Aritz Intxusta
Redactor de actualidad

Una almadía en el viaje al pasado del Orhipean

Otsagabia da un paso atrás de cien años durante un fin de semana. Los vecinos se reparten oficios, papeles y tareas para representar la vida a inicios del siglo pasado. Unos lo hacen por pasarlo bien y, simplemente, por el «pueblo». Otros se suman al auzolan por «preservar las raíces». 

No faltó la comida en Otsagabia.
No faltó la comida en Otsagabia. (Jagoba MANTEROLA | FOKU)

El Orhipean de Otsagabia se ha convertido en una de las fiestas más singulares de Nafarroa, además una de las más espectaculares. El pueblo, en el que están empadronadas unas 500 personas, es uno de los más bonitos y mejor conservados del herrialde. El último fin de semana de agosto, cuando todavía no ha desaparecido el pico de habitantes del verano, la localidad retrocede un siglo.

Orhipean, o fiesta de los oficios, es un auzolan en el que los vecinos se visten como antaño y recrean cómo era la vida al pie de la selva del Irati y en el valle de Zaraitzu. Cada uno se implica tanto como puede para lograrlo.

«Esto empezó hace más de 25 años. Entonces yo tenía los hijos muy pequeños y solo me paseaba de un lado al otro con un traje de época. ¡Bastante tenía yo esos años con vestirme con la guerra que me daban!», cuenta Arantxa Carrero.

Hoy, ella es la que se encarga de las lavanderas del río, uno de los espectáculos que más llaman la atención. «La idea principal es que todo quede bien bonito –detalla–. Tenemos seis o siete cajones para frotar la ropa y que esté bonito implica que hay que usarlos todos. Lo mismo vale para los tendederos, que han de estar llenos. Eso es lo que luce».

A Carrero casi hasta le sorprende la pregunta. «¿Que por qué lo hago? Pues por el pueblo, claro. Esto es para contribuir a que la gente esté contenta y nada más. Cuanto mejor sale, más contentos».

No son tantas vecinas y mantener la ilusión inicial durante tres décadas o implicar a las nuevas generaciones cuesta. «Son tres turnos y además largos, para que haya gente lavando desde las 9.30 hasta las 14.30. Eso supone una docena de voluntarias. Varias que han venido tienen 15 años. Mis lavanderas son estupendas». 

Jagoba MANTEROLA/FOKU

Santi Goientexe es uno de los organizadores. «La idea es recrear la vida a inicios del año 1900. Revivir los oficios, el esquile, el hilado de la lana o cómo se guardaban las lekas implica entender cómo era la vida entonces en el pueblo y, en consecuencia, qué raíces tenemos. Supongo que lo hacemos por eso».

Goienetxe, a quien le tocaba coordinar personas, cabras, ovejas y vacas por el barrio de la Urrutia, está orgulloso de que este año, además de todo lo de siempre (del dentista-barbero, del pregonero, de las lavanderas, de la escuela…) también se construya una almadía en directo.

«Hoy cuesta imaginar que bajaran por este río almadías con los troncos de árboles cortados el el Irati, pero lo hacían. El caudal que ahora tiene el Anduña no lo permite, pero ahí están las fotos que muestran esos descensos».

El organizador también destaca cómo se preparan durante la fiesta tejados «de tabletilla» (tejas de madera), que ya solo la iglesia y un puñadode casas conservan.

Todos los tejados de las casas de Otsagabia impresionan, pues en el extremo alto son picudos, pero luego esa pendiente inicial se va suavizando conforme se acerca al alero.

Esta forma combada tiene su razón de ser, ya que así se retiene la nieve en el último tramo y no cae a plomo. Hoy este diseño se ha cambiado por agujas en el alero que rompen las placas de nieve.

Aun así, en la última reparación de la ermita de la Virgen de las Nieves, que ya se encuentra en lo profundo de la selva del Irati, se ha reparado el tejado con comba y se ha mantenido la tabletilla.

«Hoy cuesta imaginar que por este río bajaran almadías, pero lo hacían. Ahí están las fotos que lo demuestran», afirma Santi Goienetxe

El dentista y la escuela

No son pocos los vecinos de otras localidades de Zaraitzu que se animan a viajar en el tiempo. Uno es Patxi Samper, de Ezkarotze, quien de habitual se convierte en el dentista-barbero, oficio que este año abandona por el papel de Mayordomo de Muskilda.

«Tengo mucha relación con Otsagabia por amigos y por trabajo. Pero supongo que sobre todo subo porque me gustan estas cosas y porque me lo paso muy bien», confiesa.

Jagoba MANTEROLA/FOKU

«De dentista barbero hice durante quince años, pero es un papel que me tocó porque me tocó», relata. Conoce bien el origen de las prótesis dentales y esos instrumentos odontológicos que parecen de tortura. «Vienen de un dentista oriundo de Otsagabia. Hay un torno que es de 1910», precisa. Las sillas, indica, vienen de una barbería de los años 50.

Uno de los espacios que más recuerdos despierta a los visitantes –muchos de ellos, de tortazos– es la escuela. Ahí la referente es Lourdes Goienetxe, que este año ha cedido la regla y el borrador de maestra a Garazi Rolán. A los chicos imparte clase Jaime Elizondo.

«Usamos pizarrines y preparamos temas de matemáticas, doctrina, geografía o lengua», expone Goienetxe. «Críos habrá una docena, no tenemos mucho espacio aquí. Además, en aquella época había muchas ausencias, porque había que ayudar al padre o a la madre. Eso lo representamos pasando lista».

La escuela rescata aquella terrible disciplina de la letra que entra con sangre, aunque a los actuales alumnos digan que «les recuerda a Harry Potter». Su internet vuelve a ser una gruesa enciclopedia.

También representan cómo, cada día, un alumno debía llevar la leña para alimentar la estufa de clase, so pena de recibir un castigo severo.

«Yo creo –reflexiona la responsable de la escuela– que la verdadera lección del Orhipean pasa por aprender a valorar todo lo que hoy tenemos con respecto a lo poco que se tuvo entonces».