La imposición y el derecho a no aprender

A nadie se le ocurre decir que a las alumnas y alumnos de Navarra se les impone el aprendizaje de las matemáticas, las ciencias sociales o el inglés.

19/05/2019

En la campaña electoral se ha colado el mantra de la supuesta «imposición de la enseñanza del euskera», que ha sido también una constante obsesión de la derecha a lo largo de la legislatura. Ha llegado hasta el punto de plantearse en sus sesgadas encuestas como uno de los problemas de Navarra, tal como relataba un lector del “Diario de Noticias” en una carta al director.

A mí no me preocupa tanto la obvia falsedad de la acusación, a ello nos han acostumbrado algunos partidos cuando se trata el tema del euskara, sino la respuesta que dan las y los representantes del cuatripartito.

A nadie se le ocurre decir que a las alumnas y alumnos de Navarra se les impone el aprendizaje de las matemáticas, las ciencias sociales o el inglés, materias todas ellas, junto con otras, que todo el alumnado debe cursar obligatoriamente. Sin embargo, aunque en Navarra tenemos la inmensa fortuna de contar con dos lenguas propias, solo a una parte del alumnado se le garantiza el aprendizaje de una de ellas, el euskara, en mayor o menor grado. Por ello, me enfado cada vez que oigo o leo como se niega enfáticamente que se pueda plantear la obligatoriedad del aprendizaje del euskara. En mi opinión, el que la enseñanza de esta lengua no forme parte del currículum básico del alumnado navarro es un acto de irresponsabilidad.

Por supuesto, las madres y padres, además de educar en el hogar, pueden y deben participar activamente en el ámbito educativo: hacer propuestas sobre políticas educativas a través de las federaciones, debatir fórmulas organizativas en los centros, formular sus opiniones críticas... Pero no se debe dejar en sus manos la «libertad de elegir el currículum», o mejor dicho, no se pueden arrogar «el derecho a que sus hijas e hijos no aprendan determinados contenidos» que se materializa, de momento, en el supuesto derecho a no aprender euskara y a no participar en Skolae, es decir, a no recibir una educación afectivo sexual ni en igualdad.

Ni existe ni puede existir un «derecho a no aprender». Por el contrario, se debe garantizar a las alumnas y alumnos «el derecho a aprender» la equidad de género y el euskara. Se les debe ofrecer el máximo de recursos y posibilitar los elementos necesarios para poder conseguir una ciudadanía respetuosa y crítica, y una sociedad democrática y cohesionada.

La oficialidad del euskara en todo el territorio sería un elemento facilitador para dejar de cuestionar la conveniencia del conocimiento de esta lengua pero, mientras esta no se materialice deberíamos de dejar de hablar en términos de imposición/libertad y utilizar otros más adecuados, como patrimonio lingüístico y equidad. El reto para la próxima legislatura debería ser ofrecer a todo el alumnado navarro la oportunidad de aprender en o el euskara sin que ni sus familias ni determinadas fuerzas políticas sean quienes les otorguen o nieguen esa posibilidad.

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