordania contra la población civil. Eso en Euskadi lo entendemos razonablemente bien.
En el caso de Irán, no podemos decir que todo sea victoria. Una cosa es la capacidad de resiliencia que ha demostrado y otra que tiene una economía hecha trizas. La población está pagando el precio de las sanciones, de la inflación, de tener una moneda devaluada… Aún así, han tenido tiempo de prepararse para una situación como la que están viviendo ahora; entonces, la urgencia que tiene Trump de terminar esta guerra no es la misma que la de la República Islámica de Irán.
Irán ha transformado el relato del martirio, centrado en las figuras de los imanes, en uno sobre la soberanía y la defensa de la identidad persa. Los jóvenes que antes salían a protestar siguen teniendo las mismas ansias de libertad, pero no quieren darle alas a los enemigos de su país para que sigan bombardeando sus ciudades y matando civiles.
No hay victoria para ninguno de los tres países involucrados, tampoco una derrota total. A Trump le conviene cerrar este capítulo de la manera menos indigna posible, porque se le acercan las elecciones de medio mandato y parece que esto le va a repercutir para mal.
Entonces, ¿el régimen de Irán ha salido reforzado?
Totalmente, por más que creo que la semilla del cambio está bien plantada en Irán, pero [el régimen de los Ayatolás] no va a caer de un día para otro, entre otras cosas porque durante estas cinco décadas no han estado quietos, han construido una red de alianzas regionales con Rusia, Turquía… Y han aprendido a lidiar con un Occidente que les ha impuesto unas sanciones que paga el pueblo iraní mucho más que el propio régimen.
Los huthíes de Yemen han atacado barcos saudíes, ¿Es una escalada importante?
Los huthíes son un grupo pequeño, es verdad que pueden hacer daño al entorpecer el paso de buques por el estrecho Bab El Mandeb, pero si hay una acción de EEUU el tema se acaba, pero ya. No son una amenaza mundial, tienen incluso menos efectivos que Hizbulah.
Lo que quiere demostrar Irán es que aún tiene una red de alianzas, de peones, que son útiles a su idea de lo que tiene que ser Oriente Medio. Pretende, también, aumentar el costo de la guerra para que sea muy molesta para los países de la región.
En otro frente, Ucrania atacó a un barco iraní en el mar Caspio, según ellos por llevar armas a Rusia. ¿Es posible que Ucrania y Europa se vean arrastradas a esta guerra?
Por ahora no, porque la Unión Europea ha tenido claro, prácticamente desde el principio, que esta era una guerra que no contaba con el aval ni del Congreso estadounidense ni del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, más allá de que les pueda parecer antipático el Gobierno, el régimen, de los ayatolás en Irán.
Al contrario, creo que quieren apostar a desescalar. El problema es que tenemos una Unión Europea muy dividida, muy poco cohesionada en cuanto a cómo reaccionar ante este tipo de guerras. La UE no ha sabido reconocer que con Donald Trump ya se tendrían que haber preparado para un segundo mandato donde el multilateralismo iba a ser pateado, destruido.
El problema es que tenemos una Unión Europea muy dividida, muy poco cohesionada en cuanto a cómo reaccionar ante este tipo de guerras.
¿Por qué Estados Unidos quiere acercar las monarquías del Golfo a Israel? Por ejemplo, al condicionar el pacto nuclear con Arabia Saudí a la firma de los acuerdos de Abraham.
Hay países árabes que están más que dispuestos a firmar los acuerdos de Abraham y la normalización de las relaciones con Israel. Marruecos, Sudán y Bahrein ya los han firmado. Para la administración de EEUU era necesario para proyectos como el «gran acuerdo» de Trump y su yerno Jared Kushner, para crear la riviera de Oriente Medio y otros proyectos inmobiliarios en beneficio de Israel y la élite del «real estate» estadounidense.
Pero si no tienes en cuenta los intereses y las necesidades del pueblo palestino estás dejando de lado a una parte importantísima, la más importante quizás, de este conflicto. Entonces ya nacieron mal esos acuerdos, nunca se llevaron a cabo, como tampoco se va a poder llevar a cabo esa riviera que quieren construir sobre las ruinas de Gaza.
Por otro lado, las monarquías árabes del Golfo han constatado que albergar bases militares estadounidenses no solo no ha disuadido a Irán, sino que les ha convertido en un blanco fácil. Son objeto de la represalia directa para Irán, que ha atacado bases militares [estadounidenses], pero también infraestructura vital, sobre todo energética, en estos países.
Estas monarquías no están quietas, hacen lo que llamamos, en clave de relaciones internacionales, «hedging estratégico». Construyen alianzas con otros países para no depender únicamente de una relación bilateral. No van a soltar la mano de Estados Unidos, pero han comprobado en sus propias carnes que Irán está allí, que es el vecino y que no se va a mudar.
Sobre el Líbano, el Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Derechos Humanos, Volker Türk, ha dicho que Israel podría haber cometido crímenes de guerra en el país, ¿Qué conlleva esto?
Este tipo de acusaciones se hacen, pero después hay que investigarlas y probarlas. Primero hay que entender a qué llamamos crimen de guerra o violación del Derecho humanitario internacional humanitario. Atacar a población civil indefensa y destruir sus viviendas, sobre todo si es con la voluntad de impedir el regreso de esas personas a sus hogares, constituye un crimen de guerra.
