Oskar Fernandez
Licenciado en Filosofía y Ciencias de la Educación

La imperiosa necesidad de que se desvanezcan en el recuerdo de la historia

Las pasadas elecciones municipales y forales del 28M, en Hego Euskal Herria, dejaron entre otras posibles y variadas lecturas, una que es desoladora e impresionantemente significativa respecto a la superficialidad y simplismo de un discurso, supuestamente político, el del PNV. Pero que, exclusivamente, consistió en un escaso conjunto de mensajes de un ínfimo nivel y expuestos como si se tratase de una charla informal, en un ambiente totalmente gris y anodino y en un tono absolutamente ramplón.

Desde el ámbito y la perspectiva de la psicosociología y de la política, el diseño de contenidos, argumentos, datos, generación de expectativas, consignas, ejemplos… que realizó el PNV para la campaña a las mencionadas elecciones del mes de mayo, produjeron estupor, incredulidad y auténtica vergüenza ajena.

Las declaraciones, reflexiones, comentarios y exposiciones de las personas, supuestamente, más «relevantes» de la mencionada formación autonomista de derechas tenían el mismo rigor sociopolítico que las conversaciones, discusiones y diálogos que las niñas y los niños podrían plantear en el patio de recreo de un centro escolar.

Con motivo de la celebración del Aberri Eguna –en abril, unas semanas antes de las subsodichas elecciones del 28M– Andoni Ortuzar, presidente del EBB, aprovechaba la ocasión para dar comienzo a la campaña electoral y de paso intentar desprestigiar y ridiculizar –exponiendo ante su audiencia y todo el espectro derechista de los mass media, la auténtica realidad de lo que es, según él– Euskal Herria Bildu.

Proclamó a los cuatro vientos que algunas formaciones políticas ante un periodo electoral realizan un ejercicio de «transformismo» y añadía «No os dejéis engañar como incautos. Ahora parece que nunca han roto un plato. Ya no se cortan el flequillo con una motosierra y han guardado el forro polar y el palestino en el armario para ponerse chaquetas de diseño, pero son los de la 'mani', aunque ahora se vistan de Armani».

Y hablando sobre las posibles maneras de vestirse, un tema muy edificante y de una transcendental importancia política, entiéndase la ironía, Ortuzar incidía en que “… hay que ponerse el kaiku… se tiene que notar que somos el PNV… y tenemos, tenéis que dar la talla». ¡Kaiku puesto!

Unos meses antes, en enero de este mismo año, Beatriz Artolazabal, adscrita al PNV y candidata a la alcaldía de Gasteiz -que ha sido responsable, durante ocho años, de Políticas Sociales, primero en Araba y posteriormente en el Gobierno de Lakua, como consejera de Empleo y Políticas Sociales y que fue incapaz, tres meses después de dejar el cargo, de asignar correctamente el significado de cada una de las iniciales que componen la sigla LGTBI- ya había hecho mención explícita a las ignotas e increíbles potencialidades de esa chaqueta típicamente vasca «… ante Franco se podía ser rebelde con kaikus o mendigoizales».

A tenor de las declaraciones de esas dos personas diríase que el kaiku es una prenda que podría llegar a tener ciertos poderes extraordinarios y mágicos, al menos, cuando la persona que se enfunda en ella pertenece al mencionado partido.

El esperpento, la simplicidad, el desatino y la vacuidad de sus declaraciones suponen, claramente, un insulto inadmisible a la inteligencia y al sentido común de la ciudadanía, y revelan nítidamente la mentalidad ultraneoliberal y retrógrada de quienes las impulsan.

Ortuzar, en abril de este año, se reivindicaba asimismo y a la militancia de su partido como si ellos fuesen el modelo paradigmático de la política vasca «… somos los abertzales auténticos»
Eider Mendoza, la actual diputada general de Gipuzkoa, durante la campaña electoral retomaba la idea, esgrimida por el presidente de su partido, un mes antes, para seguir incidiendo en el mismo concepto y manifestar la «autenticidad de las y los políticos de EAJ-PNV». Siguiendo con esa línea de reflexión tan loable y excelsa, más propia del ámbito de la publicidad que del pensamiento político, exigía a Euskal Herria Bildu que fuesen auténticos.

Alardear, ufanarse y considerarse los y las auténticas abertzales por oposición a la militancia, votantes, simpatizantes… de Euskal Herria Bildu, describe con absoluta nitidez, por una parte, el infantilismo de sus exposiciones y por otra, la insostenibilidad y refutabilidad de su afirmación a la luz del saber popular, condensado a lo largo de siglos a través del conocido refrán, que sentencia taxativamente «Dime de qué presumes y te diré de qué careces».

