Rioja, partido riojano y puente sobre las aguas turbulentas, ¿hay algo al otro lado?
Años ha, y en la sede regional de este partido y tal vez a título de inventario, y al final de una larga reunión de casi dos horas, se me ocurrió preguntar por si había un posicionamiento sobre monarquía o república, y la respuesta fue que no había una posición oficial de partido, pues había una mitad que defendería el estatus existente basado en una monarquía y otra mitad que apostaría por alguna fórmula alternativa que al ser sin rey comúnmente se suele llamar república. Eso debiera haber servido de alerta, pero lo dejé pasar por alto. Y las consecuencias son ahora, en alguna manera, visibles.
Como otros partidos regionales o locales surgió de los restos del hundimiento de la unión de centro democrático, la UDC, de un transatlántico salió un paquebote (del que ahora solo quedan botes de remos), llamado en Aragón PAR o, en La Rioja, Partido Riojano. En su tiempo este partido tuvo su minoría y con influencia, si en 1983 estaba con 2 parlamentarios, entre 1987 y 1995 estuvo en gobierno de manera ininterrumpida. Empezó con AP y en 1990 coadyuvó (en paralelo con la censura a Hormaechea en Cantabria) a elevar del pavés a un presidente socialista, con el que se mantuvo acuerdo entre 1991 y 1995. La marea charranera de 1995 le dio mayoría absoluta a AP y al propietario de la casa de aperos con adosado incorporado (cachilimochilis, como el adosado al viejo molino del Nachete en Cantabria) llamado Pedro Sanz, factótum como Miguelón en Navarra por aquellas fechas y su teoría del quesito. Diferente forma, misma vocación de poder.
Una cosa es perder acceso al gobierno y otra perder acceso a representación parlamentaria. Al lado de la puerta histórica superviviente de entrada a Logroño se sitúa la sede parlamentaria. Un servidor pudo vivir en albornoz 5, trasera del palacio de espartero entre 1986 y 1989 (cuando durante un fin de semana nos okuparon la casa y sin consecuencias, parece), nos fuimos entonces y hasta 1995 en Beratua en un cuarto sin ascensor, lo pusieron algo después de marchar dirección Haro, donde estamos ahora. Un movimiento político sin voz de representantes institucionales es algo tan desarbolado como el manido jardín sin flores, y retranquea la última ratio de lo que «bueno, al menos... ». Y uno se contenta y conforma. Con alcaldes y concejales. Fuera de Logroño, claro. Y sin parlamentarios, y eso que las dos urnas son en el mismo día y una al lado del otro. Pero si le pasa al gran Miguel Ángel Revilla y su partido regionalista en Cantabria que la urna regional tiene más votos que la urna municipal, especialmente en las zonas urbanas y más pobladas, ¿qué decir en La Rioja, más pequeña, más familiar y donde todos se conocen?
Cuando el convencimiento y el discurso fallan, se intenta ensanchar por otro lugar, las opciones, a más afiliados más votantes, se supone. Y en vez de afiliar directamente en el partido riojano, subrogar a la absorción de otras formaciones políticas que pudieran estar como diría aquella estaban en el candelabro. Sin ir más lejos, las dos últimas, pero de seguro, hay más. La llamada España vaciada. En algún lugar como Jaén han impulsado candidatos locales, en Soria ya, comarcales, pero no han tenido éxito electoral realmente. Y ahora una especie de escisión calagurritana de Vox. De un ideario que denuncia la estelada y el labaro como banderas separatistas en la misma medida, que quiere la ilegalización de los partidos políticos nacionalistas (no españoles, obviamente), regionalistas y localistas como disolventes de la nación española (dejo de lado el viejo debate de la provincia de Logroño en Castilla, de la que realmente solo pudo hacer parte entre 1833 y 1981 y de aquella manera, pero miren el 23 de abril a ver que gritan algunos) a tener un partido pseudorregionalista instrumental para la confluencia con el partido riojano, como lo pudieron intentar ser con Alkarbide y Hamaikabat. A diferencia de estos, quieren entrar en bloque y con cargos y galones, no lo que corresponde, uno a uno y en la cola, como los últimos de la fila, y parecen tener el convencimiento de pasadas experiencias de que les puede ser funcional la aproximación. Si no se cortó en la primera vez, ¿como frenarles ahora que parece ser la última carga de la brigada ligera?
