Secretario General de la UPADD (Unidad Progresista de Apoyo a la Discapacidad y la Dependencia)
Contra el borrado de la discapacidad

Como vemos, la problemática del postmodernismo afecta a varias realidades. Así, en el mejor de los casos, podemos hablar de la buena intención de una izquierda idealista que piensa que se llega a la igualdad ignorando la realidad y sustituyéndola por su propia realidad ideal.

10/07/2020

En los últimos tiempos varias iniciativas sociales en forma de plataformas han llamado mi atención, mi apoyo y el de mi asociación. Iniciativas que surgen del feminismo y del movimiento de personas con discapacidad y sus familias. Iniciativas diferentes en sus objetivos, e incluso en el sector de población al que representan, pero que confluyen en una idea: Impedir el borrado de conceptos que permiten las luchas y las políticas específicas de realidades concretas, en un alejamiento intencionado de conceptos como materialismo, conflicto o empirocriticismo e imponiendo un neoidealismo al servicio de lo que podríamos llamar el «neoliberalismo del deseo». Me explico.

La primera iniciativa que contó con nuestro apoyo fue la Plataforma Mujeres por la Abolición, que apuesta por la abolición de la prostitución y la pornografía. En este sentido, desde la UPADD (Unidad Progresista de Apoyo a la Discapacidad la Dependencia), apoyamos esta causa ya que no creemos que el sexo sea un derecho, ni siquiera una necesidad real, sino un deseo. Para nosotras y nosotros, el sexo es una actividad placentera y beneficiosa, pero no se puede realizar sin el consentimiento y el deseo de ambas partes. Este consentimiento y este deseo, evidentemente, se ven viciados cuando una de las partes, (en la inmensa mayoría de los casos las mujeres), está en una situación socioeconómica que la obliga a cobrar por mantener sexo y otra parte, (en su inmensa mayoría hombres), tienen que pagar para obtener sexo.

Creemos que, en el caso de la asistencia sexual, (prostitución adaptada y subvencionada), esto es insultante para ambas partes. Por un lado, se utiliza la necesidad económica de una mujer para poder acceder su cuerpo sin tener en cuenta su deseo, deshumanizándola y objetivándola. Por otro lado, es insultante para la persona con discapacidad, (insisto, en casi la totalidad de los casos hombres), ya que se parte del mito del impulso sexual irrefrenable del varón; y por otro lado, se parte de la idea falsa de que el hombre con discapacidad no puede resultar atractivo para una mujer sino es pagando.

Por todo ello, la UPADD se declaró oficialmente feminista y abolicionista de la prostitución y se unió a todas las acciones y textos abolicionistas, introduciendo, a su vez, una referencia a la asistencia sexual como forma de prostitución.

Otra causa que ha apoyado la UPADD es la iniciativa de la periodista con discapacidad Viky Bendito para sustituir el término «minusválido», por el concepto «persona con discapacidad» en la Constitución del 78. A parte de lo evidentemente impropio del concepto de «minusvalía», lo que más nos interesa en esta argumentación es el rechazo de Bendito al concepto «diversidad funcional». Como ya he dicho en varias de mis columnas, el término «diversidad funcional» literalmente borra la discapacidad.

Si todas las personas somos diversas nuestra características físicas, orgánicas, intelectuales y sensoriales se borran. Los problemas emocionales, psicológicos y sanitarios, que generan esas características para llevar acabo una vida digna se ignoran, llamando patologizante a aquellas personas que llaman la atención sobre esos problemas; también se ignoran las dificultades objetivas que nuestras discapacidades nos provocan, dificultades objetivas que no dependen de un prejuicio social propiamente dicho, sino de unas características físicas, orgánicas, intelectuales y sensoriales totalmente objetivas que, en una sociedad en la que e 90% de las personas no las tienen, generan una desventaja objetiva que necesita unas políticas concretas. Y lo que es peor, esa visión totalmente social, ignora las enfermedades que generan esas discapacidades, con las complicaciones sanitarias que esa actitud puede generar.

