Investigadores del Observatorio de Multinacionales en América Latina (Paz con Dignidad-OMAL
Siemens-Gamesa, la volatilidad del capital

¿Qué garantías de arraigo hay en estos momentos críticos? ¿Qué capacidad de respuesta ante un capital extranjero muy poderoso y solo apegado a su cuenta de beneficios?

06/07/2020

El anuncio sorpresivo del cierre de la planta de Siemens-Gamesa en Aoiz, provocando el despido de 239 trabajadores y trabajadoras, ejemplifica lo vulnerable de la apuesta hegemónica de los gobiernos navarro, vasco y español en favor de poner una alfombra roja al capital exterior. Máxime en el contexto actual de la profunda crisis que está generando el covid-19, y en el que las grandes empresas están redefiniendo sus estrategias en lógica de despidos, cierres, quiebras y deslocalizaciones. En este sentido, nos tememos que no será ni el último cierre ni el último anuncio de despidos.

Por ello los diferentes ejecutivos deberían poner en cuestión de manera urgente su principal apuesta económica hasta el momento: la internacionalización empresarial, junto a la atracción de inversiones del capital foráneo. A través de estas políticas se ha favorecido la generación de «entornos competitivos», que en la práctica se traducen en rebajas fiscales, contención salarial, ayudas públicas de todo tipo y espacios para la innovación a costa del erario público, a menudo sin ningún tipo de condición para las empresas transnacionales.

Analicemos en este sentido el caso de Siemens-Gamesa, que ejemplifica a rajatabla la lógica de «alfombra roja». A escala estatal, el Gobierno ha colaborado en la internacionalización de la empresa, a través del apoyo para la financiación de parques eólicos en México y Turquía, así como la concesión de un crédito de 119 millones de euros a Egipto para la construcción de un parque eólico bajo la condición de que la empresa concesionaria fuera Gamesa. También, apoya y financia, junto al Gobierno navarro, el Centro Nacional de Energías Renovables (CENER) que colabora con empresas como Siemens Gamesa en el desarrollo de innovaciones tecnológicas.

Este apoyo público se intensificó en 2017 tras la fusión de Gamesa con la división eólica de Siemens. Fusión que fue respaldada por los gobiernos navarro, vasco y español, que veían en este acuerdo una oportunidad para la proyección internacional de la economía vasca. Tras la fusión, y con el objetivo de garantizar su arraigo, el Gobierno Vasco firmó en 2018 un acuerdo de intenciones con la empresa para fortalecer la competitividad de la energía eólica en Euskadi.

Fruto de este acuerdo se ha apostado por la construcción del Centro de Fabricación Avanzada del Sector Eólico Windbox, proyecto público-privado en el que participan nueve empresas vascas (Siemens Gamesa entre ellas) con el objetivo de impulsar la innovación tecnológica, con una inversión pública de 5,39 millones. Al mismo tiempo, a través del programa Hazitek de innovación empresarial, se han concedido a la empresa subvenciones por un valor total de 575.725 euros.

¿Qué garantías de arraigo hay en estos momentos críticos? ¿Qué capacidad de respuesta ante un capital extranjero muy poderoso y solo apegado a su cuenta de beneficios? ¿En qué medida este apoyo público tributa al bienestar de las mayorías sociales? Son preguntas claves que hoy nos tenemos que hacer, máxime si echamos la mirada para atrás y vemos los casos de Arcelor Mittal, Euskaltel, la Torre Bizkaia, y ahora también Siemens-Gamesa. Toca buscar soluciones para las plantillas afectadas y plantearnos seriamente una apuesta decidida por una economía relocalizada, cercana y solidaria.

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