La gobernabilidad

Lo más peligroso en política son los grandes enunciados abstractos, es decir, aquellos que constituyen un marco vacío: la gobernabilidad, la estabilidad, la unidad, la eficacia, la centralidad… Por ejemplo, las afirmaciones con que suelen rellenar sus discursos personas como el Sr. Rajoy o el Sr. Rivera. Este último, además de hueco empieza a ser peligroso.

22/08/2016

De sus doscientas propuestas electorales no hay una sola referida a las necesidades habituales de los ciudadanos normales. Para pasar el contrabando ideológico del Sr. Rajoy el Sr. Rivera habla constantemente de la gobernabilidad, de la unidad de España o de la Unión Europea, de la centralidad política, de la estabilidad. Le preocupan mucho estas cosas, pero las emplea en sus elementales discursos sin aclarar jamás, por ejemplo, que la gobernabilidad consiste en resolver los problemas concretos, y muchas veces básicos, de los españoles, lo que les convierte en contestes del político que se dirige a ellos, es decir, en electores que contribuyen a la pregonada gobernabilidad, que él reduce, por el contrario, a sentarse en la Moncloa y en su caso concreto en llegar a embajador, consejero en alguna gran empresa o a beneficiar un empleo parecido ya sea en la península o en cualquier organismo internacional encargado de la explotación de los terrestres.

A mí el Sr. Rivera me recuerda a aquellos jóvenes europeos de los años treinta que ofrecían a las masas horizontes de grandeza y acababan devorando todo lo que habían instalado retóricamente en ese horizonte. Si tuviera talento y presencia podría ser un Hitler en cierne o un Mussolini disfrazado de Gil Robles. Tres centímetros más de estatura y dos años por delante y ya tenemos a los nacional-católicos y la juventud pokemista dispuestos al gran desfile para que España no se rompa, Europa consista en las minorías poderosas y las opiniones circulen de arriba a abajo y no de abajo a arriba. Dice cosas en las que la nada quiere ser filosófica aunque la intención es de cazador furtivo. Incluso llegará a tragarse al Sr. Rajoy si los votantes siguen concediéndole su sufragio. Este chico hubiera hecho carrera sabrosa en Alemania, que siempre está dispuesta a llegar más allá de sí misma. De momento es la polilla que la derecha ha proyectado sobre el Partido Socialista para hacerle retroceder hacia el país del nunca jamás de la oposición. Para culminar la operación, que urge, acaba de escribir una carta «A mis compatriotas socialistas» –el título ya ha sido diseñado como una tela de araña– que presenta a los políticos de la Transición, sobre todo al PSOE, en dirigentes patrióticos de una «sólida etapa de grandes consensos, de estabilidad y de progreso que hoy perdura».

Bueno, si se refiere el Sr. Rivera a los dirigentes socialistas sí siguen en un «progreso que aún perdura». La muestra está en el Sr. González, engastado en la élite conservadora, que hoy declara inevitable otro Gobierno Rajoy en vez de batallar por una fuerte unión de izquierda, como hizo en 1980, cuando, en clara contradicción con su actual postura, buscó una unión parlamentaria a cualquier precio para derribar a Suárez mediante un voto de censura, que por cierto no funcionó: «Si se hubieran conseguido los 176 votos –dijo entonces– y todos los ciudadanos de este país saben que era posible, no es que hubiera habido una amalgama enorme, sino que probablemente hubiera habido muchas personas que por patriotismo (¡oigan, oigan: por patriotismo!) habrían pensado que había que formar una mayoría sólida y coherente. Esta es la otra dimensión de este debate». Dejo aparte la calidad oratoria del futuro premier, para preguntarme si el giro en torno al sol del poder dura más de un año. Acerca de este asunto mantengo en el marco de lo general que el poder supone casi siempre una deriva hacia el desorden mental.

¿A quién se referiría el Sr. Rivera al decir que «un ilustre socialista me dijo un día una frase que comparto plenamente: “la manera de mantener el liderazgo al frente de un partido es tener liderazgo y proyecto para tu país.”» ¿Proyecto? ¿Podría, por ejemplo, hablarse de proyecto para el país la política de incautación y oscura venta de empresas que desarrolló el superministro de Economía Sr.Boyer y que agudizó la desindustrialización de España?

Item más. Habla el Sr. Rivera en su carta de «los años de modernización de España en los primeros gobiernos de Felipe González; desde la lucha por los valores constitucionales (recordemos aquello de «los desagües del Estado» en tiempos del GAL) y contra el terrorismo de los constitucionalistas vascos, liderados por Nicolás Redondo y Mayor Oreja…; desde entonces los socialistas españoles siempre han sido coprotagonistas de los momentos importantes de la democracia española». Me niego a creer que estas afirmaciones se deban solo a ignorancia, lo que ya sería grave, y que no tengan más raíz que ese desconocimiento. Se trata de algo mucho peor. Se trata de soldar a la Moncloa a una derecha que nos mantiene en la cola de tantas cosas aún dentro de la Unión Europea, que ya es en sí una despreciable trampa para revestir de «modernidad y de futuro» la explotación flagrante de pueblos que han perdido la mínima defensa de sus fronteras. Una trampa en que el Sr. Rivera invita al PSOE a que se sume «a nuestro sentido de Estado… a fin de lograr un acuerdo desde la centralidad política… porque urge un gobierno, urgen reformas, urge acción». ¿Qué reformas concretamente?

La centralidad… ¿Qué entenderá el Sr. Rivera por centralidad al dirigirse a un partido socialista para que ayude a Rajoy y a él mismo a disimular el paro de veinte millones de trabajadores; a seguir sujetando a otros millones más a trabajos que degradan la existencia y prolongan un terrible malestar en todo el Estado? ¿Hay centralidad en esos hospitales públicos que ven reducirse cada día sus ya escasos presupuestos mientras crecen las ayudas a la sanidad privada? ¿Hay centralidad en esa enseñanza que no sabe lo que debe enseñar ni sabe a dónde va y para qué? ¿Hay centralidad en las leyes represoras del pensamiento y de muchas de sus manifestaciones? ¿Hay centralidad en ese volcar dinero público en una banca que no abre sus ventanillas de crédito a la pequeña y mediana empresa o a las familias que perviven en la angustia? ¿Hay centralidad en la sangría a que someten los mercados a los españoles, miserable colonia ya de esos mercados? ¿Hay centralidad en un gasto en armamento para guerras otánicas cuando necesitamos fondos para la paz? Si todo esto que he señalado una vez más en el papel que ahora firmo y mando como carta al Sr. Rivera ¡que se vaya a hacer puñetas la centralidad! ¿Picará el anzuelo el PSOE? Muchos de sus barones quieren mantener la presidencia de sus autonomías y se inclinan, al parecer, hacia esa maldita centralidad. Por lo visto el poder pequeño sigue siendo poder goloso.

Pregunta final: Sr. Rivera ¿qué es verdaderamente la centralidad; en qué consiste? Yo no lo sé, quizá porque soy un simple pensionista.

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