Madera y roca

Roca, campo, árboles, helechos, dejaban al descubierto el duende inmaterial donde cabían la avenencia de los presentes y el buitre fisgón.

16/06/2019

Permitid que personalice a chorros lo que se sentía en las Malloas en flagrante complicidad con el arte-sano Juan Gorriti, nacido y vivido como arte-ista en el valle de Araitz. Roca, alambre y madera, tablón, tarugo, tronco, astilla, palo, rama, raíz, se ofrecen al talante de la cordura delirante de Gorriti. Al pie de las Malloas se exponen sus esculturas para el deleite de cuervos, buitres y cabras a las que Chesterton convenció afirmando que los locos han perdido todo menos la razón.

Las horas de la inauguración de esa exposición fueron un akelarre gorritiano. Se sucedieron testimonios debutando con la prudente cadencia de la simultaneidad del sonido de la tarea de dos aizkolaris con la armonía de la expresión de dos txalaparteros. Siguieron bertsolaris, cantos, danzas y sosiego que los numerosos asistentes sentían y transmitían. Dominando ese espacio, planeaba un buitre que no sabe de mugas. Su curiosidad discreta se limitó a unos minutos, al cabo de los cuales se fue a anunciar a los suyos lo que había visto. Al día siguiente, minutos antes de la salida del sol en las Malloas, hacia las 6.30, el buitre y su prole, junto a otros buitres vecinos de nido, sobrevolarían Aralar por Uztegi y Gainza para sigilosamente posarse entre las esculturas de Gorriti dispuestas en Cromlech; así se forjarían su contemplación alrededor del Valle.

Más que nunca parecía evidente que la esencia es el vacío y que la materia la componen agujeros en él practicados. Roca, campo, árboles, helechos, dejaban al descubierto el duende inmaterial donde cabían la avenencia de los presentes y el buitre fisgón.

Sorprende la capacidad de Gorriti para contar con la madera historias tan extrañas que parecen verdaderas y que la madera, a su vez, nos relata.

El espacio al pie de las Malloas revela el saber popular que distingue los aspectos naturales, berezko, de los supernaturales, aideko. En ese espacio ovejas, yeguas, cabras acompañarán a Basajaun cuando nosotros, los berezko, nos retiremos para dejar que se instalen rondas de mitos, coartadas de realidades espontáneas. El día y la noche, el interior y el exterior de las cuevas de Obantzun, albergan a la Lezeko andrea, Mari, que tanto nos podría decir sobre sus Gorritis cómplices, los que con ella surcan los espacios munduz mundu.

Me quedo corto intentando describir unas horas de alivio en un espacio situado a minutos luz, que ya es, del tedio sin tamizar mantenido a la dieta del «más de lo mismo».

Confiemos a los arte-istas la determinación de nuestros objetivos inmateriales, como si de simples etapas se tratara.

Confiemos a la Naturaleza, de la que formamos parte, el cuidado de sus propios límites... si existen.

Hay realidades; una a una la realidad es la que hacemos. Al pie de las Malloas surgen ahora, discretamente, tallos de realidades gracias a Gorriti.

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