Ander Domblás García
Orientado Escolar. Profesor asociado de la UPNA Doctor en Psicología

No debiliten más uno de los pilares de la inclusión educativa

En los últimos días, se ha introducido una modificación en el Decreto Foral 1/2023 que regula el funcionamiento del Centro de Recursos para la Equidad Educativa en Navarra (Creena) y para ello se ha utilizado una disposición final, concretamente la segunda, incluida en el nuevo Decreto Foral de Convivencia. La modificación se ha realizado mediante un procedimiento legalmente establecido y ha pasado por los cauces ordinarios de transparencia y exposición pública. Sin embargo, muchas personas vinculadas a la educación hemos conocido este cambio tarde, casi por sorpresa y sin margen real para poder realizar aportaciones sobre una cuestión que afecta directamente a un recurso tan importante como el Creena. Probablemente, nadie esperaba encontrar en una disposición final de un decreto foral sobre convivencia una modificación de tanto calado sobre el modelo de dirección y funcionamiento de un centro clave para la equidad educativa. 

Y eso es precisamente lo que preocupa. No porque no se hayan cumplido los trámites administrativos, sino porque una decisión de esta trascendencia merecía de una comunicación y difusión previa, clara por parte del Departamento de Educación. Cuando hablamos del Creena no hablamos de una estructura administrativa cualquiera. Hablamos de un recurso público esencial para sostener la inclusión educativa en Navarra, para acompañar a los centros, orientar a las familias y ayudar a construir respuestas educativas de calidad para el alumnado que más apoyo necesita. 

El cambio normativo no es menor. En primer lugar, se reduce el papel del director o directora del Creena en la definición de los puestos de trabajo del centro. Donde antes existía una participación activa −«a propuesta del director o directora»− ahora se sustituye por una mera audiencia −«oído el director o directora»−. Este matiz jurídico implica, en la práctica, una pérdida de capacidad real de intervención en la configuración del equipo profesional. 

En segundo lugar, se modifica el sistema de provisión de los puestos, separando el proceso de selección de la dirección del resto del personal. Esta diferenciación no es neutra, ya que permite establecer un modelo específico para la designación del director o directora, distinto del sistema general aplicable al personal docente. Se abre así la puerta a mecanismos más discrecionales precisamente en un espacio que debería estar especialmente protegido por criterios de mérito, capacidad y solvencia técnica. 

Pero el cambio más grave es, sin duda, la eliminación de la exigencia de presentar un proyecto estratégico de actuación para acceder a la dirección del Creena. Hasta ahora, en el proceso de elección de la dirección se valoraban aspectos esenciales como la experiencia profesional, la formación técnica de las personas candidatas y la presentación de un proyecto estratégico que permitiera definir objetivos, líneas de actuación y compromisos de mejora para el centro. 

Todo ello garantizaba una dirección basada en la preparación, el conocimiento especializado y una visión clara de futuro. 

La nueva redacción elimina esa exigencia y la sustituye por una fórmula abierta: la provisión se realizará según lo que determine reglamentariamente el Departamento de Educación. Es decir, desaparecen criterios concretos sin que se ofrezcan garantías equivalentes. Y eso supone un retroceso. 

Porque el Creena nació precisamente con una vocación técnica. Su propia normativa lo define como un centro especializado dedicado a la investigación, al impulso de metodologías inclusivas, al análisis de experiencias educativas y al acompañamiento de centros y familias. Su función no es burocrática ni política. Su función es técnica, especializada y profundamente vinculada a la mejora continua del sistema educativo. 

El Creena debe ser un espacio de conocimiento, innovación y liderazgo pedagógico. Debe trabajar en colaboración con universidades, entidades sociales vinculadas a la discapacidad y a la inclusión educativa, servicios especializados y profesionales de distintos ámbitos. Debe generar investigación, impulsar buenas prácticas y ayudar a los centros educativos a responder mejor a la diversidad del alumnado. Y para liderar una estructura así no basta con gestionar. Hace falta preparación, experiencia, criterio técnico y un proyecto sólido. 

Por eso preocupa tanto este cambio. Porque da la sensación de que, poco a poco, se debilita el carácter técnico del Creena en favor de un modelo más centralizado y menos exigente en los requisitos para su dirección. Y eso no es una cuestión menor. Cuando se rebaja la importancia de la experiencia, de la formación especializada y de los proyectos de trabajo, se debilita también la capacidad del propio sistema educativo para avanzar en inclusión y equidad. 

Hoy más que nunca necesitamos recuperar y reforzar el carácter técnico del Creena. Necesitamos que siga siendo un referente profesional al servicio de los centros, de las familias y del alumnado. Necesitamos direcciones elegidas por mérito, capacidad, experiencia y proyecto. Y necesitamos que las decisiones que afectan a recursos tan sensibles se adopten con transparencia, con participación y pensando siempre en el interés educativo por encima de cualquier otra lógica. 

La inclusión educativa no se sostiene únicamente con discursos. Se construye con conocimiento, con rigor y con profesionales preparados liderando proyectos sólidos y compartidos. 

Navarra fue durante años una comunidad referente en atención a la diversidad, y el Creena formó parte esencial de ese reconocimiento gracias al trabajo y compromiso de muchos y muchas profesionales que convirtieron este centro en un recurso técnico de referencia. Un modelo basado en el conocimiento

especializado, la innovación, la colaboración y el servicio a los centros y a las familias. 

Hoy, más que nunca, Navarra debería tratar de recuperar y reforzar ese carácter técnico, especializado e innovador que hizo del Creena un referente dentro y fuera de nuestra comunidad. Porque defender una educación inclusiva y de calidad exige apostar por el conocimiento, por la experiencia y por liderazgos sólidos capaces de impulsar proyectos compartidos al servicio de todo el alumnado. 


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