La tercera causa con la que simpatizamos es la de la «Plataforma Inclusiva sí, Especial también». A grandes rasgos, esta plataforma denuncia la tendencia del CERMI (Comité Estatal de Representantes de Personas con Discapacidad), de eliminar la Educación Especial. Por supuesto, este apoyo le damos con las reservas debidas para evitar una utilización de la derecha mediática, social y política.

En nuestra opinión, como reza el punto 6 de nuestro Decálogo de propuestas (https://www.asociacionupadd.org/dec%C3%A1logo-de-pol%C3%ADticas-sociales-de-la-upadd ):

«Para algunas personas con discapacidad esta última, [la Educación Especial], representa el paso previo necesario para la inclusión. Con respecto a la atención temprana de los menores, es necesario que no se corte a los seis años de edad. Deben recibir estos servicios todo el tiempo que lo necesiten. En relación con la educación añadimos que sería necesario que todos los colegios contasen con una persona con conocimientos de enfermería para atender a los niños y niñas con diabetes tipo uno o con otras discapacidades que requieran cuidados sanitarios periódicos».

La cuarta causa que abrazamos es la de La Alianza contra el Borrado de las Mujeres que presentará alegaciones al Anteproyecto de Ley Orgánica de Garantía Integral de la Libertad Sexual. Sus principales reivindicaciones son: denuncian como injustificable la omisión de la violencia prostitucional contra las mujeres; acusan al Ministerio de seguir las estrategias recomendadas por lobistas para introducir nuevos conceptos jurídicos que ponen en cuestión los derechos de las mujeres basados en el sexo y la Alianza Contra el Borrado de las Mujeres solicitará una entrevista con todos los grupos parlamentarios para alertarlos sobre cómo afecta el proyecto de ley a los derechos de las mujeres.

Se puede ampliar la información en este enlace: https://tribunafeminista.elplural.com/2020/06/alianza-contra-el-borrado-de-las-mujeres-alerta-de-que-la-confusion-entre-sexo-y-genero-en-el-anteproyecto-crea-indefension-para-las-mujeres-y-socava-la-lucha/

Apoyamos esta Alianza en primer lugar por lo dicho anteriormente sobre la asistencia sexual, que coincide plenamente con el primer argumento.

En segundo lugar, apoyamos la idea de que hay una realidad biológica objetiva que marca las vidas de determinados grupos de personas. En el caso de las mujeres, del 51% de la población. Concretamente, en el caso de las mujeres con discapacidad, pedimos en el punto 4 de la agenda feminista, incluida en nuestro Decálogo, por ejemplo:

«Revisión con perspectiva feminista del Real Decreto 1971/1999 que regula el acceso a los grados de discapacidad. Hay enfermedades históricamente invisibles por su mayor prevalencia femenina. Es el caso de la endometriosis, la fibromialgia y la esclerosis múltiple. Pedimos que se reciba el 33% automático de discapacidad por tener el diagnóstico o, como mínimo, que estas enfermedades figuren en el Decreto con nombre propio y con una regulación que facilite la obtención del grado, actualmente casi inalcanzable».

Todas esas causas afectan a realidades diferentes, pero, en todas ellas vemos estas características comunes:

En primer lugar, se ignora la realidad de un grupo de población y, como rezan los modelos Social y de Vida Independiente, la realidad psicológica y biológica es sustituida por una construcción social ambigua y teórica que nada tiene que ver con la realidad. De este modo, queda anulado todo intento de definición de una problemática y por ende la búsqueda de soluciones reales y radicales, que vayan a la raíz de los problemas. A consecuencia de esto, se eliminarán todas las políticas específicas para esos grupos de personas, sustituyéndolas por un discurso amable y totalmente inútil de la diversidad en un sentido genérico.

