Amets Jauregizar Baraiazarra
Alcaldesa de Bakio

Bakio, es hora de diseñar nuestro futuro

Dicen que el secreto del cambio es enfocar toda la energía, no en luchar contra lo viejo, sino en construir lo nuevo. Podemos decir que en Bakio llevamos un año y medio trabajando por dibujar el futuro de nuestro pueblo con una letra distinta y basada en tres ejes: la transparencia, el empoderamiento popular y la sostenibilidad. Entendiendo la sostenibilidad como el modelo de gestión que no condicione el futuro de las próximas generaciones.

La verdad, viniendo de Bakio, esto no parece tarea fácil. Cualquiera que lea esta carta, se acordará de los titulares de tantos medios de comunicación que alarmaban de un pueblo en quiebra económica y con un futuro incierto por haber convertido toda la tierra fértil en urbanizable dejando el futuro del pueblo al albor de las inmobiliarias y constructoras. De aquellos barros estos lodos.

Actualmente nos encontramos ante dos retos: el reto de coser lo descosido y el reto de dibujar el futuro con la gente.

Es difícil hacer un planteamiento general para coser lo descosido. Tenemos que tener en cuenta que lo tenemos que hacer en términos urbanísticos y en términos humanos. Urbanísticamente, tenemos un pueblo sin cohesión, con sectores a medio hacer y constructoras en cola esperando el visto bueno para empezar a desarrollar sectores independientes, sin orden. Nos hemos dado cuenta que el urbanismo proveniente de la burbuja es frío, calculador e interesado. Pero en esta mesa se habla en términos políticos, y nuestro papel es firme y sabemos cuál es nuestra labor: hacer pueblo.

El lado humano es el complicado, el desconocido y el que no se solventa en términos políticos. Entra en juego un factor confuso: el sentimiento. Poco se habla de las consecuencias humanas de la burbuja. De todas esas personas a las que les prometieron una jubilación anticipada, una vida de lujo o la solución de su vida. Y se encuentran con una deuda estratosférica, sin tierra y sin ese piso que les prometieron. O todas esas personas que obligadas han tenido que entrar en el juego porque la constructora consiguió el porcentaje que necesitaba para desarrollar el sector. Y ese humo que nos vendieron se convierte en gastos de urbanización, gastos de gestión… suma y sigue. Que sabio es el refranero cuando dice: nadie da duros por pesetas.

Y mientras tanto, se habla, se juzga... se desconoce. Y así se alimenta la burbuja, con el silencio y la pasividad. Pero nosotras tenemos una labor desde las instituciones, ya que no podemos seguir alimentando este silencio, como si nada pasara. Tenemos que coser lo descosido en términos humanos, y trabajando por los intereses de las personas y del pueblo. Haciendo pedagogía, y educando en otros valores, en otra forma de hacer urbanismo, en la importancia de hacer pueblo.

El segundo reto al que nos enfrentamos en Bakio, es el siguiente: dibujar el futuro con la gente. Coger las riendas de nuestro futuro y dibujar la estrategia para conseguir un Bakio vivo y sostenible. Tenemos la responsabilidad de hacer urbanismo siendo leales con el territorio y con la comunidad. Escapando de la trampa puramente inmobiliaria y poniendo las decisiones urbanísticas al servicio de la visión estratégica del pueblo. Para ello se ha puesto en marcha un proceso participativo y abierto para debatir, reflexionar y tomar las decisiones sobre nuestro futuro. Un proceso plural donde todas las opiniones tienen que ser debatidas para entre todas llegar a definir nuestro futuro. Sin dogmas, ni verdades absolutas. Un proceso necesario para que nuestra sociedad haga frente a este momento histórico. Ese momento donde Bakio cambia de rumbo, apostando por las personas y las decisiones colectivas.

Somos conscientes de la dificultad de nuestros retos, la dificultad de coser lo descosido mientras construimos el futuro con la gente. Dos procesos paralelos que se retroalimentan y muchas veces se contradicen. Pero como decía Nelson Mandela, debemos usar el tiempo sabiamente y darnos cuenta que siempre es el momento oportuno para hacer las cosas bien.

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