La solución a la pandemia: semana laboral de cuatro días
Con tasas de paro tan elevadas no podemos seguir anclados en jornadas laborales de 40 horas, ni siquiera de 37,5 o 35 horas. Trabajar cuatro días a la semana supone 32 o 34 horas semanales, en función de la jornada diaria de 8 horas o 8,5 horas.
Además de la pandemia sanitaria, tenemos encima una pandemia económica y sociolaboral que ha provocado graves consecuencias: principalmente hundimiento de la economía, paro, ERTEs y empobrecimiento social, como solución, ayudas institucionales.
Una dinamización de la economía debe venir de un aumento de la recaudación fiscal y eso sólo es posible si existen más cotizantes (IRPF) y si existe más consumo (IVA), que son los impuestos que generan mayores aportaciones, otros como el impuesto de sociedades, con la cantidad de exenciones y con la reducción de la producción, se alejan mucho en aportaciones.
Si analizamos lo que suponen tasas de paro elevadas, aumento de la pobreza y su cronificación y la caída de la recaudación, ¿de dónde va a salir el dinero para la inversión sanitaria, farmacéutica, en residencias, en educación, pensiones, en ayudas sociales, ayuda a empresas, si no generamos ingresos?
Danniel Susskind, exasesor del Gobierno británico y profesor de la Universidad de Oxford, publicó en 1998 "A world without work", donde predecía que los avances tecnológicos expulsarán la mano de obra del mundo laboral, sin embargo, la pandemia se ha convertido en un gran experimento de desempleo. La solución dada, renta mínima, que no garantiza superar la pobreza y rescate a algunos sectores.
Cuando se están planteando impuestos a los robots, habría que preguntarse si cada vez tendemos a simplificar la operativa del trabajo, a trabajar desde casa y a trabajar en nuevas ocupaciones, ¿por qué no trabajar menos, para que trabaje más gente, coticen más personas y se reduzcan las ayudas?
Con tasas de paro tan elevadas no podemos seguir anclados en jornadas laborales de 40 horas, ni siquiera de 37,5 o 35 horas. Trabajar cuatro días a la semana supone 32 o 34 horas semanales, en función de la jornada diaria de 8 horas o 8,5 horas.
La trasformación digital, el despliegue del 5G y el gran número de profesionales existentes, nos sitúan en cabeza del desarrollo tecnológico, debemos modernizar y digitalizar las profesiones, haciéndolas más productivas y sostenibles. Es un buen momento aprovechando que la Unión Europea considera como una de las dos líneas prioritarias de actuación para la reconstrucción económica, dotada con miles de millones de euros, sin olvidar que profesiones esenciales, en el sector sanitario, educación, servicios, etc, han visto como además de estar mal pagadas, carecían de suficiente personal, mientras las listas de paro aumentaban.
Los economistas y políticos más liberales, prefieren olvidar que la intervención del Estado en las empresas no es normal en una economía capitalista, piden rescates y ayudas a empresas, propio de gobiernos intervencionistas. Defienden la socialización de las pérdidas y no hablan del reparto de la riqueza.
El movimiento 4 Day Week Global, fundado por Andrew Barnes, empresario neozelandes, junto a Charlotte Lockhart, esta asociado con el Centro de Investigación del Bienestar de la Universidad de Oxford. Personas como la primera ministra neozelandesa Jacinda Ardern está pidiendo a las empresas que implanten semanas de cuatro días para impulsar la recuperación postpandemia y Andrew Yang excandidato demócrata a las elecciones presidenciales estadounidenses, ve necesaria su puesta en marcha. También Sanna Marin primera ministra finlandesa y exministra de transportes hace un año ya defendía esta semana laboral, lo que demuestra que no es algo coyuntura o simbólico, sino valorado en algunos de los países más desarrollados.
Desde 2018 se han probado varias experiencias, por ejemplo, en Microsoft en Japón el año pasado los viernes del mes de agosto no se trabajaba y aumento un 40% la productividad. Sin embargo, Robert Yuen descubrió que un fin de semana de 3 días hacía más dura la vuelta los lunes y probó con interrumpir la producción los miércoles, esa medida en su empresa fue la más productiva.
La redistribución de la riqueza debe ser prioritaria en los gobiernos, mediante la implantación de la reducción de la jornada laboral, valorando el tiempo y mejorando la prosperidad, descartando que los salarios mantengan a la clase trabajadora en los umbrales de pobreza. Los gobiernos deben abandonar el discurso de la austeridad.
El estado del bienestar, no debe ser considerado como el estado de la beneficencia, sino del desarrollo personal. La renta básica universal, debe cubrir el hueco de la ausencia del empleo, pero cuanto menor sea el desempleo, menor aportación económica será necesaria.