Ramón Doria Bajo
Notario jubilado

El nuevo traje del emperador Trump

Muchos de ustedes se acordarán de aquel cuento de Christian Andersen, en el que unos avispados sastres le embaucan a un presumido rey, con la estrategia de confeccionarle un traje de una tela tan especial y maravillosa que solo puede ser vista por aquellos verdaderamente inteligentes, ya que los tontos no pueden ver la riqueza de los brocados ni el brillo y sutileza de las perlas de sabiduría que contiene. Aquellos sastres, que conocían la estúpida y generalizada vanidad humana, acertaron pensando que tanto los cortesanos, como el propio Emperador, no se atreverían a demostrar su falta de talento reconociendo que no podían ver el nuevo traje del mandatario, y los sastres también creyeron que el pueblo seguiría por prudencia la farsa para no sufrir los castigos correspondientes a quienes se oponen a la opinión reinante. Y así ocurrió que el gran día de la fiesta grande, el emperador supuestamente vestido de ese ropaje invisible para los romos, desfilaba pomposamente por la ciudad, hasta que la inocencia de un chiquillo, dijo en alta voz: ¡El emperador está desnudo! Y se descubrió la farsa.

Los mandamases del mundo, eligieron al histriónico de Trump, como los de Nox, en la película de "Torrente, Presidente", eligen al chabacano e insolidario pero simpático y ocurrente Torrente, para que anime los mítines y divierta a la peña con sus salidas de tono. Unos y otros pensaron que el Pueblo y los sicarios, el primero por débil y los segundos por su condición de trepas, aceptarían seguir la farsa de que esas «boutades» que tanto llaman la atención, son ocurrencias maravillosas propias de la mente privilegiada de Trump/Torrente.

En las películas casi todo está permitido porque «exagerar no es mentir» de ahí que Segura se atreva a decir que esos Mandamases detentan el 85% de la riqueza mundial cuando según los cálculos de premios Nobel de Economía como Stiglitz; del Princesa de Asturias como Medel y de reconocidos estadísticos como Piketty, la cifran entre el 40 y el 70%.

Trump, con sus constantes atentados contra la legalidad internacional ha demostrado no solo su falta de empatía, sino también su supina estulticia, se ha creído, como explica Platón de los cretinos: inteligente, bello y bueno, sin serlo. Y ante semejante distorsión entre lo pretendido y la realidad, el clamor de que «¡El Emperador es un descerebrado!» se está desatando.

La inteligencia colectiva −que es creación propia de todo pueblo medianamente unido− genera mediante su continuo «bla, bla, bla», el sentimiento de que toda disputa entre los poderosos la acaban pagando «ellos» y solo «ellos»: El pueblo. Así se percató este de que la meteórica subida del precio de la electricidad, se produjo antes del inicio de la guerra de Ucrania, y se dio cuenta porque lo notó de inmediato en su bolsillo. Y ahora tiene claro que los precios del gas y del petróleo seguirán altos una temporada después de que llegue la ansiada paz. Todo el mundo sabe que tanto los muertos como los pagos los sufre el pueblo y no los gerifaltes. Ese sentimiento popular lo captaron antes líderes políticos del extrarradio del mundo y en Europa, solo el atribulado equilibrista llamado Pedro Sánchez, y ambos hicieron bandera de él. Ahora otros líderes europeos están empezando a desmarcarse de la coral de cámara que canta las excelencias del Emperador Trump. Pues algunos políticos, incluso tan vetustos como los de UK, se van percatando que sus votantes no quieren guerras. Así Costa el Presidente del Parlamento Europeo apostó por defender la legalidad internacional vigente y el reforzamiento de la ONU, como medidas para volver al camino de la racionalidad y olvidar la barbarie de las guerras.

Por otra parte, los mandamases, que han formado sus abultadísimas fortunas con inteligencia, tesón y nefastas prácticas, ven que la marioneta con la que pensaron poder incrementar su poder, llamada «Trump el payaso», se les está yendo de las manos y puede que −con sus erráticas medidas− rompa la paciencia de las poderosas China e India y otros miembros del extrarradio, con lo que su jugoso «statu quo» puede acabar yéndose al garete. Así pues, yo pongo mi esperanza en que esa desmedida avaricia que caracteriza a esos megarricos, y les hace cometer todo tipo de desmanes con tal de seguir acumulando millones a espuertas, es la que hará que, los mandamases (menos del 1% de los humanos) se den cuenta de que se equivocaron creyendo mayor la estulticia popular, actuaron con prepotencia y empiezan a temer haber despertado al león popular con estas guerras. Por lo que, tras esa reflexión, decidan despedir al descarriado niñato de Trump con su delirio de pasar a la posteridad como un benigno prócer. Pues para esos megarricos su principal objetivo sigue siendo mantener esta apariencia de paz, que les permita seguir obteniendo ganancias sin cuento, exprimiendo al 99% de la población.

Así pues, pongo mi confianza en que un nuevo mundo de paz y armonía entre los pueblos del mundo ha de aflorar pronto, porque de lo contrario la extinción de la humanidad estará asegurada.


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