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Babieca trota sin jinete

Es evidente que a los actuales dirigentes no les agrada escucharlo, pero es cierto que, desde los tiempos de José María Aznar, la derecha española carece de un líder, y no lo encuentra.

20/03/2020

Es probable que quienes tengan la fortuna de mantenerse en pie, una vez superadas las terribles consecuencias de este azote planetario al que llaman Covid-19, se encuentren con que su entorno, su país, no son exactamente como eran.

Quizá sean las reglas de juego las que deban adaptarse a la nueva situación, o acaso sean las personas que sigan en el juego, no lo sé. De todas formas, no creo que se necesiten muchas generaciones, para que el mundo se enfrente a los mismos problemas y deficiencias, a los mismos «valores de siempre».

Nosotros no lo hemos conocido, pero no hace tanto, millones de europeos huyeron del hambre, y arribaron en el continente americano. Son circunstancias severas, duras, pero sin duda superables. Así pues, el proceso en este planeta, para bien y para mal, para vivir y para matar, es imparable.

La actual situación, por grave que sea –que lo es– no es sino otro capítulo, porque nuestra situación puede parecernos única, pero no lo es en absoluto. La gran pandemia de hoy mismo, como la peste de 1665, como cualquier otra, no distingue fronteras. Es sin duda un fenómeno propio de la globalización, que quizá algunos juzgarán propia de la «modernidad» pero en realidad es cosa de siempre.

Así pues, no debiera extrañarnos que, aún inmersos en la vorágine informativa de contaminados y fallecidos, algunos se preparen afanosamente, cara al futuro, tratando de mejorar su posición, mirando a La Moncloa. Me parece lógico.

En esta línea, vengo observando que personas-personajes provenientes de diversos sectores profesionales, y con mayor o menor prestigio, vienen pronunciándose públicamente, con la inestimable intención de «construir» una alternativa a lo que de manera más o menos voluntarista viene en llamarse «derecha democrática española».

Para ello son necesarios, además de ideólogos-teóricos con el carácter y carisma necesarios, personas a las que promocionar. No sólo dispuestas, también con un perfil definido que desde hace muchos años no se vislumbra en su entorno.

Recuerdo que, ante situaciones similares, un viejo amigo de Laudio al que cariñosamente llamábamos «Kanas», solía decir: «Son mozalbetes que desprecian ser útiles, sólo buscan ser importantes». No le faltaba razón.

Es evidente que a los actuales dirigentes no les agrada escucharlo, pero es cierto que, desde los tiempos de José María Aznar, la derecha española carece de un líder, y no lo encuentra. Seguramente lo tienen bien definido, pero ni el «gallego de los hilitos de txapapote»» ni el mozalbete actual, sirven para llenar el traje. Esa es la razón, la ineptitud de la dirección actual del Partido Popular, lo que a los ideólogos-teóricos citados, les motiva a impulsar un cambio. Tratan de reconducir la deriva impuesta por una generación de «mozos de cuadra» –que a falta de jinetes– se han instalado en el pináculo de la derecha española.

Mozos de cuadra sí, basta con tocar el timbre en Génova, pero un jinete apropiado para «su» Babieca no, y no será fácil.

Citados los ideólogos, debo añadir, que he leído y analizado sus trabajos y como es lógico cada uno vierte sus intenciones allá donde más conocimiento puede aportar. Los hay que son eclesiásticos, también economistas, ingenieros, catedráticos, escritores, incluso militares.

Entiendo que el lector quizá esperase mi opinión respecto al «fuego cruzado» que se está dando entre quienes están obligados a tomar decisiones y quienes, a la espera de su presunta escasa eficacia, preparan sus caninos para morder.

Pero hoy no ese el mi camino, en esta ocasión creo que una atenta mirada a quienes están llamados a «rearmar» la derecha española, es más interesante. Porque quienes han tomado esa decisión, además de necesarios para huir de la corrupción estructurada, pueden «descabalgar» a la pléyade de «listos», que aún hoy, continúan guardando en el cajón, lo que no es suyo.

Es innegable que estos ideólogos-teóricos, poco se parecen a los que yo he tenido como compañeros durante años. Aquellos que son capaces de «desmigar» una idea, aquellos que, a partir de las conclusiones de un debate, son capaces de desarrollar un proyecto hasta que culmina en una praxis defendible políticamente.

En mi opinión, sólo así puede superarse al nacional populismo hoy emergente, gestor de una sociedad engañada, ya que, aunque la falta de proyecto del PP y su indisimulada búsqueda del pasado, pueda inducir a creer lo contrario, lo cierto es que Francisco Franco desapareció hace muchas décadas.

No se han enterado que hemos cambiado de siglo y que la primavera de 2020 camina inexorable, sin que, en el Estado español, nadie se haya atrevido a saldar la cuenta pendiente. La más importante de todas las cuentas pendientes; la reconsideración objetiva, distanciada y crítica sobre una «transición» que lejos de abandonar la dictadura franquista y abrir las puertas a la democracia, lo que consiguió fue sentar las bases del colonialismo moderno.

Uno de los ingredientes básicos en los que se apoya el fraude es el exceso de «orgullo nacional» que –paradójicamente– niegan todas las familias políticas españolas. Es un sentimiento muy arraigado que recuerda las pretensiones universales de antaño, y que, si alguna vez reconocen las brutalidades de la propia tribu, siempre es para acabar justificándolas ideológicamente.

Espero que la derecha española encuentre lo que, desde hace mucho necesita, un jinete demócrata para su «viejo y cansado Babieca».

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