Coherentes, eso sí, al menos con la línea discursiva, constantemente pueril, simple, vacía y totalmente anodina.

La mencionada diputada general de Gipuzkoa declaraba que lo que estaba en juego en las elecciones del 28 M era elegir entre «la inconcreción de Bildu» y «la solvencia de EAJ-PNV». Por cierto, ¿qué arcano misterio se oculta ante esa absurda obsesión de la extrema derecha, la derecha extrema y la derecha nacionalista de no mencionar jamás el nombre completo de la formación a la que tan a menudo y recurrentemente mencionan? Pronunciar el nombre de una nación sin Estado «Euskal Herria» seguido del vocablo Bildu ¿Les produce alguna ignota disfunción lingüístico mental?

La Sra. Eider Mendoza proseguía con su banal argumentación «… lo que hay que decidir en estas elecciones es - teclear Control + Z retroceder, o pasar a la siguiente pantalla, la pantalla del futuro… quedarnos con la copia mala, o avanzar con firmeza».

Andoni Ortuzar, también, incidía maquiavélicamente en esa dicotomía simplista y nacionalcatólica del bien y el mal, exclamando «… que Donostia y Gipuzkoa no caigan en malas manos es vital, es imprescindible» y se explayaba haciendo un llamamiento explícito a las personas que pudieran estar descontentas, y que si no iban a votar y no votan al PNV «… tienen que saber que están abriendo la puerta a que vuelva Bildu. El Bildu del ordeno y mando, de las basuras en la calle, del desastre de gestión, de la imposición y el lío».

Sobre ese mismo tema el primer edil de Donostia, Eneko Goia, siguiendo las magistrales y paradigmáticas líneas directrices de la campaña diseñada por su formación política, exponía sin el más mínimo rubor y sonrojo que la abstención «es el aliado de Bildu, que busca desplazar al PNV como sea y con quien sea»

El presidente de la máxima institución del PNV, también incidía en el tema de los pactos, sin manifestar ni el más mínimo rubor ni alteración del semblante, aunque sabía perfectamente que estaba mintiendo de forma deliberada y como un auténtico bellaco, cuando enardecía y comunicaba a sus acólitos que se estaba creando un acuerdo en contra del PNV, y exponía el peligro que llegaría a suponer que «… el PSE y EH Bildu extiendan su pacto en Eibar e Irún a otros sitios de Gipuzkoa». Seguidamente advertía de la existencia de una «entente vasco-española» refiriéndose a Euskal Herria Bildu y a Unidas Podemos la cual recurriría a «falsedades» para desalojarles de las instituciones.

Las formaciones políticas de derechas sean estatales o autonómicas -como es el caso del PNV, acérrimo autonomista por antonomasia, y alejado sideralmente del ejercicio político para construir una nación vasca, soberana y libre- basan toda su actividad sociopolítica en la ocultación y encubrimiento sistemático de la realidad; en la mentira, obsesiva y compulsiva; en la falsedad, la manipulación y la tergiversación de los hechos y acontecimientos, tanto locales como internacionales.

Estas estrategias son sustanciales e inherentes a sus aborrecibles peroratas. Y proyectan su tenebrosa, indeseable y grotesca sombra sobre las formaciones de izquierda, señalándolas y acusándolas de lo que realmente ellas hacen y son.

El PNV ha sido y es maestro paradigmático en la transformación torticera de la realidad en beneficio propio y de toda su extensa, compleja y repudiable red clientelar.

Sin lugar a dudas «esa entente vasco-española» es marca inherente e indisoluble del partido del Sr. Ortuzar, Urkullu… que desde la conocida o llamada transición política, llevada a cabo en el Estado español, se adhirieron con entusiasmo y pasión a todos los acuerdos que posibilitaron uno de los mayores escándalos, fraudes, engaños y decepciones acaecidos en la historia contemporánea de ese país.

Qué disparate tan absoluto y ajeno a la verdad, y que osadía que hablen y mencionen esa «entente vasco-española», los que carecieron y carecen de todo tipo de principios sociopolíticos, económicos, culturales, nacionalistas, éticos… Ellos, los jeltzales, que simpatizaron e hicieron presidente del Gobierno del Estado español a aquel siniestro personaje del PP, que a sabiendas de que mentía con auténtica alevosía sobre la existencia de armas de destrucción masiva en Irak, coadyuvó a que una brutal, cruel, inmensa e inhumana acción bélica se cerniese sobre la población iraquí como si se tratase de una auténtica pesadilla dantesca y apocalíptica.
Jose María Aznar jamás reconoció su implicación en una descomunal invasión y genocidio.
También realizaron pactos del máximo nivel con otro personaje muy edificante del PP: M. Rajoy.