Israel abusa del principio de legítima defensa, nadie dice que no pueda defenderse de los ataques de Hizbulah, pero excede ese principio. Invade territorios, expulsa a las personas que allí habitan, dinamita… Hace tierra quemada en aldeas del sur del Líbano. Todo eso constituye crímenes de guerra, igual que ha cometido crímenes de guerra en Gaza y limpieza étnica en Cisjordania.
Eso tiene que ser investigado por el Tribunal Internacional de La Haya sin las presiones constantes y directas que recibe para evitar que se condene a Israel. Benjamin Netanyahu ya fue condenado por el fiscal Karim Han por crímenes de guerra, como un primer ministro genocida. Curiosamente, ahora han logrado sacar a la luz varios trapos sucios para intentar condenar a Han.
Estas últimas semanas se han multiplicado los ataques de colonos israelíes a población palestina en Cisjordania. ¿Por qué ocurre esta escalada?
Hay una connivencia de las Fuerzas Armadas con los colonos. Estos ataques, además, están sirviendo al Gobierno de Netanyahu para amedrentar a la población civil palestina para que huya de sus aldeas. De esta forma se apropia de sus casas, sus tierras, y sigue expandiendo fronteras. Pretende expulsarlos hacia Jordania o Egipto, que emigren y luego no puedan regresar nunca.
Se está perpetrando esta violencia ante los ojos del mundo y no pasa nada. Israel niega los hechos, dice que son los otros los que provocan, que va a investigar cuando luego no investiga y nunca van presos ni detenidos los soldados, que tienen prácticamente categoría de héroe nacional.
Los colonos civiles también van armados.
Y te diría que son los más violentos. Al menos los militares tienen una preparación, pero estos colonos están ideologizados y miran al otro como un enemigo, una cucaracha a la que aplastar. En muchas puertas de casas palestinas, en Hebrón, verás pintadas de «Muerte a los árabes».
Es tristísimo ver el momento de la historia en el que estamos, donde estamos siendo omisos a la idea de defender derechos humanos básicos. Somos tan hipócritas que después no podremos quejarnos cuando otros países quieran hacer lo mismo, sea con Taiwán, Ucrania u otros países que pertenecían a la Unión Soviética.
Es tristísimo ver el momento de la historia en el que estamos, donde estamos siendo omisos a la idea de defender derechos humanos básicos.
Hace poco J.D. Vance admitió que el Gobierno israelí trataba de influenciar la opinión pública estadounidense. ¿Hasta dónde llega la influencia de Israel en EEUU?
En Estados Unidos hay una comunidad judía muy importante y muy bien posicionada, pero también hay lobbies sionistas israelís. El AIPAC (Comité Estadounidense-Israelí de Asuntos Públicos) pone constantemente dinero en la mesa de senadores y personas influyentes para captar votos y doblegar voluntades políticas.
Buscan que no se adopten medidas con ninguna administración estadounidense, sea demócrata o republicana, que puedan limitar la capacidad de Israel de seguir expandiendo su geografía o vulnerando derechos humanos, porque los palestinos son tan humanos como los estadounidenses y los israelíes, por más que se haya hecho una demonización de la identidad y del pueblo palestino.
Entonces, es positivo que esto salga a la luz ahora, pero no podemos caer en el engaño de creer que la política exterior de Estados Unidos respecto a Israel va a cambiar. Yo no lo creo.
¿Qué opinan los ciudadanos israelíes del conflicto?
No podemos hacer tabla rasa y pensar que todos los israelíes piensan igual, pero yo creo que, mayoritariamente, la opinión pública es favorable a lo que hace su Gobierno, porque si no ya lo habrían tumbado. Es una sociedad activa, vibrante, que conoce de derechos, de democracia… Pero cuidado, Israel no es una democracia, es una etnocracia, hay democracia para los judíos y hebreos.
Además, hay una línea roja para los israelíes, que es la seguridad. Todo lo que tenga que ver con la seguridad y la existencia de Israel es una línea roja, no se cruza. Cuando se habla de ello ya no hay pensamiento crítico.
Cuidado, Israel no es una democracia, es una etnocracia, hay democracia para los judíos y hebreos.
Claro que también hay agrupaciones de la sociedad civil israelí que luchan por los derechos humanos en general, también los de los palestinos, pero no son mayoría. Por ejemplo, Standing Together o Breaking the Silence, una ONG que recoge testimonios de ex combatientes israelíes que pudieron ver cómo se cometían tropelías, crímenes… contra población palestina para doblegar su voluntad.
Estos movimientos, de momento minoritarios, ¿pueden coger fuerza en el medio plazo?
No veo que la opinión pública israelí vaya a cambiar por ahora, porque es un pueblo que está contaminado por una narrativa falaz que les revictimiza constantemente con el holocausto. Les hace ver que todo lo que hace es en clave de seguridad, de amenaza, desde muy jóvenes.
No hay una acción mancomunada de la Unión Europea y de otros países en Occidente para sentarse con Israel y hacerle ver, de verdad, que el camino de impunidad absoluta que reclama es insostenible.

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