En nombre de la Comisión Permanente de  la Red Navarra de Lucha contra la Pobreza y la Exclusión Social
No todas las casas son hogares

Parece que el círculo de la exclusión vuelve mostrar su fuerza, cuando los más vulnerables son los que también más sufren los embates de esta crisis.

07/04/2020

La precariedad que ya veníamos viviendo durante los últimos años ha caído con todo su peso sobre las personas en exclusión social en esta crisis socio-sanitaria provocada por la pandemia del Covid-19.

La Red Navarra de Lucha contra la Pobreza y Exclusión Social es testigo directo del sentimiento de incertidumbre y miedo que sufren las personas en esta situación. Porque uno de los principales focos de preocupación es el empleo, que estos días han perdido miles de personas en Navarra. Esto se traduce en la pérdida de la principal vía de ingreso y, por ende, de estabilidad económica. Además estas pérdidas se han cebado con los empleos más precarios, los más temporales, los trabajos con peores condiciones, como son los empleos del hogar y cuidados, siguen siendo imprescindibles, cómo no puede ser ser de otra manera. Pero esto supone exponer a estas personas, que en su mayoría son mujeres, a los mayores riesgos y desprotección.

Por otro lado, como ya veníamos advirtiendo desde la Red, la vivienda, el principal bastión y medida de protección y seguridad para las personas, se pone en jaque. Y también lo hace para las personas en exclusión social que en más de un 60% viven en régimen de alquiler. Esto supone todo un reto para hacer frente al pago de esos arrendamientos en una situación como la que vivimos.

Parece que el círculo de la exclusión vuelve mostrar su fuerza, cuando los más vulnerables son los que también más sufren los embates de esta crisis.

Nosotras nos quedamos en casa, pero queremos recordar que no todas las casas son iguales, no todas las casas son hogares. Detrás de las paredes y de las ventanas de cada casa, de cada residencia, de cada muro, lo que se vive son mundos diferentes.

Habitaciones que comparten hasta cinco personas, en espacios pequeños, a veces incluso sin derechos a cocina. Personas que no saben manejar un ordenador a las que ahora se les pide que tramiten «online» las ayudas de las que depende su manutención. Casas en las que la calefacción, con este frío al comienzo de la primavera, brilla por su ausencia ante la imposibilidad de afrontar dicho gasto. Salones sin Netflix con el que entretenerse, sin internet con el que los más pequeños puedan seguir su educación y, acrecentando aún más la brecha educativa que ya venían sufriendo muchos de estos hogares. Personas presas que ahora están más aisladas que nunca, cuyo único contacto con el exterior se limita a quince llamadas telefónicas semanales de ocho minutos cada una de ellas para hablar con sus familiares y personas allegadas. Sin olvidarnos de las mujeres que están «encerradas» en sus hogares con sus maltratadores, ya que esta situación de confinamiento puede agravar su situación.

Antes esta crisis sanitaria, que ha alcanzado una dimensión social y económica, se deben tomar las medidas adecuadas para poder solventar los problemas a los que se están enfrentando las familias en este momento y somos conscientes de que éstas se están tomando paulatinamente. Pero también debemos pensar en el futuro, como sociedad no podemos permitir que las consecuencias negativas las vuelvan a asumir con mayor peso, una vez más, las personas con menos recursos y más excluidas.

Queremos terminar agradeciendo a todas las personas de las entidades sociales, trabajadoras y voluntarias, en puestos técnicos o asistenciales, administrativas o educadoras, a todas ellas, que estos días están trabajando, no siempre en las mejores condiciones, e intentando amortiguar, en la medida de lo posible, los impactos de esta crisis en aquellas personas que más lo necesitan, como son los menores que por diferentes motivos no pueden estar con sus familias, las mujeres en situación de prostitución o que están saliendo de esa situación, las personas sin hogar, las personas presas y sus familiares, las personas migrantes que no cuentan con una red familiar de apoyo, y un sinfín de colectivos que estos días nos necesitan más que nunca.

*Firman este artículo Alberto Urteaga Villanueva, Amaia Leránoz Madariaga, Verónica Oliver Pérez, Lydia Almirantearena Larrañeta,  Inés García Pérez, Marta Lacueva Armendariz, Jesús García Salguero, Gara Gonzalez Santana y Elena Vizcay Azcoitia

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