Iñigo Eiguren Endeiza

La roja

Vaya por delante que, para mí la Roja es Dolores, y entre las rojas, todas aquellas que lucharon por la libertad, terminando muchas de ellas vejadas y asesinadas en nombre de la bandera que adorna la camiseta de la selección campeona del mundial de fútbol celebrado este verano. Pero vamos a ceñirnos hoy a cuestiones estrictamente deportivas, si acaso eso es posible. 

En ese aspecto, he de reconocer que me ha sorprendido, para mal, la normalización con la que hemos vivido el recorrido del equipo rojigualdo en el campeonato diseñado por la FIFA de Giovanni Infantino a mayor gloria del bailador rubio. Me cuesta comprender que tanta gente comprometida con la identidad vasca haya olvidado que es precisamente la federación que respalda a ese conjunto, la federación española (sin olvidar la francesa) quien impide, por motivaciones exclusivamente políticas, la participación de nuestra selección, la de Euskadi, de Euskal Herria, en torneos como el Mundial de fútbol. 

Es por eso que animé a Cabo Verde, Uruguay, Portugal, Bélgica... (el tufillo sionista hizo más difícil lo de Argentina), y seguiré animando a quienes lidien contra la española mientras sigamos en esta situación.

Este pasado julio futbolero nos ha dejado además la propina de la exagerada intervención de la autónoma Policía española que ha querido sumarse a la fiesta saltándose sus competencias con tal de atacar todo lo que huela a vasco, reivindicando de paso su omnipresencia e impunidad. Por cierto, no comparto las intimidaciones y episodios violentos contra los aficionados que con sus camisetas animaban a la selección ibérica, aunque me siga llamando la atención que, una vez más, no hubiera detenidos entre ellos. Pero creo que, sin justificar estas acciones que, además, son contraproducentes, merece la pena pararse a pensar en los motivos de tal inquina. 

El caso es que no estamos en una situación de normalidad: nuestra selección no nos puede representar en multitud de eventos internacionales y ello se debe, tal y como se ha comentado, a la cerrazón de instituciones como las que sustentan a la selección española de fútbol, que bloquean metódicamente cualquier avance y proceso de oficialización, realizados, insistamos en ello, usando los recursos pacíficos y legales de los que el presunto sistema democrático español tanto se enorgullece. 

La camiseta de la Euskal Selekzioa es una reivindicación; desafía pero no agravia, porque su federación no discrimina ni pisotea los derechos de nadie, mientras que la de la roja, a nuestro pesar, muchos la vivimos como una provocación.

Aun apelando a la libertad de todo aficionado de exhibir los símbolos que le apetezcan, coincidiendo con quienes reclaman iniciativas propias alejadas de enfrentamientos con grupos ajenos, y condenando las coacciones y violencias que se hayan podido ejercer sobre quienes animaban a la selección del Estado, considero poco empático, de mal gusto e incluso ofensivo que la gente se pasee exhibiendo esos símbolos por territorios que carecen de la libertad que ellos poseen, cuando son ellos mismos quienes nos la niegan. Sobre todo si se ostenta un cargo público. La alcaldesa de Gasteiz, por ejemplo. 

Hay quien comenta que la Euskal Selekzioa es una utopía y parece conformarse con el partido de Navidad. A estos habría que responderles que siempre lo será mientras sigamos pensando de esa manera, que nunca nada se ha arrancado a la carcundia sin dar la cara, sin luchar. No podemos normalizar esta situación. No debemos cejar en el empeño. Hagámoslo realidad. El camino marcado en pelota, surf, sokatira, ardimoztaileak... debe llevarnos a la meta de la representación en todas las disciplinas. Gora Euskal Herriko kirol selekzioak!

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