Enric Vivanco Fontquerni, Barcelona

Lo genérico olvida lo concreto

En el Principat, tenemos la suerte de ser los primeros en padecer los problemas cualitativos y cuantitativos, que llegarán más tarde a otras zonas con toda seguridad. Estamos empantanados y no hay forma que los políticos resuelvan alguno de ellos. El ejemplo matriz es la ciudad de Barcelona, que se ha convertido en una gentrificadora, de una eficacia sin límite. La pregunta es cómo es posible que se haya llegado a esta situación con gobiernos todos de izquierdas, excepto uno de cuatro años, con el añadido de ocho años de la alcaldesa Colau. He de recordar que la extrema derecha ni se mencionaba. Ahora resulta que el gran problema, el oponente a batir es la extrema derecha. ¿Qué autocrítica hacen como si ellos no hubiesen gobernado desde la Transición? Han construido una ciudad que los adversarios son los que llevan generaciones habitando en ella. Barcelona es la primera y auténtica rival del Principat. La población europea, aterrizada en el aeropuerto, que por supuesto es imprescindible ampliar, para que siga llegando el mismo espécimen con los bolsillos llenos de Asia y de Australia, con buenos sueldos, que lo encarecen todo ya que les sobra el dinero, pero necesitan sirvientes, para que les limpien sus casas, les sirvan en los restaurantes caros y les trasporten sus caprichos a cualquier hora del día y de la noche. Por ello los pobres del mundo son bienvenidos en un alarde de progresismo sin el menor interés, por parte de ellos, para demostrar que son los cosmopolitas auténticos y virtuosos sin mácula de racismo. La política es lo concreto y no las divagaciones que quedan muy bien pero no resuelven nada. Cuando se afirma que ha de ser honesta, honrada y justa, esto lo podría recitar cualquier confesor religioso, sobretodo en el momento que se liga honestidad con castidad. Si la política, tiene que derivar en esto, la religión les lleva una antelación de centurias y así estamos. Los políticos, no están para servir nada, ya que no son camareros, ni los médicos tampoco. Servir es un vocablo que recuerda la esclavitud. Lo único que tienen que hacer es implementar lo que la población quiere, nada más. En al barrio de El Raval, el año pasado el 40% de la población marchó, y los que llegaron nuevos, el 90% eran originarios de distintos continentes. Si no se dispone de legislación, ni de presupuestos, ni voluntad política de Madrid, ni de los partidos autóctonos: cómo se pueden integrar estas personas de culturas distintas. Por ello se está edificando una sociedad anómica. En las elecciones, los votantes se sienten comprometidos cuando comparten un vínculo básico, que no son los alquileres, es cultural, algo que no entenderá jamás el progresismo y así les va. Cuando la experiencia de los demás votantes le es ajena, el sistema deja de funcionar. Como todos ellos son conscientes de la sociedad anómica, cada capilla busca el enemigo a batir. El resultado es que una inmensa masa de población queda marginada, como delincuentes por unos y por otros. No hay que ser profeta para vaticinar que todo el tinglado, es inviable. Lo que no se sabe cuál será su sustituto que no necesariamente puede ser peor, ya que es difícil superarlo. Acabo con palabras de Slavoj Zizek: «ahora el capitalismo global se está presentando como la última protección contra el fascismo y si tratamos de señalarlo nos acusan de ser cómplices del fascismo». 

Atentamente.


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