Ellos, el PNV, que sistemáticamente han pactado, acordado y repartido prebendas y cargos a nivel local, provincial y autonómico con el PSE, se atreven a transformar y desfigurar la realidad, denunciando una «entente vasco-española» en su contra.
La mentira forma parte de su ADN sociopolítico.

Y, por supuesto, siguen acordando y pactando tanto con el PP -cuando al día siguiente de las elecciones del 28 M, negaban cualquier posibilidad de pacto con la formación de derecha extrema- como con el PSE, con el que forman un binomio indisoluble en todas las instituciones de vascongadas, desde hace dilatados lustros.

Andoni Ortuzar, con su lenguaraz estilo discursivo y tono burlesco, acusaba, sin mencionar ni dar a conocer ni el más mínimo caso, dato, hecho o circunstancia que justificase su aborrecible y totalmente falsa acusación sobre el supuesto «desastre de gestión» de Euskal Herria Bildu en las instituciones públicas.

Nuevamente la miserable e indeseable mentira se elevaba sobre el discurso para intentar banalmente tapar y ocultar sus reiterativas, abyectas y desastrosas gestiones en todos los ámbitos institucionales de la CAV.

El partido del Sr. Ortuzar y del Sr. Iñigo Urkullu está completamente implicado, involucrado e inmerso en un cúmulo extenso y difícil de abarcar de arbitrariedades y «favores» a las personas integrantes de una densa y extensa maraña clientelar, y expuesto o vinculado directa o indirectamente en numerosos y variados casos de irregularidades, anomalías y corrupciones totales.

La corrupción del PNV y el desastre absoluto de su gestión es paradigmático en todos los ámbitos institucionales.

Las más próximas, al menos en el plano teórico, a la ciudadanía, los ayuntamientos no se libran de la «excelsa y encomiable» gestión de los jeltzales:

«Alonsotegi, pueblo natal del Sr. Iñigo Urkullu, ha tenido que ver con vergüenza y desolación cómo hasta tres de sus ediles se han visto envueltos en casos de corrupción o irregularidades que les han llevado hasta los tribunales.

Bakio, donde el PNV ha gobernado históricamente, uno de sus alcaldes durante dieciséis años, fue condenado por falsificar documentos públicos y fraude a la administración.

Esos dos municipios no son excepciones. Los casos suman una larga lista: Muskiz, Zierbana, Erandio…»

A nivel territorial los casos de corrupción y pésima gestión alcanzan una dimensión más profunda.

«Gipuzkoa, el caso Bidegi -la Diputación estaba gobernada, por supuesto, por el PNV- salpica y vincula a la Institución Foral. El Juzgado de Instrucción nº 2 de Azpeitia investiga desde hace años a la Sociedad Pública Bidegi.

Euskal Herria Bildu denunció hace años que el Gobierno de Markel Olano (PNV) pagó treinta millones de euros para obras en la construcción de la AP-1, entre Eibar y Gasteiz, que nunca se llevaron a cabo.

El caso continúa abierto».

A nivel de Gobierno los escándalos no cesan.

«Uno de los casos más sonados de los últimos años fue la condena de altos cargos de la sanidad pública por mediar en la gestión de las listas de espera, adjudicando contrataciones, “eludiendo los principios de legalidad, objetividad y publicidad”. El llamado “caso Margüello”, provocó incluso una comisión de investigación en el Parlamento Vasco, que el PNV no apoyó.
La Fiscalía reclamaba hasta once años de cárcel, el PNV se limitaba a solicitar la reparación del posible quebranto económico, pero no penas de prisión».

El mayor caso de corrupción conocido, por ahora, en Euskal Herria «El caso De Miguel» tuvo un impacto y una repercusión enorme, profunda y extensa en la sociedad vasca -y lo sigue teniendo- tanto por la afiliación y cargos de las principales personas de la trama delictiva, exdirigentes del PNV en el territorio alavés, como por sus prácticas «mafiosas». El escándalo llegó a tal extremo que los dirigentes del subsodicho partido, Andoni Ortuzar e Iñigo Urkullu, se vieron, impelidos y forzados, por la caótica situación generada, a pedir perdón públicamente.

