Juan de Gaztelu

Si vis pacem para bellum y la autoproclamación para el Nobel de la Paz

En las últimas semanas, estamos observando como Donald Trump está auspiciando encuentros entre líderes y comunidades sempiternamente enfrentadas al objeto de acabar con los conflictos que asolan al mundo. De este modo, quiere posicionarse como líder indiscutible en la carrera hacia premio nobel de la paz, interviniendo en las relaciones entre Camboya y Tailandia, Armenia y Azerbaiyán, Rusia y Ucrania, Israel y Palestina, etc.

En varias ocasiones ha mostrado públicamente su deseo de alcanzar tal reconocimiento, y como buen autócrata, hará lo posible para tornarlo en realidad. No obstante, es importante desenmascarar sus acciones «pacifistas» y valorarlas en su justa medida. Primeramente, es de considerar su capacidad para zanjar los conflictos. En este sentido, es fácil poner fin a guerras que su propio país y su inteligencia han promocionado durante décadas. Si el actor principal en la sombra desaparece, el conflicto cae por su propio peso. Así, la intervención de los EEUU en los conflictos mundiales ha sido más que evidente después de la Segunda Guerra Mundial. Con el pretexto de amparar la «democracia» y la «libertad», ha sembrado y abonado la disidencia en aquellos países que pusieron en marcha proyectos democráticos que no eran de su agrado por poner en cuestión los privilegios de la oligarquía y de las multinacionales. En este sentido, financió regímenes dictatoriales y grupos subversivos de clara tendencia antidemocrática. Latinoamérica fue un caso palmario, con ejemplos tan ilustrativos como el de Cuba, Chile, Bolivia, etc. Pero su mano «invisible» también alcanzó otros continentes, como fue la experiencia afgana y su apoyo a los hombres de la guerra y al régimen talibán.

En segundo lugar, es importante tener presente los esfuerzos de este magnate por incrementar el presupuesto de una institución militarista y belicista como la OTAN, que su país domina con mano de hierro. Así, no ha tenido inconveniente en amenazar a los diferentes países europeos para que aumenten su gasto en defensa hasta alcanzar cifras en torno al 5% del PIB, sin importar que esto aumente el déficit público o pauperice los ya de por sí esquilmados servicios públicos del estado de bienestar. Y yo me pregunto: Si realmente busca la paz ¿Para que querrá aumentar el gasto en tanques, cañones, etc. fabricados y controlados por la tecnología estadounidense? Mucho me temo que este plutócrata está temeroso de haber perdido la hegemonía económica mundial, y que a través de las armas y la amenaza constantes quiere reequilibrar la balanza estratégica que no se sostiene en el regazo de la mano invisible de los postulados liberales. Así, paralelamente a su amenaza militar ha desplegado la guerra arancelaria en su segunda presidencia.

Menuda ironía premiar a semejante incendiario.


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