ETA nació contra Franco

Quienes hemos sido torturados y difamados tanto en los años de Franco como en los «democráticos», conocemos el relato desde todas las vertientes y no vamos a olvidar nada, no se puede olvidar esta historia cruda y real, que comienza en la escuela con la prohibición del euskara y la formación en un «espíritu nacional» del vencedor y que concluye con una «democracia» donde las cárceles de la dispersión siguen estando llenas.

24/09/2020

Y más: nació contra una dictadura asesina que además de oprimir a España se ensañó contra la nación vasca (Euskal Herria). No dudó en llamar a Hitler y a Musolini para bombardear Gernika, Otxandio, Durango... (como campo de pruebas para sus bombas de fósforo que más tarde utilizaron en la Segunda Guerra Munidial). Nació contra la falta de libertades democráticas y contra las agresiones directas a la cultura y la lengua vascas (en el empeño genocida para su extirpación). ETA nació contra todo un sistema agresivo: contra el requeté-falangismo, contra el sistema policial, contra los colaboradores y adláteres del asesino de Ferrol (Franco no hubiera sido nada sin el apoyo de quienes le apoyaron directamente y de quienes callaron sus asesinatos, torturas y robos con su indolencia y seguidismo...). Es decir, para que se me entienda bien, ETA nació contra un sistema ilegal y autocrático, donde las libertades sociales y políticas no existían y donde la subsistencia de la historia vital del pueblo vasco estaba en peligro.

El «relato». Parece ser que la historia nos la quieren contar desde un punto de vista unilateral y analizado desde un espíritu de venganza cruel y embustera, donde unos resultan «malos-malisimos» y otros tienen derecho a dulcificar sus muertes, torturas y cárceles de exterminio como si resultaran necesarias para justificar ochenta años de falta de libertad. Porque del franquismo se paso a la «reforma democrática», obviando el deseo global de «ruptura» con el régimen franquista. El acto «terrorista» de ETA contra Carrero Blanco modificó los planes del dictador y tuvo que hilvanar su «atado y bien atado» que pretendía imponer para el futuro. El almirante sería el Jefe del Estado que vigilara al hijastro Borbón en su restauración de la Monarquía y la dulcificación monárquica sería motivo de la evolución del sistema en su confrontación con el mundo, de una manera suave e indigna. Franco murio matando, tal como comenzó su carrera de dictador. No dudó en firmar los fusilamientos de Txiki, Otaegi, Baena, Sánchez Bravo y Garcí Sanz en plena senectud vital. Las negociaciones del régimen comienzan cara a buscar una salida para su continuísmo y se planifica una amnistía (1977) disfrazada para salvar los muebles del sistema. Se utiliza a la denominada Platajunta y a los «demócratas» en el interior y en el exilio. Se concede la amnistía que tanta lucha y esfuerzos costó, al solo objeto de garantizar la seguridad del aparato franquista (Ejército, Policía –de todos los colores–, Judicatura y alto funcionariado), lo cual fue asumido por la mayor parte de la oposición, salvo quienes estaban por la total y absoluta ruptura con el régimen de Franco y el castigo a los culpables. Este es el relato que se ignora y que los partidos responsables del continuísmo monárquico insisten en defender, y lo hacen porque son cooresponsables del último proceso de la historia post-Franco, donde las cunetas siguen llenas de cadáveres sin descubrir. Después de ochenta años «Madrid calcula recuperar en cuatro años 25.000 cuerpos de las fosas...» (futura Ley de Memoria Democrática que el Gobierno de Sánchez propone). Todo ello sin contar con las ya descubiertas en Euskal Herria y otros puntos del Estado a costa de asociaciones de familiares por la memoria.

Herederos de Franco en la actualidad. Desde Fraga Iribarne (fundador de AP y PP), pasando por Martín Villa, Felipe Gonzalez (GAL) y toda una cohorte de sicarios (torturadores, mercenarios, jueces y fiscales con tribunales de excepción y cárceles de dispersión y exterminio) los cuarenta años de «democracia» son una trágica burla a la libertad y al derecho a decidir de las mujeres y hombres que cohabitan el estado monárquico actual. Franco impuso la Monarquía borbónica y los «republicanos» oficiales (PCE y PSOE), cual vasallos sin escrúpulos, untan del pastel a modo de sumisión agradecida. Los herederos de Fraga, franquistas convencidos, roban y se apropian del erario público de manera soez y prepotente. Sin embargo, todos ellos, se empeñan en establecer un relato de la historia de la España global como si los cientos de miles de asesinados por la dictadura (y la dictablanda) no hubieran ocurrido. ¡No! Aquí sólo hay un culpable de los muertos producidos por el «conflicto» que unos vascos malos-malísimos que se empeñaron en desarrollar para molestar al dictador y a sus seguidores, al solo objeto de estropear la cloaca donde beben y se alimentan las alimañas de un sistema donde el Capital manda y ordena para que la mayor parte de la ciudadanía sufra y se desespere. «¿Es tan difícil reconocer que matar estuvo mal»?, pregunta un regionalista nacido en Alonsotegi. Eso hay que preguntar a todas las partes y también a sí mismo. Han habido muertes, sí, así lo han reconocido quienes más están sufriendo los zarpazos del sistema una vez entregado las armas y disuelto como organización armada en su lucha voluntaria por la soberanía y el reconocimiento de la Nación Vasca, es decir: Euskal Herria. Los verdaderos herederos de Franco, los herederos de Fraga Iribarne, son quienes no condenan el franquismo y su ilegalidad, son quienes apoyan su herencia monárquica (núnca elegida democráticamente) y son una buena parte de la población actual de la península que mantiene las tesis más reaccionarias y fascistas en su quehacer político. Las «asociaciones de víctimas del terrorismo» son apadrinadas y financiadas sin ningún tipo de complejos por parte oficial, sin embargo, quienes han sufrido y sufren las consecuencias de la Dictadura y la "Dictablanda" han sido ignorados, denigrados y perseguidos implacablemente por el oficialismo pseudodeomocrático. Quienes hemos sido torturados y difamados tanto en los años de Franco como en los «democráticos», conocemos el relato desde todas las vertientes y no vamos a olvidar nada, no se puede olvidar esta historia cruda y real, que comienza en la escuela con la prohibición del euskara y la formación en un «espíritu nacional» del vencedor y que concluye con una «democracia» donde las cárceles de la dispersión siguen estando llenas, el derecho ha decidir sigue estando borrado de la legislación hispana y el hijastro de Franco es alabado como un héroe, hábil defensor de las satrapias árabes y otras zarandajas como el 23-F.

Nos queda el nietrastro para seguir gozando del relato. ¡Como para olvidar...! Nos queda el futuro... Gora herria!

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