Una paja de más rompió la espalda del camello

Subestimar esos pequeños causantes, puede tener graves consecuencias. Es lo que observo a raíz del informe que en enero de 2020 hizo público el Instituto de Salud Global de Barcelona

17/02/2020

Nada es por nada. Así, toda causa tiene una consecuencia, pero en la historia reciente de la humanidad se da cada vez más el caso de que quienes sufren las consecuencias como víctimas de hechos trágicos (enfermedades, accidentes, precariedad, guerras, cataclismos, etc) están muy lejos de ser los causantes de los mismos, quedando diluida la responsabilidad en una atmósfera sistémico-etérea (mercados, coyunturas, crisis...) con aderezos mediáticos.

Esta impunidad de las élites del poder, les permiten persistir en sus abusos y paja a paja siguen sobrecargando las espaldas de los ciudadanos más débiles y que, según el relator de la ONU, es fruto de la brecha creciente entre la España acomodada del euro y la España en que los que cobran lo hacen en pesetas y compran en euros. Que al igual que una paja de más partió su lomo, el avión que perdía remaches, fue solo uno quien le hizo caer a tierra, como el último camión provocó el fatídico desprendimiento del vertedero de Zaldibar, y solo una gota desbordó el vaso... solo una última minidosis diaria de flúor añadida al agua del grifo de este país, nos haría enfermar de manera irreversible.

Subestimar esos pequeños causantes, puede tener graves consecuencias. Es lo que observo a raíz del informe que en enero de 2020 hizo público el Instituto de Salud Global de Barcelona (ISGlobal) sobre la incidencia de los cánceres de vejiga asociados al consumo del agua del grifo, en la que España (11%) dobla a la media de toda Europa (5%), Centroeuropa 0,6% y en cola Alemania 0,2%.

Aguas de Añarbe al día siguiente «tranquilizaba» a la población de Donostialdea por prensa y televisión, con el típico argumento genérico: «El agua procedente de nuestro sistema de abastecimiento goza de las mejores condiciones sanitarias y de calidad». Es inadmisible, ya que entiendo que ese organismo está para medir y controlar las variables (principalmente trihalometanos THM) de la composición del agua en función de los parámetros establecidos en la normativa, como se declaró la Asociación Española de Abastecimiento de Agua y Saneamiento (AEAS): «Cumple con la exigente normativa española».

El resto, en cuanto a calidad y condiciones sanitarias de nuestra agua de boca, corresponde evaluar a la Consejería de Sanidad del Gobierno Vasco, en función de la silenciada estadística de Osakidetza sobre su incidencia en cánceres de vejiga, que a tenor de los datos estadisticos ISGlobal, está muy lejos de tener la calidad y salubridad del resto de países europeos, como para beber con la tranquilidad que con publicidad nos quiere hacer ver Aguas de Añarbe.

Inadmisible también que Osakidetza y el Gobierno Vasco, aún no han dicho nada, ni siquiera echar balones fuera como acostumbran, cómo lo vimos en su día con el amianto y el mesotelioma pleural. Lo propio por una oposición política más dada al empoderamiento nacional que el de las personas soberanas, y a riesgo de que ante el estratégico ruido electoral, todo quede en agua de garrafas... plástico y más plástico y aún plástico... el cáncer del planeta.

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