SOS Racismo-Bizkaiko SOS Arrazakeria
¡Yo también quiero votar!

Algunos quieren llegar al poder a mi costa, manipulando lo que soy y lo que no soy, lo que pienso o dejo de pensar, a qué dios rezo y a cuál no y lo único que les importa es que sea una máquina de trabajo, ni más ni menos, y piensan que antes de cruzar la frontera debo dejar mi alma atrás, me dicen que aquí cabe solo una, la que han inventado en un instante de la Historia, contra la Historia.

22/05/2019

El 26 de mayo, tú vas a votar ¿no? Si quieres, ¡claro! ¿Todo el mundo va a ejercer este derecho? ¡No! Algunas personas nos vamos a quedar en casa y no porque hagamos boicot, estemos desesperadas o no creamos en el juego democrático, sino porque la ley nos lo prohíbe. Solamente me dejan votar si el gobierno de mi país de origen firmó un convenio con el Gobierno Español y eso, exclusivamente, para las elecciones municipales; ni para las generales, ni las autonómicas. Para votar en estas últimas, debo tener la nacionalidad.

A mí, nadie me ha preguntado si quiero ejercer el derecho al voto o no: ni el Gobierno de mi país de origen a donde envío dinero todos los meses que para algunos es la mayor fuente de divisas, ni el Gobierno español al que pago todos los días mis impuestos como el resto de la ciudadanía de este lugar donde trabajo y cotizo. ¿A quién debo reclamar mi derecho al voto, a la participación política? ¿Al Gobierno de mi país, a donde voy –si soy afortunado– cada verano de turista? ¿O al Gobierno español?

Tú puedes castigar o premiar a quien quieras en las urnas, yo no. Las instituciones y los políticos me pueden maltratar, me pueden discriminar, me pueden criminalizar, incluso insultar públicamente, en las radios y televisiones públicas, pero yo no puedo responder en las urnas, no puedo tener este instante de «poder» que es elegir una papeleta, colocarla en un sobre y meterla en una urna, porque tengo la boca cerrada y las manos atadas. No me puedo defender contra las campañas racistas y las amenazas fascistas. Me impiden influir en políticas que tratan de mí o del futuro de mis hijos, políticas algunas de las cuales cuestionan mi legitimidad, si tengo el derecho de estar aquí o no y cómo.

Algunos quieren llegar al poder a mi costa, manipulando lo que soy y lo que no soy, lo que pienso o dejo de pensar, a qué dios rezo y a cuál no y lo único que les importa es que sea una máquina de trabajo, ni más ni menos, y piensan que antes de cruzar la frontera debo dejar mi alma atrás, me dicen que aquí cabe solo una, la que han inventado en un instante de la Historia, contra la Historia.

Para los poderes políticos y económicos soy un problema o mejor dicho «El Problema», pero algunas veces dicen, también, que soy la solución y entiendo yo que soy el problema cuando me muevo fuera de sus controles y sus leyes racistas, buscando una salida del infierno de las guerras y de la fiesta mundial del saqueo, y soy la solución cuando me miran como la mano de obra abaratada, dispuesta a todo: a labrar campos sin parar, a recoger frutas cuando lo deseen, a limpiar baños y culos. Da igual si soy «legal» o «ilegal», mientras eso engorde la plusvalía y mientras ahorre a las arcas públicas los millones de euros que deberían gastar en los cuidados y mientras eso contribuya a mantener el bienestar de algunos y proteger el privilegio blanco de otros.

Yo sé que la lucha por el derecho al voto va a ser larga y hasta ahora no está en el orden del día de ninguna agenda política; parece que no interesa a nadie, o casi nadie. Porque se necesita mucho coraje político para defender una posición política justa sobre la migración, plantar cara a la demagogia y a las mentiras de la derecha.

Sé que es un trabajo complejo, que puede llegar a cuestionar en profundidad muchas de las ideas de la visión eurocéntrica y occidental del mundo, empezando por el modo de vida de ciertas clases sociales blancas que se ha convertido en una ideología dominante, no solamente aquí, sino en todo el planeta tierra.

El debate sobre las migraciones remueve las tripas antes que las mentes de mucha gente, les da miedo, fobia electoral, por eso eligen poner el cartel de «no tocar». Y cuando la derecha sale a la arena con su discurso anti inmigración racista, les dejan con pocos argumentos, les pillan con los deberes sin hacer.

Antes de terminar, quiero pedir el voto, me dirijo a todas las personas racializadas que tienen el derecho de meter una papeleta en alguna urna, que apunten bien, contra los xenófobos, los racistas, los fascistas. Y a nuestros aliados blancos, les digo, que nos presten su voto, que voten por nosotras, y así defiendan, también, su dignidad y la de esta sociedad. Para esto, hay una opción, si quieres ceder tu voto puedes inscribirte en votaresunderecho https://votaresunderecho.es/.

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