José Manuel Bujanda Arizmendi

Rugby en Donostia, percepciones de un vasco

Hace 17 años pasados, abril de 2006, tuve la suerte de ser espectador de un partido de Rugby en el estadio de Anoeta entre el Biarritz Olimpique y el equipo inglés Bath, partido que ganaron los de Biarritz por 18-9 ante más 25.000 forofos vascos del Olimpique de Biarritz, logrando así jugar estos, con menos fortuna, la final de la máxima competición de Europa en la ciudad de Cardiff. El ambiente creado por la hinchada vasca en diferentes barrios de Donostia fue muy novedoso e inolvidable.

Tres años después, es decir, hace 14 años, el viernes 21 de agosto de 2009, y en el primer partido de la historia del Top 14 que se disputa fuera de Francia gracias a un oportuno cambio de normativa, el Aviron de Bayona recibió en «su» Anoeta al todopoderoso, y quizás uno de los mejores clubes de la liga francesa, Stade Fraçais de París. El resultado favoreció después de un vibrante partido a nuestros vecinos txuriurdines de Bayona 38-24. El ambiente, esta vez también, volvió a ser vibrante, diferente a lo conocido y muy alegre. Posteriormente, el 12 de septiembre de ese mismo año, y tres semanas más tarde del anterior evento, se celebró el derbi vasco-francés de Rugby, entre el Biarritz Olimpique y el Aviron de Bayona. Como en las anteriores ocasiones, Donostia, algunas de sus zonas, ha vuelto a estar felizmente invadida por vascos, vasco-franceses, vascos de Iparralde, labortanos, franceses o sencillamente simples seguidores de equipo de Rugby.

El "Pakito Txokolatero", "Boga Boga", "Agur Xuberoa", "Ba Gire", "Txoria Txori"... eran las canciones que los hinchas del Aviron de Bayona y del Olimpique de Biarritz cantaban instrumentos musicales incluidos en las calles, carpas y bares cercanos de Anoeta, muchos de ellos vestidos de blanco y rojo (Biarritz), otros de azul celeste y blanco (Bayona), banderas de los equipos contendientes e ikurriñas en manos de personas de distintas generaciones de ambos sexos. Los 30.000 segidores de Bayona y Biarritz, o de Euskadi Norte, o de Iparralde, Lapurdi, o como se le quiera llamar, hablaban fundamentalmente en francés y algo también en euskara. En Anoeta los miles de forofos rojiblancos y txuriurdines, no pararon de animar a sus respectivos colores y de cantar sus himnos y canciones de apoyo. Anoeta era testigo de nuevo del ya clásico, y muy repetido, "Pakito Txokolatero" multitudinario, mientras niños, no tan niños, jóvenes, maduretes, mayores y ancianos, hombres y mujeres, banderas, banderolas de los equipos, camisetas e ikurriñas en ristre aplaudían.

Realmente un magnífico espectáculo deportivo y social. Al mirar este, repito, magnífico espectáculo de alegría intergeneracional de los más de 30.000 presentes en Anoeta, oyendo francés, pero también canciones en euskera, insisto, banderas e ikurriña en mano, inevitablemente pensaba en relación a las personas que abarrotaban Anoeta en: ¿qué eran, qué ideas tenían, qué votarían, qué se sentirían, por qué llevaban la ikurriña con absoluta naturalidad, se sentirían vascos?, que opinarían de nosotros sus vecinos “vasco-españoles” de hegoalde? y de su «relación» con «nosotros»?

El 25 de marzo con el estadio Real Arena, Anoeta, con casi 40.000 espectadores venidos de allende del Bidasoa y con predominio muy claro de lapurtarras, se enfrentaron el Aviron Bayonnais y el Pau. Perdieron los de Lapurdi 20-30 y con ello la posibilidad gloriosa de dar un paso de gigante en su camino del play-off para el título de la liga del Top 14. Los vascos no lograron ganar al equipo bearnés en un partido tenso y bastante igualado sin concesiones al espectáculo y que no se decidió hasta el tramo final para tristeza de los txuriurdines de Lapurdi. Donostia inundada de vascos de iparralde, canciones vascas, ikurriñas, txapelas y kaikus una vez más. Y de vez en cuando algo de eukera.

