Asier Ventimiglia
Sociologo

La dicotomía entre salud y economía

Aunque los gobernantes pudieran justificar los recortes a nuestros derechos desde una visión economicista, las condiciones laborales y los salarios siguen siendo los mismos independientemente del nivel de crecimiento económico

Una de cuestiones que tras la pandemia se ha puesto en valor ha sido la importancia de los cuidados; nos hemos dado cuenta de lo importante y valioso que es el cuidarnos entre nosotros. Sin embargo, cabría preguntarnos por qué hemos esperado a encontrarnos ante una situación peligrosa para la salud pública para repensar aquello que hasta la actualidad estaba más invisibilizado.

Los anuncios de las restricciones para hacer frente a la pandemia por parte de algunos gobiernos a lo largo del mundo ponían de manifiesto que es fundamental encontrar un nexo común entre la salud y la economía, con la finalidad de evitar que los confinamientos pusieran en tela de juicio la continuidad del modelo socioeconómico neoliberal. De todos es sabido que el crecimiento económico (en clave de acumulación exacerbada de la riqueza) es uno de los pilares fundamentales del neoliberalismo, y que cuando anualmente se anuncia una menor recaudación del PIB o se deteriora la velocidad de ese crecimiento sentimos miedo de volver a 2008. Asimilamos el crecimiento como tranquilidad o bienestar, aunque quede demostrado que ese crecimiento no supone una mejora en las condiciones materiales de la mayoría de la población. Aún así, sentimos la necesidad de que nuestros países sigan prosperando hacia un horizonte que desconocemos, pero que nos tranquiliza.

A su vez, los valores que nos introducen las pedagogías institucionales del neoliberalismo indican que un sujeto social activo es aquel que participa en el crecimiento de la economía a partir del consumismo y respetando los estándares que imponen en el modelo globalizado de identidad individual dominante, que hace tiempo dejó de estar ligado a la pertenencia a una comunidad o una unidad convivencial en un territorio. Por tanto, la ideología del crecimiento económico no solo se aplica en la gestión de los gobiernos, sino también a las formas de ver, pensar y sentir que tenemos y reproducimos, donde la propaganda neoliberal ha roto con las diferencias entre bienes de primera necesidad y bienes secundarios o adicionales para convertir todos los productos en obligatorios para construir un yo social, generando una reproducción sin final del consumo de productos de uso cortoplacista. Con ello se suma la mercantilización de las culturas y tradiciones, ligado al proceso de gentrificación de las ciudades, haciendo que aquello que nos unía en convivencia también se convierta en otro elemento a favor del infinito crecimiento económico.

Pero más allá de la cultura, el neoliberalismo también ha mercantilizado la salud; no hablo solo en términos de las diversas privatizaciones que han llevado a cabo distintos gobiernos a lo largo de los años, sino también a que la sanidad pública está condicionada por el valor del crecimiento económico, que dictaminará cuánto ha de invertirse (o no) en la sanidad pública dependiendo del balance del último año. De un modo, la sanidad pública, así como los derechos sociales en su conjunto, están no privatizados, pero sí limitados por el capital. Por consiguiente, nuestros derechos son también una propiedad privada de la deriva neoliberal.

Por tanto, es de condición sine qua non para el neoliberalismo que si se han de sacrificar derechos sociales en beneficio del crecimiento económico, no hay excusa que valga a los gobiernos para no recortar, puesto que la ideología del crecimiento indica que el bienestar reside en la acumulación de riqueza, aún cuando las políticas fiscales no garanticen una distribución equitativa de la misma (y así llegamos a las crisis económicas o más bien robos económicos a gran escala, donde la inversión en derechos sociales se destina a la salvación de bancos). Además, aunque los gobernantes pudieran justificar los recortes a nuestros derechos desde una visión economicista, las condiciones laborales y los salarios siguen siendo los mismos independientemente del nivel de crecimiento económico.

El neoliberalismo y su ideología del crecimiento indican, por tanto, que debe garantizarse el crecimiento económico caiga quien caiga, aún en situaciones peligrosas para la salud pública. No es entonces de extrañar que las restricciones y confinamientos se delimiten en ciertos tiempos deliberadamente, pues la ya mencionada mercantilización de la cultura permite que el crecimiento económico sea mayor en algunos periodos del año. Por ello, la desescalada de la primera ola de mayo terminó justo en fechas en las que el Estado español recauda mayor beneficio gracias a que depende única y exclusivamente del turismo del verano. Ahora, lo mismo sucede cuando se acercan las navidades y creemos necesitar consumir para reproducir tradiciones.

Cuando Emmanuel Macron aseguraba en una comparecencia en noviembre que hay que buscar un equilibrio entre salud y economía, estaba asegurando, indirectamente, que el actual modelo de producción y la ideología del crecimiento económico convierten al neoliberalismo en un sistema homicida para la clase trabajadora, la salud pública y, cabe mencionar, para la salud del planeta.

Recherche