En segundo lugar, con este discurso se borra el conflicto de la ecuación de las políticas sociales. De esta forma, toda opresión y marginación queda eliminadas al desdibujarse los conceptos de víctimas/victimarios, oprimidas/opresores y marginados/marginadores. Esto, en el caso de la discapacidad, lleva a lo que se puede denominar: «la dictadura del positivismo» o el «triunfo de la voluntad». El discurso «cuqui» de Paulo Coelho y otros autores viene a decirnos que podemos conseguir todo porque somos como cualquier persona. Pero, si el universo no conspira a nuestro favor, no se deberá a unas causas personales objetivas, no, se deberá a que no lo hemos intentado bien, o que la sociedad en general nos margina. Sin más análisis, no nos vayamos a traumatizar. De esa forma, bien nos culpabilizamos por ser los raros que no se adaptan, o bien reclamaremos a la sociedad deseos en vez de derechos al no haber echo un análisis completo de la realidad asumiendo nuestras limitaciones, buscando soluciones viables.

En tercer lugar, con este discurso se eleva el deseo a la categoría de derecho. De este modo, se antepone la parte reptiliana del cerebro a la parte racional del mismo, o dicho desde la teoría psicoanalítica, se da más importancia al «ello» que al «super yo». Esto era estupendo para que Chavela Vargas compusiera sus canciones, o para qué Frida Kahlo pintase sus cuadros, por ejemplo. Sin embargo, en política, es caldo de cultivo para políticas neoliberales, populismos y para la ambigüedad de las teorías Queer y Crip. Un derecho debe tener un reconocimiento racional fruto de un detallado
análisis, de lo contrario nos encontramos con derechos que solamente son útiles a una minoría caprichosa con acceso al poder que nada tiene que ver con los derechos básicos de una mayoría.

Lo dicho anteriormente es la versión benévola del problema. A eso hay que añadir que las teorías Queer y Crip son productos precocinados en despachos de universidades sin apenas trabajos de campo. A nivel gastronómico sería como comparar la comida rápida con la comida casera, una llena la tripa y despierta nuestras papilas gustativas y la otra está pegada a la realidad que vivimos y cubre nuestras necesidades alimentarias. La pregunta es: ¿queremos alimentarnos intelectualmente con teorías basura de fácil venta y rápido consumo vía redes sociales y telebasura?

La UPADD, como organización de tendencia socialdemócrata y feminista, aboga por el análisis objetivo de la realidad heredado de la tradición materialista y marxista, por mucho que Felipe González reniegue de esas raíces, lo que le ha llevado a conseguir el apoyo de partidos populistas de ultraderecha como Vox.

Esto quiere decir que nuestra organización basa su actuación en el análisis de la realidad, tanto legislativa, como psicológica, biológica y social.

Por esa misma razón, priorizamos las necesidades básicas y reales de nuestro colectivo. «Casualmente», esas necesidades materiales, (alimentos, cuidados, salud, educación, trabajo, vivienda, accesibilidad, ayudas sociales…), son las necesidades que requieren presupuesto público para ser cubiertas. Esto implica descartar la tendencia de elevar deseos a la categoría de Derechos y mucho menos cuando esos deseos chocan con verdaderos Derechos, como, por ejemplo, los Derechos de las mujeres.

Como socialdemócratas creemos que el Estado debe garantizar unas condiciones de igualdad y seguridad de partida a todas las personas. Así mismo, creemos que esa igualdad y seguridad se consigue mediante políticas compensatorias específicas para cada situación colectiva. Y, naturalmente, eso, (en el caso de la discapacidad al menos), se consigue considerando a la persona con discapacidad desde un modelo de actuación sicobiosocial. Esto choca con la filosofía postmoderna que, acogiéndose a los modelos Social y de Vida Independiente, eliminan los aspectos psicológicos y biológicos, incluso tachando de patologizantes a quienes sí les consideramos.

Como vemos, la problemática del postmodernismo afecta a varias realidades. Así, en el mejor de los casos, podemos hablar de la buena intención de una izquierda idealista que piensa que se llega a la igualdad ignorando la realidad y sustituyéndola por su propia realidad ideal. Mientras, en el peor de los casos, es una estrategia entrista del neoliberalismo para no afrontar problemas reales, evitando hacer políticas sociales.

Para hacer contrapeso a esta tendencia, la UPADD creará las alianzas necesarias con el movimiento feminista y otros movimientos sociales y políticos.

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