¿Suenan vientos de cambio?
El pasado 12 de abril tuvieron lugar las elecciones en Hungría. Tras 16 años de mandato se puso fin al gobierno iliberal de Viktor Orbán, uno de los más longevos de la Unión Europea. Pese al apoyo de Washington, una modificación electoral favorable, el férreo control de los medios de comunicación y las injerencias de la maquinaria propagandística rusa, Orban no ha podido revalidar lo que hubiese supuesto su quinto mandato consecutivo. Uno de los pilares del ultraconservadurismo en Europa ha sido derrotado, lo que ha supuesto un halo de esperanza a quienes observan con preocupación el auge de extremismos a lo largo del planeta.
Además de las elecciones húngaras, la guerra iniciada por Estados Unidos en Irán tampoco está haciendo ningún favor a la extrema derecha. Un conflicto que no cuenta con el apoyo de sus aliados ni de la opinión pública, y que promete que se prolongará más en el tiempo de lo augurado por el presidente americano. Una guerra que está dejando ver sus efectos en la economía, en la que, además, según explica el Fondo Monetario Internacional, podría amenazar con una recesión global si se extiende más allá del verano. Por no hablar de la terrible crisis humanitaria que se vive en Oriente Medio.
Una situación que Trump no está siendo capaz de controlar, tampoco en términos de relato. Tras unas nefastas predicciones, sumadas a su excéntrica y violenta retórica, Donald Trump no está siendo capaz de enmarcar la guerra en los términos que desearía. Esta situación le ha conducido a conflictos con figuras de su órbita como el movimiento MAGA en Estados Unidos o la presidenta de Italia, Giorgia Meloni. Incluso ha llegado a atacar al papa León XIV.
Esta situación tampoco favorece a los partidos de la cuerda ideológica de Trump. En España, por ejemplo, supone una situación problemática para Vox. El partido de Abascal se encuentra en una posición incómoda, donde el apoyo a su homólogo americano puede suponer un desgaste en sus aspiraciones políticas domésticas. Una agenda mediática que no les es favorable, pero que puede ser capitalizada por otros partidos.
Por otro lado, el 15 de marzo fueron las elecciones de Castilla y León. Unos comicios en los que Vox apuntaba a un gran resultado, pero donde finalmente no sumó más que un diputado respecto a las de 2022. De 13 a 14, en una de las comunidades autónomas más conservadoras del Estado. Tal vez su paso por el gobierno autonómico tuvo algo que ver.
En esta línea, podemos identificar al menos dos motivos por los que pensar que podrían llegar vientos de cambio:
Por un lado, la desorientación ideológica y comunicativa de estos partidos. Una red global untraconservadora que busca posicionarse como defensora de lo local y autóctono, pero siempre supeditada al capitán americano. Un inquilino de la Casa Blanca imprevisible y sin escrúpulos puede resultar más problemático que beneficioso para las aspiraciones de estos partidos en su propia casa.
En segundo lugar, el paso por las instituciones de algunos partidos de extrema derecha. La aprobación política está sujeta a muchos factores, pero la economía es uno de los más trascendentes. El tacticismo político puede ser sentimental y de corte populista, pero una vez alcanzadas las instituciones hay que gobernar. Si dentro del gobierno la estrategia política continúa abrazando aspectos como el identitario o la confrontación, pero no ofrece soluciones reales a las necesidades de las personas, muy probablemente sea castigado en las próximas elecciones.
Pese a estos acontecimientos, además de otros que puedan invitar al optimismo, habrá que ver qué ocurre en los próximos meses. A nivel internacional, en noviembre Trump se enfrentará a las elecciones de medio mandato, una prueba de fuego para conocer si continúa con el apoyo de sus electores tras dos años de legislatura. En cuanto al Estado español, este próximo mayo serán las elecciones andaluzas. Fue el territorio donde Vox obtuvo por primera vez representación, y será una prueba de fuego para conocer si el partido está tocando techo o puede estar en disposición de disputar el espacio al Partido Popular. Sea lo que sea lo que ocurra, nada podrá ser augurado con certeza en un 2026 que no frena el paso y donde cualquier cosa todavía puede ocurrir.