20 de febrero, Día Mundial de la Justicia Social
Hoy hay grandes obstáculos para que haya una mayor integración y una participación plena de los países en desarrollo en la economía mundial. Es la realidad
La Organización Internacional del Trabajo (OIT) adoptó por unanimidad la Declaración de la OIT sobre la Justicia Social el 10 de junio de 2008. Era la tercera declaración de principios y políticas de gran importancia de la Conferencia Internacional del Trabajo desde la Constitución de la OIT en 1919. Es heredera de la Declaración de Filadelfia, de 1944, y de la Declaración de la OIT respecto a los principios y derechos fundamentales en el trabajo de 1998. La Declaración de 2008 expresa la visión moderna del mandato de la OIT en esta era de la globalización. Y el 26 de noviembre de 2007, se decide que el 20 de febrero de cada año se celebrará el Día Mundial de la Justicia Social.
Y todo esto nos toca muy de cerca, porque no hay sociedad cohesionada y justa sin Justicia Social, sin que se precie el artículo primero de la Declaración Universal de Derechos Humanos que dice que: ”Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos y, dotados como están de razón y conciencia deben comportarse fraternalmente los unos con los otros”, no hay cristianismo sin los artículos 22, 23, 24 y 25 que hablan de derechos económicos, sociales y culturales, indispensables a su dignidad y al libre desarrollo de su personalidad.
Estos artículos hablan de condiciones de trabajo, de igualdad de género, de salarios dignos, de una existencia económica conforme a la dignidad humana, hablan de las condiciones de ese trabajo, del derecho a sindicarse, incluso de vacaciones, del derecho a la salud, a la vivienda, a la salud y servicios sociales etc. No hay sociedad justa que se precie sin DDHH, sin derechos laborales y condiciones de trabajo dignos, sin su dimensión social. Tenemos un reto, nada fácil, se trata de reconocer, que el desarrollo y la justicia social son indispensables para la dignidad de la persona, indispensables para la consecución y el mantenimiento de la paz y que el desarrollo social y la justicia social no pueden alcanzarse si no hay paz, y si no se respetan todos los DDHH y las libertades fundamentales de todas las personas. Todos y para todas.
Hoy, año 2023, la llamada globalización y las interdependencias geopolíticas, políticas, financiera y económicas están abriendo nuevas oportunidades, nuevos retos, nuevos peligros, insospechadas nuevas tecnologías de la información, nuevas rutas del comercio, desconocidas corrientes de inversión y capital, nuevas condiciones para el crecimiento de la economía mundial y el desarrollo y la mejora del nivel de vida en todo el mundo y de cada persona. Al mismo tiempo persisten problemas graves, como graves crisis financieras, económicas, geopolíticas, inseguridad, pobreza, exclusión y desigualdad en el seno de las sociedades. Incluso esclavitud.
Hoy hay grandes obstáculos para que haya una mayor integración y una participación plena de los países en desarrollo en la economía mundial. Es la realidad. Los y las inmigrantes apelan a nuestra conciencia. Deberíamos, especialmente cristianos y cristianas, mirar con especial afecto y atención a aquellas personas que buscando una vida digna mejor se lanzan a la aventura de una vida mejor, nada que perder y algo que ganar. Jesús miraría con afecto práctico y responsabilidad ejercida a lo que hoy llamamos emigrantes. Nos deberíamos indignar al verlos morir ahogados en la mar o apaleados en las vallas asesinas de las fronteras. Ser cristiano, practicar lo que hizo aquel buen samaritano, es hacer frente a estos nuevos retos con solidaridad, fraternidad, empatía y rebeldía. Tal como lo hizo aquel Jesús de Nazaret que hoy seguro, nos recordaría que no hay Cristianismo sin Justicia Social. El testigo está en nuestras manos. Sí, Justicia Social.