El desembarco de Arrigunaga, o cómo importar a Getxo las peores formas de la política del ruido de Ayuso y sus secuaces
En San Nicolás nº 11 nunca hubo ningún «palacete». Ni lo conocía el pueblo, ni formaba parte de la memoria colectiva de Getxo. En la entrada puede leerse "Irurak bat", sí, pero detrás de ese lema no había ningún símbolo histórico ni cultural: había una casa antigua, abandonada y mal mantenida.
Conviene decirlo con claridad, sin exageraciones interesadas ni relatos inflados: no era Patrimonio, no era histórico, no era cultural, no era artístico.
Se encontraba en un trámite de protección municipal que no prosperó y, además, el edificio se va a reconstruir respetando su estilo y su apariencia estética. Ese es el dato objetivo. Todo lo demás ha sido ruido.
Porque aquí no se ha querido hablar de urbanismo. Se ha querido hacer política a golpe de titular.
Tres ediles de nuestro municipio han sido utilizados como cabeza de playa para un desembarco perfectamente calculado del PP. Durante meses han sufrido un ataque mediático constante e injusto, amplificado por determinados medios afines a una manera de hacer política basada en la confrontación y el señalamiento personal, pero desde luego no desde la profesionalidad y de la objetividad.
Estas tres personas, conocidas en Algorta y en todo Getxo. Personas con familia, con trayectoria y con un compromiso público que nadie puede negar. Y aun así, eso no ha importado.
Como tantas otras familias y empresas de Getxo, también se han visto afectadas por retrasos, cambios de criterio y una complejidad administrativa que conocen bien los profesionales del sector y buena parte de la ciudadanía. El área de Urbanismo es especialmente exigente, sometida a presión constante, y el desgaste existe, aunque no siempre se quiera reconocer.
Han sido víctimas colaterales, de lo que ocurre en Santa Clara, ese edificio municipal donde trabajan arquitectos donde existen actitudes profundamente egoístas de quienes aprovechan cualquier circunstancia para ajustar cuentas personales, alimentar vendettas. Eso no mejora Getxo, no aporta soluciones y no dignifica la política.
Pero, si a eso le sumamos que la derechona española de Ayuso y Aznar, con su lógica de confrontación permanente −ese viejo «quien pueda hacer daño, que lo haga» − pretende trasladar a Euskadi un modelo político que divide, crispa y erosiona la convivencia con mentiras y medias verdades que siguen siendo mentiras, el oportunismo y el bajismo verbal. Han elegido Getxo como punto de entrada, convencidos de que aquí pueden sembrar esa división.
Pero Euskadi no se construye desde el enfrentamiento ni desde el señalamiento.
Getxo no se levanta rompiendo la cohesión social ni enfrentando a vecinos con vecinos.
Si realmente quisieran hablar de honestidad y transparencia, no estaría de más que alguien pudiera explicar a la ciudadanía de Getxo lo que su portavoz, Eduardo Andrade, no explica al Registro Mercantil sobre sus actividades profesionales y societarias al margen de la política. Porque la transparencia no se exige solo a los demás: se ejerce.
No consintamos que Getxo sea utilizado como cabeza de playa de una estrategia que busca dividir Euskadi.
No permitamos que el ruido y la revancha sustituyan al respeto y a la convivencia.
Porque Euskadi no necesita más trincheras. Necesita unión, verdad y política con altura.
No consintamos que destruyan Euskadi y atomicen el nacionalismo.
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