En nombre de familiares y amigos de Ion Erezuma Uriarte
Patxi Ruiz

Creemos que resulta honrado reconocer el papel estimulante de Patxi Ruiz a la hora de visibilizar la situación de los presos vascos. Su gesto ha generado conciencia, ha impulsado importantes movilizaciones, ha contribuido a la reflexión sobre el conflicto político.

30/05/2020

El 30 de mayo se cumple el 29 aniversario de la muerte de los militantes vascos Jon Erezuma y Joan Carles Monteagudo. Su familia y amigos queremos recordarlos pero no hablando de ellos ni de su vida militante sino fijando nuestra mirada en un acontecimiento que esta suscitando una gran atención y controversia en nuestro país, tanto por la dimensión del acto en sí como por sus indudables consecuencias políticas. Nos referimos a la huelga de hambre, y al principio de sed, del preso vasco Patxi Ruiz.

Se conocen perfectamente los hechos y circunstancias que motivaron la decisión de Patxi Ruiz narradas por el mismo. En una protesta de un grupo de presos de la prisión de Murcia II y en la que participaba el preso vasco para denunciar la ausencia de garantías y medios en su interior de cara hacer frente a la epidemia del coronavirus, recibió amenazas por parte de algunos funcionarios. En señal de rechazo por este comportamiento se hizo unos cortes en el antebrazo e inicio una huelga de hambre y sed.

A los pocos días del conocimiento de estos sucesos y ante las protestas y denuncias por la situación del preso por parte de personas y ciertos grupos políticos y sociales, la mayoría de partidos políticos y medios de comunicación intentan desacreditar al prisionero y a su apuesta y desprecian y condenan las variadas actividades de respuesta que en su apoyo son rápidamente implementadas. Se califica su acto de denuncia de actitud «suicida» o «delirio», se le trata de «provocador», se le recuerda su historial, se estigmatiza a su seguidores como «nostálgicos del pasado» y se condena sin paliativos en un coro casi unánime algunas acciones que se describen como «vuelta al pasado» o regreso de la «Kale Borroka» a las calles. Algún partido pide que se prohíban las movilizaciones de denuncia y algunas asociaciones hablan de «humillación a las víctimas» al referirse a esas movilizaciones públicas por la suerte de un preso que se juega literalmente su salud e incluso la vida. Porque a veces da la sensación que la atribución, muy compartida, del supuesto regreso al pasado de algunos inconformistas pretende ocultar la grave situación de violencia y conculcación de derechos que sufren algunos colectivos, precisamente en el presente. Ya lo dicen representantes de la red Sare: los presos políticos vascos sufren tres penas: la de su condición de presos, la política penitenciaria de excepción que se les aplica y la que ha surgido como consecuencia del coronavirus, agravada por las otras dos y por las medidas dañinas adicionales que sufren a consecuencia dispersión. Iñaki Egaña en GARA reconoce que la excepcionalidad ha mantenido y aumentado en estos tiempos su sistemática frecuencia. Y añade: «El entorno carcelario es objetivo de venganzas y complejos políticos». Es en este contexto donde puede valorarse e intentar comprender la dura iniciativa de Patxi Ruiz. Por lo menos por aquellos no cegados por sus posiciones político-ideológicas previas.

Amparo Lasheras, también en GARA, expresa con sentimiento que el gesto de Patxi Ruiz, «golpea la resignación del dolor colectivo, sobrecoge y asusta mas allá de cualquier discusión o estrategia política». Ella siente que ese gesto «nos abruma porque oprime la fibra de ese humanismo existencialista que toda idea revolucionaria o de izquierda debe llevar consigo». Y comprende perfectamente que la repuesta del preso está «en unas medidas carcelarias pensadas para aniquilar al ser humano que se apoderan del tiempo y permanecen implacables en la venganza», o para conseguir unos objetivos políticos vitales para la supervivencia y legitimación de un Estado en perpetua crisis de identidad, añadiríamos nosotros.
Sin embargo sabemos que Patxi Ruiz no es ningún suicida, y así lo ha manifestado claramente. Quiere vivir pero se rebela ante las condiciones de no-vida que padecen él y sus compañeros. Sigue el ejemplo dejado por otros muchos presos políticos en el mundo que arriesgaron e incluso perdieron la vida en defensa de una dignidad individual y colectiva, de unos derechos políticos o sociales conculcados, intentando además con su apuesta el cambio en las coordenadas políticas, para que esos cambios trajeran justicia a las cárceles y a sus sociedades. No es el único que en Euskal Herria ha hecho una huelga de ese calibre con parecido significado. Se trata pues de un acto plenamente político que no se desvirtúa por su indudable radicalidad. Sin duda en Euskal Herria se han tomado innumerables iniciativas para cambiar la política penitenciaria, mejorar la situación de los presos o sacarlos definitivamente de su encierro pero hay que reconocer que hasta ahora la actitud de los estados francés y español, con cualquier gobierno, ha sido permanentemente negativa. Y esas iniciativas no han podido quebrar ese cierre estatal Por ello a veces hay militantes, como Patxi Ruiz, que sobrepasan los limites de la protesta habitual y emprenden un camino de una dureza sin par y sin garantía alguna de éxito. No creo que sea honrado criticarle por seguir ese camino.

Creemos que resulta honrado reconocer el papel estimulante de Patxi Ruiz a la hora de visibilizar la situación de los presos vascos. Su gesto ha generado conciencia, ha impulsado importantes movilizaciones, ha contribuido a la reflexión sobre el conflicto político, ha recordado la existencia previa de numerosas iniciativas tomadas por diferentes agentes en el tema de los presos, ha propiciado otras nuevas y también ha provocado debates y discrepancias entre partidos y ciudadanos. Ha movido en suma el árbol reivindicativo en torno a los presos y a la política penitenciaria. Seria interminable describir aquí los acuerdos, documentos, peticiones dirigidas a las instituciones vascas y al los gobiernos español y francés que han salido a la luz en estos últimos días. En algunos puntos hay casi unanimidad: libertad para los presos enfermos, los mayores, los preventivos, los que han cumplido las tres cuartas partes de la condena... Fin de la dispersión y de la legislación de excepción que se les aplica. Algunos sectores añaden a esto la amnistía.

Como en otros casos siempre existen personas que consideran inútil e incluso perjudicial para la propia causa el compromiso tomado por Patxi Ruiz. Se les suele contestar con ese dicho ya famoso y universal: lo inútil es no luchar, no intervenir. Y más inútil aún, criticar e intentar desvalorizar ese compromiso.