Yvette Dufour
Nabar Estatu Pentsamendurako kidea

El planeta se vuelve a dividir en dos bloques enfrentados

El Nuevo Orden Mundial debe ser extendido a todo el planeta bajo la gobernanza de un sólo gobierno. Debe liderarlo la élite del eje angloestadounidense de orientación masónica.

Con el derrumbe de la URSS se puso fin a una forzada estabilidad mundial derivada de la polarización política que la enfrentaba al otro eje, EEUU.

Un equilibrio, a fin de cuentas, que impedía a cualquiera de las dos grandes potencias adentrarse en acciones que sobrepasen la línea roja marcada por ellas mismas.

Todo ello sustentado en la relación de fuerzas en presencia que imponía la bilateralidad en los «consensos» y que hacía la lectura de los acontecimientos políticos en curso de aquella época más entendible.

Una vez desaparecida la Unión Soviética, el planeta entró en una esfera de acontecimientos incontrolados, en una total descompensación de ese equilibrio político, con el surgimiento de hechos y sucesos desorientadores, a la vez que devastadores, que se tradujeron en atentados de falsa bandera hasta entonces nunca vistos por su impacto político-social y la magnitud de los mismos, que tenían como objetivo crear primero la ceremonia de la confusión para proceder luego a «remendar» dichas «acciones» con respuestas desproporcionadas e injustificadas que causaron la muerte de millones de personas en diferentes puntos del planeta, la desolación y la tragedia de poblaciones acusadas falazmente de ser responsables de dicha situación ante la imposibilidad, para el resto de la humanidad, de descifrar lo artero que se escondía detrás de esos procederes llevados a cabo por la potencia «superviviente», los EEUU de América, con la complicidad activa de sus «socios» de la OTAN, los atlantistas.

Fueron succionados los ex «países del Este» para hacerlos entrar en la OTAN primero y luego en la CE, descabezados regímenes otrora aliados de la URSS y otros tantos, inventados y fabricados de toda pieza por occidente para proseguir con su empresa de rapacidad a nivel mundial, considerándose, una vez «liquidada» la Unión Soviética, los amos del mundo de manera definitiva. Barra libre para expoliar, manu militari, lo que les vendría en gana sin oposición alguna a la que temer.

Craso error. El derrumbe de la URSS propiciado por el bloque atlantista y el trabajo de zapa realizado por el deep state –Estado profundo– ruso, dejaba vía libre al despertar de otra potencia, subestimada por occidente, que no acertó en ver que el remedio era peor que la enfermedad para sus propios intereses, la eclosión del Gigante Asiático, China.

La ilusoria pretensión norte americana de prever que China se convertiría en un simple sector manufacturero suyo, de bajo coste en cuanto a producción, fue un clamoroso error de cálculo, muestra de la soberbia, del desprecio y del desconocimiento de la idiosincrasia asiática.  

Es así como China se propulsó a la potencia mundial que es hoy en día. Diversificó sus métodos de producción con un doble modelo económico, de capitalismo productivo en lo que a la costa se refiere y de un continuismo temporal en lo que a la China profunda respecta. Fue mejorando la calidad productiva y se aseguró la competitividad en precios, inalcanzable para el resto de las economías del planeta. Con esos activos, lanzó sus tentáculos a los demás continentes y fue apropiándose de los mercados fuera de sus fronteras, a la vez que, dentro de ellas, las inversiones y desembarco de capital y empresas extranjeras crecían de manera exponencial, todo ello regulado por la planificación estatal china que imponía derechos y deberes a dichas empresas. Mientras su economía crecía a pasos agigantados, China se lanzó, consecuencia de ello, en la carrera armamentística y tecnológica, alcanzando en un tiempo récord unos resultados inauditos en la historia. El dicho de «no despertar al gigante asiático» pertenece al pasado, cuando los unos van, él ya está de vuelta.

Mientras, en lo que fue la ya ex Unión Soviética, la intentona del proceso «occidentalista» interno, en su breve recorrido, trajo el empobrecimiento y un estado decadente del nivel de vida, así como la imagen de una decrépita Rusia en tanto que actor político en el concierto internacional.

El deep state ruso se las prometía felices, así todo, hasta que llegó el Comandante y mandó parar. El antiguo oficial de la KGB y posterior jefe de la FSB fue requerido y sondeado para ser propulsado a la jefatura del Estado –algunas fuentes sitúan esa reunión fuera de Rusia, en un hotel ubicado en la central Navarre, concretamente en la ciudad de Miarritze– pensando quiénes le ofrecían dicho cargo que tenían a mano a un objeto político que podrían manipular a sus ansias, además de reunir este último las cualidades requeridas, según ellos: disciplinado, austero en propagarse discursivamente, metódico, corruptible pensaban e incapacitado por su indudable obediencia y lealtad de morder la mano de quién le «alimenta».

Se equivocaron en casi todo, el astuto antiguo oficial de la KGB aceptó el cargo y para sorpresa y acongojo del deep state, emprendió la tarea de ir drenando el pantano.

Unos veinte años de lucha sin cuartel acabaron con el mencionado deep state, desde sus mismos cimientos y dieron al traste con la estrategia de Occidente de apoderarse de Rusia.

Panorama no esperado y desquiciante donde los haya para el imperio occidental, que erróneamente, creyó ser el detentor y actor único que controlaría el orden económico y militar a nivel mundial. Constatación de que cuanto más alto se sitúa uno, más lastimosa es la caída.

