Oskar Kaion Armendáriz

Quiero recordar...

El comité hizo bien su trabajo. El problema es que se encontró con un Gobierno de Navarra que resultó ser totalmente ineficaz para los intereses de los trabajadore.

El color del paisaje, con las hojas de los árboles que pasan del verde al amarillo, al anaranjado o rojizo junto al comienzo de las lluvias acompañadas de nieblas frías y húmedas nos indican que el otoño ha empezado. Atrás quedan los recuerdos de un verano atípico marcado por la pandemia del covid-19 que estamos viviendo. De este verano tan raro a mi me gustaría recordar que durante los meses de julio y agosto un puñado de trabajadores junto a su domité de comité estuvieron librando una lucha contra el cierre de su empresa y por un futuro laboral para Aoiz y su comarca.

Todo comenzó el pasado 30 de junio con el anuncio del cierre de la planta de Siemens Gamesa Aoiz. No se trataba de una empresa con problemas de liquidez o falta de trabajo. El cierre de la planta obedecía únicamente a una decisión de deslocalización pura y dura. Estaban ganando mucho dinero y querían ganar más llevándose la producción a otras plantas en otros lugares del mundo donde poder explotar más y mejor a la clase trabajadora.

Nada más conocerse la intención de la multinacional, el comité de empresa cerró filas en torno a un objetivo: lograr revertir la decisión de cierre. Y además de decirlo se propuso hacerlo y se puso a caminar en esa dirección.

En ese camino, el comité se encontró con el apoyo de muchos trabajadoros de la plantilla. Cierto es que no estaban todos los que hubieran deseado pero no es menos cierto que, en los momentos difíciles, la personas se definen y hubo quienes desde el principio trataron de presionar para que el comité se centrara únicamente en negociar con la dirección el precio de los despidos, algo que el comité no estaba dispuesto a hacer pero también algo que le debilitó desde el principio pero que no consiguió restarle ni una pizca de actitud en su empeño por lograr su objetivo.

Por ese camino se encontraron también con el pueblo de Aoiz. Un pueblo solidario y muy comprometido que está viendo como van desapareciendo las empresas de un polígono industrial convertido ya, con la marcha de Siemens Gamesa, en un desierto industrial. Un pueblo que con el anuncio del cierre no tardó en organizarse junto al resto de la zona del prepirineo y ponerse al lado de los y las trabajadoras para luchar todos unidos en defensa del empleo y del futuro de la comarca. Especialmente emotiva fue la gran manifestación en Aoiz convocada por la plataforma Irati Bizirik que reunió a más de un millar de personas que apoyaron a la plantilla de Siemens Gamesa y defendieron el poder vivir y trabajar en unos pueblos y valles olvidados y castigados continuamente por la Administración.

Durante el camino fueron numerosas las movilizaciones que realizaron los trabajadores junto a su comité contra el cierre de la planta: manifestaciones, recogida de mas de 18.000 firmas contra el cierre, concentraciones, marcha a pie de Aoiz a Pamplona, encierro con ayuno, cortes de carretera etc. También interpelaron directamente al Gobierno de Navarra para que se implicara en impedir el cierre de la planta. En este caso no tendría que haber hecho falta ni pedirlo ya que se trataba de la decisión de una multinacional a la que se le había entregado muchos millones de euros de dinero público y que ahora, sin ningún tipo de vergüenza, anunciaba que se llevaba la producción fuera de Navarra para seguir ganando más dinero, pasando por encima de la plantilla, el pueblo de Aoiz, su comarca y de toda la ciudadanía navarra en general.

Como no podía ser de otra manera, el Gobierno de Navarra mostró su rechazo al cierre y no fueron pocas las muestras de apoyo y de solidaridad hacia los trabajadores afectados al mismo tiempo que se comprometía a hacer todo lo posible para evitar el cierre anunciando, para ello, contactos al máximo nivel tanto con la Empresa como con los ministerios de Transición Ecológica y de Industria, Comercio y Turismo del gobierno español. Aquello provocó mucho ruido pero trajo pocas nueces. Todo se quedó en promesas que finalmente se esfumaron cuando el Gobierno de Navarra informó al Comité de Empresa que ninguna de sus gestiones había prosperado y que no tenía alternativa alguna para garantizar el mantenimiento del empleo.