A finales de noviembre del 2018, en la Audiencia Provincial de Araba, el fiscal Josu Izaguirre afirmaba que los imputados formaban «una organización criminal» en la que muchos comparten un «nexo común»: su relación con el PNV. Acto seguido añadía que los integrantes de la trama «utilizaban prácticas más propias de Sicilia que de un país mínimamente serio».

En los albores de este año 2023, el Tribunal Supremo confirmaba, prácticamente, las principales condenas de este aborrecible y abominable caso de corrupción, que afecta tanto a exdirigentes del PNV como a cargos públicos de esa formación política.

Los principales acusados exdirigentes del PNV en Araba, Alfredo de Miguel, Koldo Ochandiano y Aitor Tellería veían ratificadas y firmes sus condenas por el alto tribunal como consecuencia de haber cometido delitos de: tráfico de influencias, inducción o cooperación a la prevaricación, cohecho, malversación de caudales públicos, falsedad documental, asociación ilícita y blanqueo de capitales.

Al día siguiente de conocerse la sentencia del mencionado TS, el 11 de enero de este año 2023, la gran mayoría de la prensa, escrita en papel, y con mayor difusión e incidencia entre la población de la CAV, se hacía eco de la noticia mediante grandes titulares en sus portadas.

“Berria”, al igual que todos los demás medios periodísticos mencionados en este párrafo llevaba la noticia a su portada, situándola la primera y dedicándole un 38% de ese espacio.

“El Diario Vasco”, la situaba como segunda noticia y con un espacio considerable y notable.

“El Correo”, la insertaba como primera noticia y le adjudicaba un 68% de espacio en su portada.
“GARA”, también la publicaba como primera noticia.

Los cuatro medios coincidían, prácticamente, en subrayar la confirmación de las penas más altas de cárcel a los cinco excargos o exburukides del PNV.

“Deia”, en su portada insertaba diez noticias, la relativa al caso De Miguel ocupaba el último lugar, el décimo, en la parte inferior de la portada, en un mínimo espacio y no mencionaba en absoluto la adscripción política de las personas condenadas.

Más evidente no se puede visualizar y mostrar la distancia tan sumamente efectista, interesada, partidista e increíblemente subjetiva del PNV y de sus altos cargos, en el vano y fútil intento de mostrarse ecuánimes y escrupulosamente rigurosos con las sentencias judiciales, como si el mayor caso de corrupción acaecido en vascongadas no tuviese nada en absoluto que ver con ellos y sus prácticas.

La pérdida de decenas de miles de votos por parte del PNV, en las últimas elecciones, del 28M -más de 86.000 personas optaron por no volver a votar a la formación nacionalista de derechas- dibuja y escenifica un panorama sociopolítico nada halagüeño para esa formación ultraliberal. Pero para la inmensa mayoría de este maravilloso y encomiable pueblo asentado entre las brisas del Cantábrico y las verdes y altivas cumbres de los Pirineos supone un auténtico alivio. Un horizonte radiante, atrayente y luminoso podría comenzar a dibujarse en el mapa sociológico de Euskal Herria.

La era hegemónica, agobiante, asfixiante, opresiva, totalitaria, intransigente, despreciable, arrogante e insoportable del PNV podría haber comenzado su imparable y progresivo declive hasta llegar a desvanecerse entre las páginas de los libros de historia, como una de las mayores pesadillas y calamidades por las que tuvo que transitar una gran parte del pueblo vasco.

Los formidables resultados obtenidos en esas mismas elecciones por Euskal Herria Bildu, casi 20.000 votos más, otorgados por ciudadanas y ciudadanos de Hego Euskal Herria, que han confiado, tal vez, plenamente en la radical transformación que impulsa Euskal Herria Bildu en todos los ámbitos: económicos, sociales, laborales, medioambientales, en los derechos inalienables de todas las personas, en la vivienda, la sanidad, la educación, la cultura, el deporte, los cuidados, el feminismo como eje vertebrador de una nueva sociedad justa, solidaria e igualitaria para poder decidir libremente, sin las ataduras, trabas y atávicas imposiciones de las aborrecibles derechas, cómo se desea ser y a quién amar…

El 23 de julio se podría ir configurando en un horizonte multicolor, la alegría desbordante y contagiosa de todo un pueblo por una transformación radical en la forma, en el fondo, en las maneras y en la mentalidad de gobernar en todas y en cada una de las instituciones.

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