Ante la realidad de los hechos, que confirmaban la consolidación de un nuevo imperio emergido (China) y el fracaso de no haber podido occidentalizar a Rusia, que volvía a situarse en el plano internacional como un sujeto político de primera envergadura con una economía ascendente y cada vez más sostenible y saneada, Occidente optó por la huida hacia adelante.

Se propuso infligir el mayor golpe de mano dirigido a la humanidad para instaurar su viejo sueño, ideado allá por los años 30 del siglo pasado, que no es otro que la instalación de un gobierno mundial único bajo los «principios» de lo que llaman el Nuevo Orden Mundial, con unas «premisas» irrenunciables para ellos, que políticos de todo signo y pelaje del bloque occidental han ido proclamando públicamente hasta la saciedad desde hace ya casi tres años, amenazando a sus propios pueblos con que nadie ni nada podrá detener el curso de los acontecimientos que desembocarán irremediablemente, según ellos, en esa nueva concepción de dirigir a la humanidad bajo una nueva «ideología».

Centrémonos de manera sucinta en qué consisten esas premisas, qué destila esa «corriente» ideológica para lograr sus objetivos aquí enunciados. Son varios los frentes abiertos. Hacernos entrar en la «cuarta revolución» industrial, la Inteligencia (ingeniería) Artificial (social).

Consideran necesario proceder a una despoblación del «excedente» humano que consume «innecesariamente» los recursos del planeta y que no es útil, sino un lastre, para el desarrollo de su Plan.

Control total del «restante» humano que deberá ser esclavizado por medio de los instrumentos que proporciona la Ingeniería Social, bajo el eufemismo de la Inteligencia Artificial.

El Nuevo Orden Mundial debe ser extendido a todo el planeta bajo la gobernanza de un sólo gobierno. Debe liderarlo la élite del eje angloestadounidense de orientación masónica.

¿Cuál son las herramientas empleadas para la implantación de este eugenismo de nuevo cuño?

Crean crisis ficticias, bien planificadas en los tempos, que se conviertan en verisímiles para un importante porcentaje de la población (la falsa pandemia–para la que tuvieron que «cambiar» el significado del término un tiempo antes de lanzar la operación covid-19-), el provocado cambio climático (geoingeniería pura y dura), el «combate» por «la libertad y la democracia» frente al abominable ruso, el expolio económico de las clases más desfavorecidas y de las «intermedias» para hacer «frente» a estas sucesivas crisis de las cuales somos en un 99,99% responsables los sufridos y maltratados ciudadanos por nuestra inconsciente e irresponsable conducta.

Es de destacar lo especialistas que son en inventar y promover crisis cuyo recurrente «agente agresor» de turno, de por sí, haga que las masas, en su mayoría, se alineen con los «honrados y sacrificados dirigentes», que, desviviéndose por la ciudadanía, velan y trabajan por su bien estar y su seguridad.

Mientras, preparémonos para el siguiente ciclo de «catástrofes» que estos expertos de la ingeniería social estarán ya diseñando en sus cuarteles generales.

El delirante plan de este occidentalismo suicidario tiene un recorrido tan breve como incongruente. Pretender enrolar en sus filas al eje euroasiático mediante imposición coercitiva y humanamente incompatible con la vida, resulta del más elevado grado de sociopatía al que se enfrenta la humanidad en su conjunto.
 
El referido eje, cuyo uno de sus principales motores dejó atrás el Comecom, para integrarse en el BRICS, está tejiendo una tela de araña de índole política a la que poco a poco se van adhiriendo países de los diferentes hemisferios que representan una mayoría absoluta en relación a la densidad poblacional a nivel planetario. Solo Rusia, China e India representan el 37% de la población mundial frente al 11% representado `por países o continentes como EEUU, Canadá, Australia, Corea del Sur, Japón y la CE.

Este 37%, al que hay que sumar Irán, media América del Sur y cada vez más países africanos, incluso países del golfo pérsico-acusados ahora por EEUU de alinearse con Rusia– ha respondido por boca del presidente de la Federación rusa, que se oponen a un mundo unipolar y al denominado Nuevo Orden Mundial, aclarando que están por un orden mundial justo donde prevalezca la multipolaridad, cuyas naciones deben de tener el rol determinante en el desarrollo planetario. La antítesis del globalismo eugenista.

Llegados a este punto, lo que aún se conoce como Occidente, ha decidido adentrarse por la vía militar para doblegar a los que considera díscolos con su plan.

Un sendero que conduce a «Occidente» directamente al precipicio, teniendo en cuenta la desproporción de medios humanos, militares, tecnológicos y económicos que atesora el otro «bloque» en comparación con el primero. La relación de fuerzas, por mucho que los medios de desinformación masiva occidentales martilleen, les es totalmente desfavorable y convierte este hecho en un seguro de vida para la mayoría de la humanidad. En cuanto a nosotros, los «ciudadanos occidentales», salirnos de este laberinto donde nos han situado «nuestros gobernantes», va a requerir de mucho ingenio, fuerza y determinación.
 
Debemos ser realistas, sus continuos fracasos son el anverso de nuestros éxitos, lo lograremos. Las naciones sobreviviremos al ataque brutal desencadenado por el globalismo genocida.

Algunas de ellas deberían plantearse muy seriamente reinstaurar y dar continuación a sus Estados propios secuestrados durante demasiado tiempo por fuerzas de ocupación imperialistas y extranjeras, emprendiendo el camino de la unilateralidad, único modo eficiente de lograr el objetivo, siempre y cuando se hayan creado las condiciones políticas incontornables para ello.

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