No puedo recordar cuantas veces repitió Manu Ayerdi, consejero de Desarrollo Económico y Empresarial, desde el anuncio del cierre de la planta que se iba a «estrujar las meninges» para favorecer la continuidad de la actividad de palas. Yo, sinceramente, después de ver el poco esfuerzo que realizó el Gobierno de Navarra para evitar el cierre lo que me dan ganas es de estrujarle otra cosa. Por su parte, la presidenta María Chivite, en un intento de justificarse frente a la ciudadanía navarra, anunció que iba a pedir la devolución por parte de Siemens Gamesa de en torno a dos millones de euros recibidos en ayudas públicas por no haber cumplido los requisitos de las mismas. Sra. Chivite, que se le haga devolver dos millones de euros a una multinacional como Siemens Gamesa a la que se le han entregado cientos de millones de las arcas públicas resulta un tanto ridículo. Sin embargo, lo que si pueden hacer desde su Gobierno para contrarrestar el impacto que tiene en la zona de Aoiz el cierre de la planta es utilizar esos dos millones de euros para ayudar económica e industrialmente al pueblo de Aoiz y su comarca.

Finalmente el día 8 de agosto la mayoría de la plantilla de Siemens Gamesa decidió en asamblea aceptar la oferta que realizó la empresa sobre indemnizaciones por despido, recolocaciones y prejubilaciones. Una decisión tomada de manera forzada ante el chantaje de la multinacional para poder mejorar las condiciones legales que se limitan a veinte días de salario por año trabajado con un tope de doce mensualidades. Aquellos trabajadores que desde el anuncio de cierre de la planta tan sólo deseaban incrementar al máximo sus indemnizaciones, mostraron su enfado con el comité por no haber entrado a negociar más dinero. Por el contrario, hubo otros trabajadores, los que habían venido peleando desde el principio para evitar el cierre, que se fundieron en un abrazo con su comité de empresa.

Resulta vergonzosa y totalmente injusta la actitud de aquellos que valoraron al comité por haber salido con más o menos indemnización. Al comité hay que valorarle por la lucha que realizaron en defensa de los puestos de trabajo y el futuro de Aoiz y su comarca. Por haber mantenido la coherencia y no aceptar la lógica de la empresa de vender puestos de trabajo por dinero. Por haber actuado con responsabilidad oponiéndose frontalmente al ERE y combatirlo. Un comité no está para poner precio a los despidos, está para evitarlos.

El comité hizo bien su trabajo. El problema es que se encontró con un Gobierno de Navarra que resultó ser totalmente ineficaz para los intereses de los trabajadores frente a una multinacional que había recibido millones de euros en subvenciones para sumar beneficios y después destruir puestos de trabajo cerrando la planta de manera unilateral y sin ningún tipo de responsabilidad. Esto deja en evidencia que las multinacionales tienen mas poder que los propios gobiernos. Por ello se hace imprescindible contar en Navarra con una ley para evitar deslocalizaciones de empresas beneficiadas por ayudas públicas.

Como decía al principio de mi escrito, quiero recordarlo todo porque para mi personalmente fue un privilegio haber podido compartir esa lucha con todos ellos. Con el comité de empresa, cuyas integrantes mas veteranas Amaia y Txaro, de mas de sesenta años, dieron un ejemplo de dignidad a otros con la mitad de años. Con todos los trabajadores que pelearon hasta el último momento por defender los puestos de trabajo. Y con el pueblo de Aoiz, que siempre estuvo a nuestro lado y que puede estar seguro de que continuaremos juntos porque la pelea aún no ha terminado.

Aprovecho para mostrar mi solidaridad y apoyo a los trabajadoros de Trenasa a la vez que hago un llamamiento a la movilización y activación de la sociedad porque sólo ésta puede evitar la destrucción de más empleo.

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