«Make navarra small again»
Qué quebranto a nuestro honor! ¡Qué desacato! Cristina Ibarrola se ha agarrado un berrinche proverbial porque el Athletic Club ha incorporado un pequeño mapa de Euskal Herria al dorso de su camiseta. En la sede de UPN se desgarran la pechera con desmayos teatrales y lloran a moco tendido su desventura. Los coristas del PP, navarristas de cepa antigua, agrandan el ruido con su llanto mientras los hijuelos de Vox gritan «prioridad nacional» por las belenas de Pamplona. ¡En el nombre de San Fermín! ¡Por las barbas de Íñigo Arista! Apartad la bandera bicrucífera de esta tierra gallarda e indómita.
No hay lugar para las dudas: jamás en su historia milenaria había sufrido el pueblo navarro un escarnio de tal calibre. Navarra es libre y soberana desde que nuestros soldados rindieron voluntariamente sus cadenas a la Corona de Castilla. Esa jurisdicción propia, esa soberanía plena, quedó para siempre consagrada en el fusil de nuestros requetés y en la gloria de Emilio Mola. Muerte al invasor vascongado. Larga vida a los héroes de la navarridad desde las crestas de la Foz de Lumbier hasta las faldas de Montejurra. Que Navarra vuelva por sus fueros sin más rey que el último retoño de la Zarzuela.
Por eso, en legítima defensa de nuestra navarrísima identidad, hemos pedido el auxilio de las instituciones españolas. Estimado Rafael Louzán, presidente de la Real Federación, no hay palabras que alcancen a describir la estatura de la ofensa. Desestimada María Chivite, presidenta del Gobierno Frankenstein, no querrá usted regresar a aquellos tiempos funestos en que sus conmilitones se envolvían en trapos foráneos. ¿Será que añora usted aquel mitin fundador del Cine Olite presidido por la ikurriña, cuando la Agrupación Socialista de Navarra aún pertenecía al Partido Socialista de Euskadi?
¿PSN? Permítanos una carcajada. En el jolgorio de la Transición, ustedes engrosaron el Frente Autonómico junto al PNV y ESEI con candidaturas comunes al Senado en Navarra, Álava, Guipúzcoa y Vizcaya. Lo que pasa es que después les entró el canguelo. Pero ahora vuelven a disolver la peculiaridad navarra en delirios euscalerríacos en lugar de disolverla en la moderada sensatez española. Protesten, si son tan valientes, contra el desacato del equipo bilbaíno. Al fin y al cabo, como dicen los mozos de Vox, el Athletic es «el club donde anida el cariño a ETA», un cariño que ha terminado contaminando también al Osasuna con berridos de «No hay tregua».
Se acabaron las tonterías. Acudiremos a los tribunales de orden público en fierísimo litigio hasta que el concepto mismo de «Euskal Herria» desaparezca de la faz de la tierra. Fuego al Archivo Real y General de Navarra, que aloja el mapa de las siete provincias diseñado en 1863 por Louis-Lucien Bonaparte. Antorchas contra la Biblioteca Nacional de Francia por dar pábulo a una añeja cartografía de Euskaria que mete en el mismo saco Tudela, Biarritz y Portugalete. Pediremos la inmediata ilegalización del Aviron Bayonés por incorporar en su escudo un lauburu y siete rayas en representación de los dichosos siete territorios.
Sepan que no estamos solos en esta noble cruzada. Nos acompaña una de las figuras más respetadas del periodismo verídico, riguroso y de calidad. Aunque ahora bebe los vientos por Madrid −¿quién no los bebe?− es más navarro que una ristra de chistorra. Hablamos de Eduardo Inda, que ha elegido las palabras más exactas para este sentimiento compartido. «Ignominia». «Atentado contra la historia y la legalidad». «Símbolo de mierda». Entre tertulia y tertulia, nuestro trovador de confianza ha sabido explicar con precisión académica la magnitud del desatino terrorista. Euskal Herria es ETA y ETA es Euskal Herria.
Pero nuestra empresa desvasquizadora no termina aquí. No, señor. El objetivo final, nuestro sueño más viscoso, es suprimir la Disposición Transitoria Cuarta de la intocable Constitución. Con esa tarea nacimos y en ese empeño moriremos. Así lo quiso Jesús Aizpún, que se alejó de Adolfo Suárez cuando supo que el muy centrista permitía a los navarros la posibilidad de decidir su futuro. ¡Abajo el derecho al referéndum! ¡Arriba las cadenas doradas que con tanta algarabía tintinean en el escudo español desde los tiempos de la Conquista! ¡Esta es mi bandera, desde el norte a la Ribera y también hasta Antequera!
Lo repetiremos a ritmo de jota si es necesario. Iremos en alegre Javierada hasta el mismísimo Vaticano para que retumbe nuestra voz en un pulcro castellano, sin contaminaciones eusquéricas ni extranjerismos impostados. Recordad que en los tiempos de Sancho VI el Sabio ya llamábamos al vascuence «Lingua Navarrorum», que en latín significa «lengua introducida en Navarra por los vástagos de Sabino Arana, la kale borroka y las ikastolas». Gritemos todos juntos: «la imposición del euskara solo trae a los de fuera». A tomar espárragos los inmigrantes del Zazpiak bat. Navarra es una y no cincuenta y una.
Es verdad, no negaremos, que UPN anda navarricaída, renqueante y cabizbaja. Las urnas ya no nos dan el premio golosón de los tiempos de Miguel Sanz y Yolanda Barcina. Empiezan a sentirse los efectos del Gran Reemplazo. Multitudes batasunas desembarcan en los andenes de La Burundesa para votar a Asirón sin que podamos hacer otra cosa que tratar de refinar nuestras promesas electorales. Hemos barajado moderar los precios del alquiler, ofrecer derechos laborales y reclamar un SMI navarro a la altura de nuestro coste de vida. Enseguida lo hemos descartado. Lo que Navarra necesita es ventilarse la ikurriña. A la mierda el País Vasco. Make Navarra Small Again.