Patricia Velez
Etxerat

Pese al Gobierno que esquiva la paz, la alcanzaremos

Este último viernes de mes, como tantos otros, nos ponemos en camino. Una vez más obligados a cientos o miles de kilómetros, a largas horas de desplazamiento y esperas y a muchos riesgos. El siguiente fin de semana será igual y también los siguientes. Es posible que la anunciada desmovilización de ETA nos coja aún de viaje.

Tres familiares de un preso político vasco, entre ellos un menor, resultaron accidentados cuando se dirigían a prisión a realizar la visita. Una noticia demasiado habitual, que se repite con alarmante regularidad y que podría tener la fecha de cualquier fin de semana de los muchos transcurridos desde 1989. Corresponde al 2 de abril de 2018 y es el tercer siniestro, en lo que va de año, causado por la política de dispersión. Suman ya más de 400, y sabemos que no será el último. Lo sabemos porque el Gobierno español ha vuelto a responder a un nuevo paso hacia la resolución y la paz haciendo ostentación de su inmovilismo.

El 20 de abril, ETA hacía público el reconocimiento del daño causado en el transcurso de su actividad armada. Etxerat se ha comprometido firmemente a trabajar por el respeto a los derechos humanos de todas las personas, por la resolución y la paz; desde ese compromiso, no podemos sino valorar positivamente este paso. Han transcurrido seis años desde aquel "alto el fuego permanente y verificable" que abría el camino a un tiempo diferente; seis años en una situación que nunca habíamos conocido: una oportunidad incomparable para hacerle sitio a la paz y restarle espacio al sufrimiento. Para ir allanando, en fin, ese camino espinoso y largo que es el de la resolución, las garantías de no repetición, la reconciliación. Seis años en los que han cambiado muchas cosas, muchas posiciones y muchas situaciones. Salvo la situación de presas, presos, exiliadas y exiliados políticos vascos y la de sus familiares y allegados.

Hoy el sufrimiento continúa activo en Euskal Herria: muerte y sufrimiento en el exilio, muerte en prisión a consecuencia de un régimen insostenible que se cobra la salud física y psíquica de nuestros familiares encarcelados. Viajes impuestos cada fin de semana, el riesgo también impuesto, el desgaste físico, la inestabilidad psíquica, la insostenible sangría económica; los accidentes, los heridos, las víctimas. Los derechos vulnerados de todas las personas obligadas a viajar y los de las que ya no pueden hacerlo. El sufrimiento continúa, idéntico al de hace tres décadas, sin treguas ni pausas, pero a pesar de los pasos que se han dado y ante el anuncio de otros que vendrán, la única respuesta del Gobierno español ha sido apresurarse a certificar el mantenimiento de la política de dispersión y del régimen más duro para nuestros familiares encarcelados.

Para una política penitenciaria de excepción, generadora de sufrimiento, nunca ha habido justificación y ya hace tiempo que se acabaron las excusas. Pero sí hay razones. La dispersión, el alejamiento, el régimen más duro del sistema penitenciario aplicado a nuestros familiares, colectiva y globalmente, son las políticas de la venganza. Objetivo y fin en sí mismas. Y hoy, el Gobierno del PP las necesita más que nunca. Nuestro sufrimiento no va a llenar las arcas vacías de las pensiones, ni va a enmendar la corrupción, pero es una parte importante de su único activo.

Este último viernes de mes, como tantos otros, nos ponemos en camino. Una vez más obligados a cientos o miles de kilómetros, a largas horas de desplazamiento y esperas y a muchos riesgos. El siguiente fin de semana será igual y también los siguientes. Es posible que la anunciada desmovilización de ETA nos coja aún de viaje. Y aunque mirando hacia adelante sepamos que nos quedan muchos más, valoraremos esa actuación como un paso decisivo, porque a pesar de que el Gobierno español vaya a pasar a la historia como el gobierno que esquivaba la paz, estamos convencidos de que la alcanzaremos. Haciendo frente al inmovilismo del Gobierno español, está la demostrada voluntad de la sociedad vasca trabajando para avanzar a pesar de que no se lo permitan.

Preparando este viaje, como tantos otros, hemos llenado nuestras mochilas de la solidaridad que siempre nos acompaña, y de la esperanza que nunca nos abandona. Y también de compromiso porque tenemos por delante mucho trabajo, mucho y difícil y no podemos dejar que ni el cansancio, ni el dolor, nos impidan realizarlo.

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