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¿Qué hay en el vertedero de Zaldibar?

Lamentablemente, estamos ante vertederos «incontrolados» –es de eso de lo que se trata– y eso nos sitúa ante unos materiales que son muy peligrosos, con efectos a medio y largo plazo. Comparto la opinión de quienes afirman que debiera sensibilizarse a la población, mediante una información clara y concreta.

18/02/2020

Sinceramente, me hubiera gustado extenderme sobre la evolución del planeta, las prioridades que priman en la sociedad capitalista, también respecto de las presumibles dificultades de los humanos en el planeta, pero lamentablemente no es posible, no hay espacio donde publicarlo.

De todas formas, de alguna parte se debe comenzar, y para ello podemos fijarnos, no sólo en el aumento poblacional, también en su concentración y el inevitable aumento de residuos.

Quizá nos vendría bien recordar cuando se carecía de un servicio organizado de recogida de basuras. Algunos pocos –los que tenían casa y jardín– también tenían estercolero que era donde tiraban las basuras del día, terminando siendo útil para su jardín, pero no era ese el funcionamiento de la mayoría. La inmensa mayoría de la población, eliminaba los papeles trapos y vidrios etc., vendiéndolos al «trapero».

La formación de las grandes ciudades y la progresiva dinamización del consumo por parte de una sociedad con una capacidad adquisitiva cada vez más elevada disparó el problema de los residuos sólidos urbanos. El antiguo estercolero unifamiliar –o de barrio– se convirtió en el vertedero incontrolado donde el propio municipio tiraba la recogida periódicamente.

Estos vertederos actuales –que son enormes– poco a poco han ido cambiando la composición de los residuos, que con la incorporación de los plásticos y de otros materiales combustibles, se han hecho más inflamables y han pasado a producir humos, así como gases molestos y peligrosos.

Desde hace décadas no es frecuente observar restos alimentarios en los vertederos, pero sí muchos productos manufacturados: plásticos, cartones, pinturas, restos de medicamentos, pilas, cosméticos, insecticidas, pesticidas, herbicidas y mayoritariamente, residuos industriales.

Además del hecho antiecológico que generan los excedentes de estos materiales, y a pesar del esfuerzo realizado por mancomunidades y comarcas, el resultado global es negativo, además de caro, muy caro y peligroso. Es así como nos encontramos con unos materiales que habiendo sido costosa su adquisición, debe abonarse también por su hipotética destrucción, que aparte de conflictiva, impactante y creadora de graves problemas de contaminación, puede llegar a ser inútil, pues algunos de los productos siguen presentes entre nosotros.

Una de las características de los vertederos –incluso en los de alta compactación– es la producción de gases, humos y malos olores. Del contenido y la cantidad de residuos dependerá el posterior inicio de incendios parciales, y de la errónea mezcla de los materiales vertidos, la formación de bolsas de gases y fugas al exterior.

Consecuencia de la combustión podemos encontrar dióxidos de carbono, azufre y nitrógeno. De la fermentación y del agotamiento del oxígeno resulta el metano y –si hay plásticos– encontraremos gases más peligrosos, como los compuestos de cloro, óxidos de nitrógeno, de azufre, y ácido clorhídrico, consecuencia en gran parte, de la combustión del PVC.

Lamentablemente, estamos ante vertederos «incontrolados» –es de eso de lo que se trata– y eso nos sitúa ante unos materiales que son muy peligrosos, con efectos a medio y largo plazo. Comparto la opinión de quienes afirman que debiera sensibilizarse a la población mediante una información clara y concreta.

Se generan productos muy tóxicos, vehiculizados por los «lixiviados» del vertedero contaminando así aguas subterráneas y superficiales.

Se definen como «lixiviados» los líquidos generados por los contenidos del propio vertedero y se incrementan notablemente por la actividad, la compactación y el prensado. También influyen –y mucho– las filtraciones de la lluvia.

Es decir, que la suma de estos líquidos constituye los «lixiviados», que desgraciadamente es muy frecuente se incorporen a las aguas subterráneas –cuando la permeabilidad es considerable– o bien a los torrentes y nacederos de agua próximos.

Dando por concluida la exposición del ya famoso vertedero de Zaldibar y apuntando directamente a quienes el autor de este trabajo considera responsables máximos, no sólo del desarrollo industrial, de crear trabajo, y contribuir al desarrollo familiar, además de fomentar la cultura de los millonarios, considero –también– están obligados a aceptar su responsabilidad máxima en la mortandad en el trabajo.

No son los únicos, ahora que hemos podido presenciar el «modus operandi», tanto de la empresa responsable de la explotación, como también de la propia Administración, encabezada por su gobierno. Y ante la «tardía» y tibia toma de contacto sobre el terreno, les invito a mirar con detenimiento desde otra perspectiva, desde otro ángulo.

He aquí mi ángulo: desde estas líneas abogo por el análisis y la investigación exhaustiva que permita esclarecer las razones reales y precisas por las que trabajadores y transportistas que han prestado sus servicios en ese vertedero, por espacios –más o menos prolongados–presentan «niveles de contaminación radioactiva» en las empresas a las que acuden y son analizados antes de acceder a sus instalaciones.

Esto no es campaña electoral.

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