Periodista y escritor saharaui
Una nueva generación sin futuro ni tierra espera en el Sáhara Occidental

Ha llegado la hora de repasar la situación que ha creado Marruecos con la complicidad de algunos miembros permanentes del Consejo de Seguridad, como es el caso de Francia.

11/06/2019

Cuando terminó la guerra en el Sáhara Occidental entre Marruecos y el Frente Polisario, en el año 1991, nadie creía que una nueva generación nacería en los campamentos saharauis viendo como los enviados de la ONU renunciaban uno detrás del otro, sin conseguir llevar a buen término la mediación política.

En este largo tiempo, han pasado cerca de treinta años en los que hemos visto la independencia de Timor del Este, de Sudán del Sur, de Eritrea, de Kosovo y otros países. La ONU en el Sáhara Occidental se le pedía básicamente aplicar su resolución 1514 para permitir la autodeterminación del pueblo saharaui, mediante la celebración de un referéndum.

Hemos visto durante todo este tiempo como el lenguaje de la ONU ha ido cambiando a favor del país que ocupa ilegalmente el territorio saharaui, que es en este caso Marruecos. El Frente Polisario ha hecho varias concesiones en la crisis del Rally París-Dakar en el año 2002, en la crisis de Gdeim Izik en el 2010 y en la última crisis en la frontera sur del Sáhara Occidental, en el paso fronterizo del Guerguerat.

Todas estas concesiones se han hecho en aras de mantener la paz y apoyar una solución política que permita a los saharauis decidir su futuro. Marruecos ha seguido presionando en la ONU, en la Unión Africana y en otros organismos internacionales para legitimar su ocupación al territorio. Ha expulsando a parlamentarios, periodistas, abogados y observadores internacionales del Sáhara Occidental.

Ha utilizado el tema de la inmigración, el terrorismo y el tráfico de drogas con los países limítrofes y con la Unión Europa. Ha saboteado a Baker cuando presentó su plan en el año 2003, ha hecho imposible la labor de Christopher Ros, se ha manifestado contra Ban Ki-moon, ex secretario general de la ONU, y ahora ha conseguido poner fin a la mediación de Horst Köhler, el expresidente alemán.

La mediación política de la ONU en el Sáhara Occidental es la historia de un largo fracaso que se inició con Kurt Waldheim, ex secretario general de la ONU, cuando no consiguió que España entregará el territorio al organismo internacional allá por 1975 y con la resolución favorable del dictamen del Tribunal Internacional de la Haya, que pedía la aplicación del derecho a la autodeterminación.

Cuando un país como Marruecos que ha despreciado la negociación, las resoluciones de la ONU, los dictámenes jurídicos sobre los recursos naturales de un territorio no autónomo como es el Sáhara Occidental, cualquier intento de negociación es un salto al vacío y una pérdida de tiempo, no se puede negociar con quien niega el derecho a la manifestación pacífica en las calles del Aaiún, Smara, Dajla o Bojador.

Ha llegado la hora de repasar la situación que ha creado Marruecos con la complicidad de algunos miembros permanentes del Consejo de Seguridad, como es el caso de Francia, país que evitó la condena de Marruecos cuando quemó el campamento de Gdeim Izik en el año 2010 y presionó para que el Frente Polisario se retirara del paso fronterizo del Guerguerat.

La ONU adquiere su legitimidad si es capaz de aplicar sus resoluciones e imponer el cumplimiento de las mismas, esto es, aplicando el capítulo VII de su carta e imponiendo sanciones severas para el cumplimiento de la resolución 1514 sobre el derecho a la autodeterminación.

Marruecos es consciente de toda esta debilidad. Juega con el tiempo y la paciencia de los saharauis, sabe que varias generaciones de refugiados han nacido fuera de su territorio. Otra generación de colonos marroquíes, ha nacido en el Sáhara Occidental y hoy es la mayoritaria en la parte ocupada.

La negociación le ha servido para dilatar la solución y complicar cualquier acuerdo futuro entre las partes. La nueva generación de saharauis sabe que la política por sí sola no va a obrar el milagro. Cuando las nubes se alzan sobre el cielo del Sáhara Occidental. Siempre necesitan de los monzones del sur, los que llegan del Golfo de Guinea. Dicho de otra forma, la actual estrategia es un largo letargo de decepciones y fracasos. Para lograr el éxito se necesitan otros ingredientes, formas de presión sobre quienes mantienen la solución bloqueada para preservar sus intereses.

La nueva generación de saharauis sabe que no tiene tierra, ni futuro, ni esperanza. Hacerla esperar a otro enviado de la ONU, a otra resolución, a otra reunión más. Es liquidar una vez más su paciencia y esperanza.

Quienes toman las decisiones sobre el conflicto del Sáhara Occidental no deben ignorar el futuro del pueblo saharaui. Las generaciones futuras y actuales saben que la estrategia negociadora de la ONU favorece los intereses de Marruecos y acaba lentamente con las aspiraciones legítimas de construir un futuro Estado saharaui en el norte de África.

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