Historiador
La línea visible

La serie es sumamente maniquea. Lo grave reside en el hecho de que el franquismo y sus personajes son los ponderados del relato, y sus opositores los desequilibrados.

25/04/2020

De nuevo una avanzadilla de productos audiovisuales en la línea del relato único. Aderezados con secuencias de relleno pastelero pero, en lo fundamental, calzadas con el mismo patrón de aquellos bodrios de antaño, desde "Los últimos de Filipinas", hasta "ETA nació en un seminario", del esperpéntico Álvaro Baeza.

Aunque parezca novedad, jamás han dejado de producirse películas, documentales, libros, tesis doctorales, interpretaciones en general sobre un conflicto que sigue abierto. Interpretaciones segadas, continuadoras de la línea del relato único, de que ese conflicto político no lo es tal, sino que sus síntomas obedecen en realidad a una patología que afecta a un elevado número de vascos.
Entre las películas, la lista es, efectivamente, larga. Desde aquel "Comando Txikia" de José Luis Madrid, donde Carrero Blanco era algo así como la reencarnación de "El Capitán Trueno", pasando por "Todos estamos invitados", de Manuel Gutiérrez Aragón, "1980" de Iñaki Arteta o "El Lobo" de Miguel Courtois, los proyectos han sido numerosos. Entre los últimos, "El negociador" de Borja Cobeaga, "El fin de ETA" de Justin Webster o "Mudar la piel" de Ana Schultz y Cristóbal Fernández.

Después de una mini-mini serie llamada "El padre de Caín", guionizada por Rafael Vera, lo recordarán también en la década de 1980, entre otras actividades autor del secuestro de Segundo Marey (reivindicado por los GAL), llega la última. En esta ocasión se trata de la miniserie de Movistar, "La línea invisible", dirigida por Mariano Barroso, que, a las primeras de cambio, excusatio non petita, ya ha dicho que con la película «no ha querido hacer política, sino dar respuestas». Y de verdad que las ha dado. En un sentido.

Mariano Barroso ha puesto luz y sonido a la estrategia ya avanzada por ese omnipresente Memorial de Víctimas del Terrorismo que está rescribiendo la historia reciente, edulcorando la actividad policial y ahora, por lo visto, difuminado el franquismo, el genocidio. Las tesis de la película son las defendidas en el libro "Pardines, cuando ETA empezó a matar", coordinado por Fernández Soldevilla y Florencio Domínguez, dos activistas del Memorial.

No tiene demasiado sentido entrar en detalle de un producto que se cae por su peso y que ha recibido el aplauso de los que habitualmente no hacen sino seguir los dictados de Interior. En otras épocas con fondos reservados, en estas vaya usted a saber con qué dádivas. Ultras como Covite y Consuelo Ordoñez se han sumado a aplaudirla para regocijo público de su director.

Quisiera remarcar que, en lo histórico, hay mentiras flagrantes. Y, sobre todo, blanqueo de personajes, de un sistema político en concreto y también frivolización de unos de los crímenes más abyectos de la condición humana: la tortura. Melitón Manzanas no fue un carlista jatorra, sino un nazi, que trabajó incluso para la Gestapo y que, según denunció en su día Giselle Halimi, comerció con judíos a los que cobraba dinero por pasar la muga y una vez recibido, los entregaba directamente a los alemanes con destino a los campos de exterminio de Auschwitz o Dachau.

Manzanas jamás reivindicó su condición de vasco y efectivamente tenía familia, como la tuvieron Franco, Videla, Oliveira Salazar, Mussolini o Eichman. Fue el icono de la tortura, no precisamente pegando dos sopapos. Ni Pardines, agente policial de una dictadura criminal, ni Etxebarrieta, ni Manzanas fueron los primeros muertos. Una larga lista en esa década de 1960, justamente muertos por policías o guardia civiles: Mertxe Antxeta, Javier Batarrita, Vicente Lertxundi... ¿No merece una historia de amor y reconocimiento José María Quesada, fallecido después de una larga agonía producto de las torturas del comisario que, según la serie citada, era un «funcionario diligente»? ¿Quizás Quesada no lo merece porque fue uno de los fundadores de ETA?

El episodio de la muerte de Txabi Etxebarrieta es radicalmente falso. Y eso los guionistas lo saben. Por tanto, es una manipulación intencionada. Una mentira prefabricada. Hagan pública la autopsia que aquellos dos médicos de Tolosa realizaron al cadáver de Etxebarrieta. Y así los espectadores, lectores, entenderán que es una ejecución.

Podríamos alargar la serie, hasta la llegada de la monarquía parlamentaria. La «democracia». En el décimo aniversario de la muerte de Etxebarrieta, la actuación en Tolosa de las fuerzas policiales fue escandalosa. Una niña herida de bala, por la espalda, un joven con fractura craneal perdió un ojo, y unos cuantos menores fueron detenidos y trasladados a comisaría.

En síntesis, la serie es sumamente maniquea, buenos y malos, vaqueros e indios. Lo grave reside en el hecho de que el franquismo y sus personajes son los ponderados del relato, y sus opositores los desequilibrados. Caricaturiza y ridiculiza hasta la saciedad a los etarras, les insufla de fanatismo y un discurso sin ideología, con el paradigma en la V Asamblea de ETA donde los guionistas inventan, como en gran parte de la película, pasajes que les son favorables a sus tesis revisionistas. Además, a los protagonistas reconocibles les asigna personalidades y actitudes falsas.

Es cierto que también ha habido otras interpretaciones del conflicto. Como la actual de Thomas Lacoste que ya intentaron boicotear en el Fidapoc de Biarritz del pasado año. Criminalizaron ya en su tiempo a Imanol Uribe, cuando hizo la película sobre el Proceso de Burgos, retirándole Cultura la subvención. Hicieron lo mismo como "Asier eta biok" de Merino, con "La Pelota vasca" de Medem, amenazando públicamente a sus directores.

Hace pocos años, "Ventanas al interior", con ETA ya desarmada, fue llevada a la Audiencia Nacional. "Memorias de un conspirador", sobre Jesús Eguiguren, fue vilipendiada. La presión hizo que hasta la dirección del Zinemaldi retirara a ambas de su cartelera. Así que ya saben. Para superar el listón, deben participar del relato único. Entonces, como diría Facundo Perezagua, recibirán el halago de los «cagatintas».

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