Brasil decide si la extrema derecha pone fin a la era de Lula
La segunda vuelta podría devolver al Planalto al clan Bolsonaro en versión más radical y acabaría con la vida política del histórico líder Lula da Silva. Las encuestas dan una ligera ventaja del opositor aunque dentro del empate técnico. Masivas protestas en todo Brasil contra la ultraderecha.

Millones en Sao Paulo y Rio de Janeiro. Centenares de miles en Belo Horizonte, Bahía, Porto Alegre y Curitiba. Las manifestaciones a favor de la candidatura de Lula da Silva que se han convocado desde la primera vuelta electoral son consideradas las más masivas en décadas. Son, especialmente, en contra del regreso de la extrema derecha al Gobierno.
Los datos de la principal encuestadora no son aptos para cardíacos: Flavio Bolsonaro obtiene 47% de las preferencias y Lula da Silva 46%, si se excluyen los votos blancos nulos e indecisos, ambos empatan en 50%. El error técnico es de 2 puntos por lo que todo puede pasar este domingo en una elección con 158 millones de electores en un territorio 16 veces el Estado español.
Dos elementos clave que juegan a favor del líder del PT: su coalición es más transversal (lo apoya toda la izquierda y partidos de centroderecha democrática en el frente electoral más grande de la historia brasileña) y, segundo, en un país presidencialista los electores pueden ver con temor que el hijo del expresidente llegue al Planalto con los partidos que lo apoyan sumando mayoría en ambas cámaras (63% en Senado y 55% en el Congreso).
A favor de la ultraderecha es que Ronaldo Caiado y Augusto Cury, dos de los otros tres candidatos (que en primera vuelta obtuvieron en torno al 2% cada uno) han expresado su apoyo a Bolsonaron, mientras que el tercero, Renan Santos, se ha pronunciado neutral.
La campaña ha sido vigorizada por los dos debates presidenciales (no hubo en la primera vuelta), con récord de audiencia en ambos. «En el primer debate, que lo ganó Lula por poco según los estudios que hicieron colegas, Bolsonaro encendió algunas alarmas, se mostró violento, un estilo como el de Trump con Hillary Clinton en 2016 y eso no ha gustado, no fue presidencial, fue visto como infantil», explica a GARA el politólogo e investigador paulista Beto Vasques.
Golpe de efecto de Lula
En la última semana Lula ha hecho un golpe de efecto, liberalizando sus datos fiscales y telefónicos al Supremo y al Tribunal Electoral (los entregó en persona) y ha retado a Bolsonaro a que haga lo mismo, a lo que él se ha negado. La percepción de un clan al margen de la ley lo persigue, no solo porque su padre está preso por liderar un intento de golpe de Estado sino porque el candidato ha dicho que si gana es el expresidente el que le tomará juramento, dando a entender que lo indultará.
Sobre lo ajustado de las encuestas, Vasques reflexiona: «En la universidad estoy trabajando un concepto: Brasil desde los comicios de 2022 entró en una homeostasis demoscópica, es decir, como un cuerpo, mantiene una estabilidad y equilibrio dinámicos, el país está partido al medio con una horquilla de 2% de diferencia entre el antipetismo y el anti-antipetismo, hegemonizados por el bolsonarismo y el lulismo».
Ante este empate, «cada detalle cuenta y lo que definirá será la agenda factual, el poder de los medios, y sobre todo cómo haya impactado el último debate de este viernes, que puede ser decisivo» y señala datos que ha dejado la primera vuelta: «Comparado con 2022, Lula ganó con menor margen en el Nordeste y en las ciudades del interior la extrema derecha tuvo sus mejores resultados en ese ‘cinturón agrario’, que va desde el suroeste al noroeste y tiene rasgos culturales distintos porque es donde mayor crecimiento de PIB se registra y más empleo hay; y otro dato es que en las tres mayores ciudades a Flavio le fue mejor que a su padre».
Los ultras llegan a su mejor momento electoral en un Brasil con la economía en marcha y un Lula moderado. «Un gobierno como el de Lula hace 10 años hubiera ganado en primera vuelta, esto es absurdo. Y esto no es como Argentina porque Brasil ya probó a Bolsonaro y a pesar de todo la gente vota a su hijo, que es su versión empeorada. Solo se explica porque los medios y las redes han reventado la cabeza de la gente en un proceso sofisticado de manipulación de masas».

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