Si hay un trasfondo de gente que no se siente castellana, que siente que las cosas de La Rioja se deben decidir, en la doble decisión, institucional, sin tutelas ni tutías, en lo partidario también, sin franquicias desde Valladolid y Madrid (ver la región leonesa) sino ser una comunidad autónoma propia con un partido de obediencia únicamente riojana, con un discurso regionalista, con picar piedra, paciencia y trabajo duro, acabará habiendo afiliados y votantes, pues el nicho, aunque pudiera quedar huérfano si el partido riojano dejase un paréntesis su existencia, para volver con ese u otro nombre, la propia sociología mantendría abierta esa posibilidad para quien la quisiese trabajar. No hay garantías para el nombre y la marca sin trabajo duro detrás. Y más cuando además hay que doblegar las franquicias, pero si en lo gastronómico La Rioja puede competir con esas grandes francachelas de comida rápida con mimo y cuidado de los productos de la tierra, y aun siendo probablemente de las tres últimas comunidades autónomas con menos turismo (o dicho de otra manera, con otro enfoque, el de mayor recorrido para un mayor aprovechamiento y explotación de todo su potencial), en la política debiera poder una corrección con oportunidad para lo propio.
Los pocos, siempre los pocos. Unidos, con un ideal, con un programa, un proyecto, una ilusión común, esa debiera ser la base. Incorporar por aluvión militantes por el hecho de tenerlos deslavaza y hasta vacía los tercios viejos de militantes de toda la vida que bien pueden ser imprescindibles para que la cadena no se rompa, incorporando eslabones del mismo material, no de otras fábricas que puedan variar y debilitar la aleación necesaria, pues eso serviría para otros fines y desvirtúa el proyecto. Y más cuando para lograr unos fines se busca en el modelo ferran el catolic, heredero si, del compromiso de Caspe, y modelo para ese príncipe de maquiavelo que dicen realmente era un borgia que esta enterrado a la entrada de la catedral de una vaina con príncipe de beckelar y que está a las puertas de Logroño como recordatorio de la falsedad de que en san Mateo en 1521 se luchara contra los franceses si no realmente... pero esa es otra historia. Forzar los medios para conseguir fines, eso ya lo hizo la burundanga que dice Walter para ganarle un congreso a Nachete y parece que la de Alfaro que quiere presidir el partido riojano tras este fin de 2025 sigue sus mismos métodos. La pregunta en el aire es ¿para qué? El concejal de Logroño finalizará con las botas puestas, pudiendo ser el último regionalista... durante una temporada, tal vez. Sin opciones al Parlamento regional. ¿Un nuevo decalage hacia abajo donde... bueno, por lo menos igual tenemos la alcaldía de Alfaro? Pobre escalera de caracol hacia los sótanos de los sótanos con gentes de su padre y de su madre y sin cohesión para los que queden de la desbandá que puede organizarse y que ya parece visible en redes sociales. Si me preguntan a mí, les aconsejaría volver a las raíces, resetear, aprender de los errores propios y ajenos de los últimos años y reconstruir primero las filas y rehacer el pensamiento regionalista riojano, solo así igual tienen opciones, y supongo que esta es la clave, que ven que si se trabaja bien este es el momento de la ola identitaria, y algunos pueden pensar que por presentarse como identitarios bajo una cartela identitaria vendrán como en campos de sueños. De ser así solo habría un logroñés y estaría en primera división con el Racing y el Zaragoza. Así van pinados los bolos y solo se puede añadir que el futuro no está escrito y se puede cambiar, así que procuraos haceros con uno bueno, y que viva el regionalismo y el riojanismo en La Rioja. Alea iacta est.
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