Joxemari Olarra Agiriano
Militante de la izquierda abertzale

Prisioneros y derecho al futuro

Si hay un sector de la sociedad vasca con sentimientos contrapuestos, ese es el de los familiares de los prisioneros políticos vascos. El nuevo tiempo que vive Euskal Herria nos ha ofrecido una mirada ilusionante hacia el porvenir, además de abrir espacios inéditos.

La renovación estratégica de la izquierda abertzale ha hecho posible este escenario político cargando de ánimos renovados la lucha por la independencia.

Esa semilla de ilusión no ha germinado en la misma medida en el corazón de los allegados de nuestros represaliados porque ven cómo va pasando el tiempo, mientras ellos y sus seres queridos encarcelados siguen en el bucle infame de la represalia de los estados.

Esa es la cruel paradoja en la que viven: sentir a su alrededor la esperanza por el nuevo tiempo y sus posibilidades mientras ellos siguen sin tener en casa a quienes quieren y estando obligados a hacer cientos, miles de kilómetros para verles en iguales o peores condiciones carcelarias a cuando el conflicto armado era flagrante.

Es de comprender que por mucha que sea la esperanza depositada en el camino a la independencia, la felicidad es imposible mientras las personas a las que amamos permanecen encarceladas en calidad de rehenes políticos para chantajear a todo un pueblo y obstaculizar su futuro.

Uno no puede abstraerse a ese dilema. Siempre hemos insistido en que los familiares de los prisioneros son también víctimas del conflicto. No lo son, además, de manera colateral sino directa, pues la estrategia de alejamiento se perpetró precisamente contra ellos.

Son víctimas directas, a quienes se ataca de manera reincidente e ininterrumpida a lo largo de los años. Actuar contra las familias para mayor castigo del prisionero es algo que sólo ocurre en los conflictos más abominables, convirtiéndose en venganza miserable de Estado.

A pesar de ello, cuando charlamos con cualquier allegado de prisionero su grandeza es tal que jamás nos hablará de su sufrimiento sino del familiar encarcelado. Obviando su padecimiento particular, se remitirá siempre a las circunstancias en el interior de las cárceles, las condiciones, los castigos... Y, cómo no, a las ilusiones que les transmiten desde dentro, la nostalgia de los suyos, los sueños por regresar a casa.

En esa línea, lo que últimamente cuentan los familiares sobre lo que les dicen en las comunicaciones ha variado el tono. La reactivación emprendida en la lucha por el respeto de los derechos de nuestros prisioneros políticos y su vuelta lo antes posible a casa ha calado en el interior de las cárceles, despertando ilusiones que permanecían en estado latente por la situación de bloqueo que hemos arrastrado durante más tiempo del debido.

Lo que hasta hace no mucho venía trascendiendo era una cierta sensación de impotencia, puesto que todas las iniciativas llevadas a cabo habían encallado en la cerrazón de los estados. Frente a ello, hoy los familiares se refieren a patios de cárceles en las que comienza a respirarse un aire diferente; hay debates renovados, inquietudes que afloran, van circulando propuestas para desbloquear la situación en un palpitante interés por iniciar el tránsito por senderos no caminados hasta ahora.

Nuestros prisioneros lo son por su compromiso político. Viven intensamente el fluir de los acontecimientos desde su espíritu militante y, a pesar de estar encerrados, dispersados y alejados conservan los vínculos con su entorno y la sociedad a la que pertenecen. Precisamente por eso es tan importante que perciban próximo el calor de su pueblo y que en todo momento se sientan reconocidos, arropados y apoyados en sus iniciativas.

Todos los familiares con quienes he tenido la oportunidad de encontrarme durante la últimas semanas coinciden en que la iniciativa llevada a cabo por los ex prisioneros, la foto de Usurbil, su compromiso de apoyo ha sido determinante para recargar energías en el Colectivo de Prisioneros Políticos Vascos y recuperar lo ya acordado en el comunicado de diciembre de 2013.

Los allegados recuerdan las preguntas que les hacían desde las cárceles sobre cómo iban incrementándose las adhesiones, el interés que suscitó la publicación del listado de apoyos y la alegría al ver en él a antiguos compañeros, algunos incluso de quienes no tenían noticias desde hacia muchos años.

Esa sensación de apoyo, de colectivo unido que incluso es capaz de juntar en una misma fuerza ambos lados del muro se convirtió en una importante sacudida de ánimo. Destacan que ha sido un estímulo determinante para concluir que ya no se puede aguardar más, que sin pasar las líneas rojas, hay que transitar todos los caminos para llegar a casa lo antes posible, y que hay que iniciarlo ya porque el tiempo sigue corriendo.

Como parte activa, como militantes de la izquierda abertzale, los prisioneros quieren regresar a las calles de Euskal Herria para seguir aportando su lucha, su experiencia, su trabajo en el proceso hacia la independencia y el socialismo.

Su lugar está con sus seres queridos. Su puesto, en la sociedad vasca. No se trata de una resocialización porque jamás han dejado de formar parte de la sociedad vasca, ni tras decenios en una celda a cientos de kilómetros de Euskal Herria. El proceso es de reingreso en la vida en libertad, de ejercer el derecho a tener un futuro, algo que les corresponde por su compromiso y entrega y que nos toca garantizar a quienes aquí fuera les esperamos.

No hay un familiar que no se refiera a los nuevos ánimos que le transmiten desde las prisiones. Y no es un ánimo infundado o iluso sino de confianza en la coherencia, cohesión y potencia de todo el colectivo para empezar a generar movimientos que vayan provocando reacciones en la maquinaria legal y penitenciaria.

Los prisioneros son perfectamente conscientes de que serán muchos los obstáculos que deberán superar y que será complicado avanzar. Lo saben y así lo reconocen en las comunicaciones. No obstante, se impone el espíritu de presentar batalla, de luchar y convertir cada revés en un nuevo desenmascaramiento y deslegitimación del sistema.

Quieren convertirse en otro agente activo para lograr la libertad de más compañeros. Les corresponde recuperar su libertad; y a quienes disponemos de la nuestra, nos toca hacer todo lo posible por ayudarles a conseguirlo. Es una deuda con ellos y con sus familiares; con Euskal Herria y la libertad. Tenemos que vaciar las cárceles de militantes políticos.

Euskal Herria ha cambiado en los últimos años pero los prisioneros siguen pagando muy caro su compromiso político. Hasta que no recuperen la libertad y su derecho al futuro no podremos decir que esto vaya bien. Ellos saben lo que tienen que hacer y lo irán haciendo. Nosotros debemos facilitarles esa tarea, incentivarles y arroparles en su camino a la libertad. Su derecho a tener un futuro es el derecho de todos al futuro. Kalera!

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