Este segundo fin de semana de junio (10-11) se han celebrado las dos semifinales de la liga francesa de rugby Top 14 también en el estadio del Real Arena en Anoeta de Donostia. Una liga francesa, por cierto, que se tiene por una de las ligas más potentes de Europa. El espectáculo ha sido parecido, se han repetido las escenas vistas hace años y hace tres meses. Docenas de miles de aficionados galos, muchos vascos entre ellos. Aficionados y turistas, a pasar uno o dos días y que aprovechan para visitar otros lugares, otros pueblos de la Gipuzkoa costera o más profunda, o incluso lugares atractivos de otros territorios. Se mantiene la tensión de canciones, de vestidos, de ambiente de camaradería, de alegría callejera respetuosa, ambiente vasco, plural, variopinto, «distinto y diferente», novedoso, de Iparralde, de Euskadi Norte, una parte del "Zazpiak Bat", de la parte continental, vascos y vascas de allende del Bidasoa aficionados y aficionadas al rugby. Familias enteras. Cuadrillas de jóvenes y no tan jóvenes. Mujeres y hombres. Chicas y chicos.

Como vascos, y nacionalistas, ¿qué reflexiones deberíamos hacernos ante tal espectáculo-regalo? ¿Cuál es, o debería de ser, la función y el papel del deporte en general, y/o del fútbol en particular, del rugby, baloncesto, balonmano, atletismo, sokatira, pelota en todas sus modalidades, golf, diversas carreras populares etc. en las relaciones transfronterizas, entre los vascos hermanos del norte y del sur, entre los vascos de Francia y España, en las relaciones con los más o menos otros vecinos? Desconozco, imposible saberlo, cuál será el recorrido del voto nacionalista o simplemente vasquista en Iparralde –o a este lado del Bidasoa– en los próximos cien años. No tengo ni idea cómo llegará a concretarse cultural o políticamente en Europa el "Zazpiak Bat" de las siete provincias vascas. No me imagino el tipo de relación que habrá entre vascos de la CAPV, Navarra e Iparralde que nos configuran como vascos. Desconozco cómo será la Euskadi de un siglo más tarde. Pero en Anoeta, hace tres años, hace un mes y hace pocos días sí supe, que independientemente de «cómo» será «lo» vasco, sí lo será. La apuesta vasca de futuro vuela por encima de las fronteras, vuela abriéndose, siendo flexibles y entendiendo que hay cantidad de maneras diferentes de «ser y de sentirse» vascos, de bienquerer y de llevar con querencia la ikurriña, bien agitándola al viento o bien llevándola discretamente en el propio corazón de cada uno y de cada una.

Ojalá que los vascos de un lado y otro del Bidasoa, tengamos la oportunidad de seguir saboreando vientos de bonanza mutua al ritmo del “Pakito txokolatero” o de la suave cadencia del "Boga Boga", "Agur Xuberoa", "Ba Gire", "Allez Aviron", "Txoria Txori" y/o ... Y quizás deberíamos plantearnos los vascos de este lado del Bidasoa que en vez de hacer crecer un árbol, mimarlo y cuidarlo, talarlo y fabricarles una mesa a los de Iparralde, deberíamos realmente dejarles que sean ellos mismos los que directamente planten el árbol, lo mimen y cuiden, talen y construyan la mesa rojiblanca, o txuriurdin, a su manera. Cuestión de honestar y cultivar, con humildad y con fervor, sensibilidades, maneras, costumbres, identidades, historias y voluntades de personas y colectivos.

Y todo ello (árbol y mesa, deporte y culturas, equipos y colores, emociones y querencias, canciones e himnos, lenguas y euskera, banderas locales e ikurriñas) en el seno de un espacio transfronterizo, de cada vez más diluidas co-soberanías en entredicho, fronteras (¿?) permeables e infiltradas, identidades mezcladas y variopintas, lenguas varias, de convivencias respetuosas y muy diversas llamado Europa. Ciertamente, no creo que exista cara al futuro otro camino posible, real, factible y efectivo para nosotros vascos y vascas. Y para el futuro de las generaciones que nos sobrevivirán en este trozo de tierra a ambos lados del Bidasoa y de los Pirineos llamado País Vasco, Euskal Herria y/o Euskadi.

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