Rioja Alavesa: golpeada por el granizo, el mildiu y la incapacidad institucional
Prácticamente todos los tópicos y metáforas relacionadas con el clima se han utilizado los últimos días para intentar explicar la sensación de ruina, tristeza y abandono que viven los y las profesionales del sector vitivinícola de Rioja Alavesa. Por ello, resulta ser difícil ser original al hablar de la crisis que vive la comarca y el sector; y resulta aún más complicado hacer propuestas novedosas o reflexiones brillantes que permitan recuperar un cierto optimismo y, sobre todo, marcar una hoja de ruta clara y tajante para salir de la grave crisis que lleva demasiados años azotando a uno de los mejores vinos del mundo, a las personas que lo producen y a la comarca que da soporte físico, social, económico y cultural a ese vino.
Es evidente que poco o nada se puede hacer desde las instituciones cuando el cielo se desploma sobre nuestras cabezas en un momento tan crítico para el proceso de recogida de la uva y que combatir el mildiu es un trabajo técnico a realizar por profesionales. Es igualmente innegable que hay una crisis mundial en lo referente al consumo del vino tinto, motivada por nuevos hábitos sociales, sobre todo en las generaciones más jóvenes. También que el consumo de un producto de calidad como el vino de Rioja Alavesa no es una prioridad para quien bastantes problemas tiene con llegar a fin de mes con un contrato laboral precarizado y un alquiler habitacional disparado. Pero…
Pero, ante un panorama tan complicado, como poco, los y las responsables políticas, tanto los del gobierno como las que desde la oposición aspiramos a gobernar, deberíamos ser mucho más honestos y proactivos, especialmente quienes creemos en la potencialidad de una comarca y un producto que no se pueden entender sin el trabajo realizado durante décadas y décadas por las pequeñas bodegas, esas que están desapareciendo año tras año, dejando el territorio, con todo lo que contiene, en manos de transnacionales del vino y de fondos de inversiones absolutamente ajenos a nuestra realidad.
Pero hay más. Si además de querer defender ese modelo basado en pequeñas y medianas bodegas, asentadas en el territorio y capaces de, repetimos, producir uno de los mejores vinos del mundo, creemos en la necesidad de poder decidir (en) todo aquello que afecta a nuestro territorio y a las personas que trabajan y viven en él, es absolutamente inaceptable y denunciable en cualquier lugar y situación que incluso se niegue a los y las viticultoras la posibilidad de decidir cómo comercializar sus vinos, de qué manera y bajo qué denominación, tal y como ha hecho recientemente el Tribunal Supremo español a instancias de la DOC de Rioja.
Y es absolutamente decepcionante, como poco, que, ante un hecho de tal gravedad, ni el Gobierno Vasco, ni la Diputación Foral de Araba hayan sido capaces de realizar una mínima autocrítica sobre su errática y lamentable actuación político-institucional para llegar a este escenario, ni de ponerse de una vez por todas a abordar, junto con las pequeñas y medianas bodegas, medidas coyunturales y, sobre todo, estructurales que salven al sector. Tanto el Gobierno Vasco como la Diputación han asumido las decisiones del consejo regulador en contra de Araba, han dejado la marca Rioja Alavesa en sus manos, han pasado 10 años hablando del paraguas dentro de la DO Rioja, pero sin ofrecer soluciones reales a bodegas pequeñas y familiares que apuestan por otro modelo de producción, dejándolas a los pies de la política depredadora del Consejo Regulador.
A pesar de todo, hay esperanza: hay futuro para los vinos alaveses, hay futuro prometedor para quienes viven y trabajan en Rioja Alavesa. Pero solo será prometedor si se trabaja codo con codo con el sector, con humildad, sinceridad y escucha activa real, pensando aquí, desde aquí y para aquí, y apoyando sin fisuras y dobles mensajes los pasos para diferenciar nuestros vinos de ese totum revolutum de calidades en el que se ha convertido la DOC Rioja.